Autor: Sánchez Egido, Luciano (COPÉRNICO). 
   La España diferente     
 
 Pueblo.    02/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 1. 

LA ESPAÑA DIFERENTE

CADA dia nos trae un golpe a la España diferente, que ha sido durante años la coartada de nuestro folklore

nacional. Prácticamente tenemos los mismos partidos políticos que en todas partes y no nos perdona ni la

Lockheed. Debemos pensar que nuestra diferencia no era más que subd e sarro) lo y las fieras imágenes

de nuestro orgüilo numantíno, nada más que un producto de nuestras carencias. Todavía se sigue citando

a Machado para recordarnos que media España le va a helar el corazón a la otra media, con lo que el

célebre poema se convierte en cita obligada de todas las derechas y entra en la subcultura de la nostalgia.

Nuestras huelgas son tan salvajes como en cualquier otro sitio y nuestra Universidad tan conflictiva como

en el mayo francés del 68. Nuestro petróleo es tan caro como en la Europa de loa sucesivos milagros

económicos y a nuestro cine le sienta bien la libertad, incluso a nivel de taquilla. Nuestros obreros se

integran a tas sociedades industriales con tanta facilidad como nuestros empresarios entran en Ion clubs

internacionales. Estamos asistiendo a los mismos reagrupamientos políticos que en 1943, a la salida de la

guerra, se hacían más allá de nuest r a s fronteras. Nuestro encastillamiento no nos ha servido de nada.

Repetímos los mismos pecados que en otros países y seguimos sin escarmentar en cabeza ajena. La

pluralidad sindical se impone con la misma indefectible n e c e sidad con que nuestros hombres públicos

se incorporan al lenguaje homologable de la democracia. No tenemos, como la realidad demuestra cada

día, soluciones españolas para los proble mas universales. La reciente huelga de Correos .y la todavía

caliente de los transportes públicos ha podido ocurrir en Italia o en Inglaterra, El bikini llegó con idéntica

¡nexo rabilidad que las primeras traducciones autor! zadas de Marx. Si tenemos aumentada nuestra ración

de terroristas es la consecuencia de creernos diferentes, durante tanto tiempo. Con más o menos precisión

tenemos nuestro Willy Brandt, Servan-Schreiber y Aldo Moro. Nuestro problema no es nuestra

proyección cósmica, sino el estado de nuestra balanza de pagos y la socialización del crédito. Nuestras

ciudades s» ahogan en la misma polución que por ahí fuera, y la circulación rodada en Madrid es tan

penosa como en Roma o en Paría, La generosidad exhibicionista de nuestras estrellas no tiene nada que

envidiar a las extranjeras, ni en superficie ni en perímetro. La corrupción económica es superponlble a la

europea y nuestros escándalos públicos equiparables a los suyos, mordazas aparte. ¿Por qué entonces con

tinuar con nuestras diferencias políticas?

COPERNICO

 

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