Día de luto, día de lucha     
 
 ABC.    07/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

DÍA DE LUTO, DÍA DE LUCHA

Planteábamos ayer en este mismo espacio, entendiendo que asumíamos con ello el sentir y la

opinión de un amplio sector de nuestra sociedad nacional, la conveniencia de una economía

más rigurosa y estricta en el ejercicio del derecho «te manifestación. «Entendemos —se

decía— que el derecho de manifestación debiera considerarse más moderadamente a la hora

de recabarlo y más restringidamente a la hora de facultarlo.»

Pues bien, lo ocurrido ayer en Málaga, •1 aire —revolucionario— de la celebración del día de

luto por la muerte de un Joven militante del Partido Comunista, ocurrida el pasado domingo,

nos ratifica en las aprensiones y temores que expresábamos, y, muy posiblemente, ha deter-

minado la decisión adoptada en el Consejo de Ministros de restringir, por consideraciones de

prudencia, el propio ejercicio del derecho de manifestación.

Como fácil resulta entender, esta mecíida gubernamental merece nuestro aplauso. La jornada

de luto —¡cómo no!— ha resultado en jornada de lucha.

Si en la jornada del domingo nada tenía que ver el motivo formal, popular y legítimo de la

misma, la celebración del Día de la Autonomía, con la realidad de lo que finalmente resultó, con

la muerte de un joven militante del P. C. E., tampoco la jornada de ayer, convocada como

expresión de luto ciudadano por el lamentable y desgraciado suceso, tenía por qué

desembocar en tan gravísimos desmanes.

Utilizar una causa tan noble e intachable como lo es la de las autonomías regionales, para

ocasión de asalto y desafío a símbolos y emblemas que pertenecen —porque son patrimonio

común de ellas— a la totalidad de las realones que forman España, es deslealtad manifiesta y

abierta estafa a las masas populares que concurrían —honesta y alegremente, legítima y

democráticamente— a festejar el advenimiento próximo de una libertad nueva.

Asimismo, dar paso, en el día de ayer, de la cita funeral en recuerdo del ¡oven muerto en los

anteriores disturbios, a un toque de rebato contra el orden público y la paz ciudadana, fue

maniobra que reiteró lo artero del mismo propósito; idéntica deslealtad y el mismo luego sucio

contra el patrimonio de libertades sobre el que debe consolidarse nuestra convivencia nacional.

Ambas acciones nos llevan a considerar las dos siguientes cosas: una,´ la insostenible

ambigüedad de ciertos partidos marxistes, que simultanean au comparecencia y legitimación

democráticas en el ámbito parlamentario, con las acciones de masas en las calles; dado que la

democracia sin tildes ni apellidos, la democracia de la libertad, les viene estrecha, por lo que

toman como medio y no la asumen como fin. Lo otro que queremos señalar es el problema

interno que a esos partidos les haya podido plantear el compromiso de la Moncloa, en tanto

que el mismo, por su propia genérica naturaleza de recíprocas renuncias, les obliga a recortar

la acción de sus bases y de sus masas.

 

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