Autor: Duvá Milán, Jesús. 
 Herido grave el hijo del director. 
 Ocho enmascarados asaltan el centro de formación     
 
 Ya.    13/12/1977.  Página: 39. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

HERIDO GRAVE EL HIJO DEL DIRECTOR

OCHO ENMASCARADOS ASALTAN EL CENTRO DE FORMACIÓN PROFESIONAL

Consiguieron adueñarse de un botín de trescientas mil pesetas • Los delincuentes dijeron pertenecer a

ETA

Dos personas resultaron lesionadas—una de ellas de carácter muy grave—durante el atraco perpetrado en

ja madrugada de ayer en la Escuela de Formación Profesional Acelerada, sita «n la avenida de América.

El herido de mayor consideración recibió un tiro de pistola en el pecho, el cual le alcanzó de lleno, en la

columna vertebral y seccionó la médula.

Sobre las tres de la madrugada sorprendieron ai vigilante nocturno, Pedro Medina Pérez, cuando se

encontraba haciendo su ronda habitual por los alrededores del centro. Los ocho sujetos habían violentado

previamente una cerca que rodeu la escuela y posteriormente atacaron al vigilante, a quien colocaron un

pasamontañas sobre la cara y más tarde le obligaron a que les trasladara hasta la vivienda del director.

Cuando llegaron a casa del director, don Martín Rueda Tapia, de sesenta y un años, forzaron al vigilante a

que se colocara delante de la mirilla de la puerta a fin de que no ofrecieran dificultades para franquearles

el paso. La esposa, ai verse encañonada, empezó a gritar presa de un ataque de histeria, por lo que fue

duramente golpeada por los asaltantes. A su esposo le agredieron violentamente con una silla, que le oca-

sionó diversos golpes por el cuerpo y principalmente en la cabeza. Al escuchar los ruidos, acudió también

el hijo del matrimonio, Martín Rueda Moreno, de veintitrés años, quien trató de impedir que los

maleantes siguieran golpeando a sus progenitores. En ese momento, uno de los enmascarados se puso

nervioso y apretó el gatillo de su pistola, cuyo proyectil 1« afectó el hemitórax derecho, y tras alcanzar la

columna vertebral, seccionó completamente la médula.

Acto seguido, dos de los asaltantes se dirigieron al domicilio del conserje, el señor San Martín Grande, el

cual se encontraba en la vivienda junto con su mujer y una hija de cinco meses. La esposa del empleado,

María Cleofer, había escuchado anteriormente los gritos provenientes del domicilio del director y cuando

se disponía a averiguar de lo que se trataba, tropezó de frente con los dos enmascarados que le apuntaban

amenazadoramente con sus armas.

Dijeron ser de ETA

En la casa del conserje colocaron sus armas en la nuca del empleado y le obligaron a echarse boca abajo

en la cama, a la vez que le ordenaban la entrega inmediata de todo el dinero que poseeyera. El conserje

les contestó que únicamente tenía cuatro mil pesetas y que no podía hacerles entregó de la llave de la caja

fuerte, puesto qu« quien la guarda es la encargada de efectuar los pagos.

Se adueñaron de las cuatro mil pesetas que se les ofrecía y explicaron que eran miembros de la

organización terrorista ETA y que, en contra de lo que se dice, ellos no eran unos asesinos, sino personas

que luchan por la libertad de Euskadi. Tras amordazar y atar con calcetines, cortinas y unas prendas de

vestir a las víctimas, ios asaltantes se dirigieron al despacho en que se halla la caja fuerte. Retiraron un

mueble que les estorbaba y empezaron a taladrar con cortafríos y palanquetas la parte posterior de la caja,

puesto que no habían conseguido hacerse con la llave.

Durante tres horas estuvieron ocupados en la perforación de la chapa de la caja y al término de este

tiempo lograron apoderarse de las, aproximadamente, trescientas mil pesetas que había allí depositadas.

Lo tenían planeado

Lo que parece estar fuera de toda duda es que los ocho asaltantes—armados de dos pistolas, un rifle y

cinco escopetas de cañones recortados—no eran individuos pertenecientes a la ETA, sino que lo más

seguro es que se trate de una banda de delincuentes comunes.

Por otro lado, se piensa en medios relacionados con las investigaciones policiales, que los asaltantes

conocían todos los detalles relacionados con el atraco cometido por ellos, puesto que sabían

perfectamente que desde hace tan sólo dos semanas el día de pago a los alumnos había pasado a ser los

lunes en lugar de los sábados, como se venía haciendo anteriormente. Según esto, parece lógico pensar

que los atracadores contaban con algún elemento infiltrado en la propia escuela de formación, que sería

quien les proporcionó dicha información.

Finalmente, y a pesar de que e] vigilante nocturno les había dicho que en el centro no habitaba nadie, los

delincuentes conocían que eso era falso y que en dicho lugar tenía su vivienda el director y e´l conserje.

Jesús DUVA

Pag. 39 — YA

 

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