Responsabilidad nacional     
 
 Informaciones.    15/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

INFORMACIONES

Responsabilidad nacional

LOS penúltimos muertos de la transición política, un guardia civil de Tráfico, en Segovia; un comandante

de la Policía Armada, en Pamplona, y dos estudiantes, en Málaga y Santa Cruz de Tenerife, están dando

lugar a una serie de hechos políticos — declaraciones y acciones masivas— Que conviene puntualizar

para que la pasión no desborde a la razón.

No es que deseemos desdramatizar la muerte de cualquier ser humano, pero tampoco queremos que estas

víctimas políticas sean instrumentalizadas para «calentar» aún más el tenso ambiente reinante. A todos,

desde el Gobierno a los partidos de la oposición, pasando por cualquier institución político - social, nos

corresponde medir lo que hayamos de decir o hacer en tan graves momentos. Es preciso aislar a las voces

irresponsables que, desde uno u otro extremo político, instan directa o veladamente a vengar al amigo o

compañero caído.

Es preciso, además de esta serenidad, no limitarse a publicar comunicados retóricos, denunciando la

muerte de esta o aquella, persona. Hace falta más. Hay que evitar trasladar la emoción a las calles o actos

masivos. Reunirse ante un cadáver puede ser extrapolar el dolor humano a un plano político donde las

intencionalidades no son nada sentimentales. Asistir masivamente a un entierro, manifestarse en las

calles, es pura, ingenuidad política o calculada malevolencia. Recordemos la reciente circular del jefe del

Estado Mayor del Ejército (teniente general Vega. Rodríguez), ¿despues de Pamplona, y el llamamiento

del P.S.O.E. y P.C. a no realizar manifestaciones, después de Málaga, como ejemplos de responsabilidad

nacional.

Pero ello solo no basta. Desgraciadamente se advierte en el país ana progresiva erosión de la autoridad

democrática. En nuestra sociedad empieza a aumentar peligrosamente el número de los que no se toman

en serio, ni respetan y ni confian en la autoridad, o mejor dicho, falta de autoridad democrática, del

Gobierno. Distintos grupos sociales, sectores políticos y hasta núcleos del aparato estatal tienen a gala

ignorar las directrices oficiales. Es decir, estamos ante un problema esencialmente político. El Gobierna

está emplazado más que nadie a detener esta inquietante sensación que experimenta la sociedad española.

 

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