El necesario portavoz de la presidencia     
 
 ABC.    05/09/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL NECESARIO PORTAVOZ DE LA PRESIDENCIA

Principiemos por confesar que no entendemos, ni poco ni mucho, la decisión gubernamental de declarar

materia de secreto oficial la documentación que se presente a 1 o s Consejos d e Ministros, prácticamente

hasta el momento de su publicación en el iBoletín Oficial del Estado», pese a las precisiones realizadas.

Señalemos después nuestra estrañeza ante las declaraciones, aisladas y poco representativas, de alguno*

altos cargos sobre temas que no corresponden exactamente a la esfera de sus responsabilidades. Y

subrayemos, por último, que, con la ruptura de la costumbre, instaurada hace tres ministros de

Información, de que el titular de efita cartera se sometiese al interrogatorio de los periodistas después de

cada Consejo de Ministros, parece cerrarse o completarse el mecanismo que asegurará, con el silencio

oficial, un nuevo predominio de! rumor, de la represión sobre los medios de opinión y, especialmente,

una desinformación en aquellos temas que, de modo lógico, preocupan ahora mas a los españoles.

No nos preocupa solamente el justo deterioro de la imagen filio-democrática de este Gobierno, porque

poco tiene que ver la democracia con loa secretos oficiales y aunque el tema de la Lockheed y sus

implicaciones españolas ande ya en los mentideros como excusa. Ocurre que, en estos momentos de

brazos abiertos y necesidad de comprensión, d país se siente cada vez más representado por la Prensa, que

abandona a marchas forzadas su anterior y obligada uniformidad, y, por ende, se ve frustrado con cada

frustración informativa, con cada traba colocada para impedir o, cuando menos dificultar, que el

ciudadano tenga acceso fiable, noticia veraz y juicio fundamentado de los acontecimientos que jalonan «1

proceso de evolución que estamos viviendo en estos últimos meses.

En la Presidencia del Gobierno hierve ahora el caldo del cambio; se afilan las tijeras y se perfilan los

patrones necesarios para U transformación, con los cortea que sean precisos, del traje constitucional; tanto

en cuanto a su color como a su hechura. El Gobierno, por su parte, se mueve en un lodazal de recelos con

loa consiguientes efectos de pesadez y lentitud en sus acciones. Sólo falta el silencio para completar im

cuadro que bien podría calificarse de desalentador.

No es momento para silencios ni secretos. El Poder Ejecutivo, encarnado por don Adolfo Suárez y sus

colaboradores, necesita una voz común para que el diálogo, las preguntas que el pueblo soberano se hace,

y las reapuestas que desea o teme escuchar, tenga lugar, tina vox que, además, conceda la natural y

deseable coherencia expresivt a un Gabinete que, hasta el momento, y casi desde el día de su declaración

programática, no la ha tenido, traduciéndose esto en desmentidos, malas interpretaciones e, incluso, en

dificultades administrativas para alguna confiada publicación.

Ocultar o retrasar el conocimiento de cualquier hecho fundamental al pueblo español; impedir que este

pueblo, por medio de sus naturales delegados en este terreno ^que no son otros que los medios de

información—, traslade fielmente cuanto pasa no es democrático ni inteligente. Que el país se encuentre

ante barrera* de silencio o de medías palabras, pronunciadas sin las suficientes garantías de

responsabilidad, es, por otra parte, temerario.

Por todo ello solicitamos que se revise lo que parece conformar toda una actitud oficial respecto a la

información. Y que se. informe, además. Que la Presidencia del Gobierno tenga un portavoz oficial, que

hable cuando tenga algo que decir y Sje responda siempre que le pregunten, ficialmente, por supuesto.

Tal y como sucede en aquellos países cuyos módulos democráticos examinamos hoy don el aplomo y la

esperanza que nos concede la posibilidad real de disponer, en un plazo no muy lejano, de otros, similares

en m fondo y que nos sean propios en la forma* ^__ .

 

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