Autor: Ovando, Carlo. 
   La reestructuración de la policía     
 
 Pueblo.    23/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

LA REESTRUCTURACIÓN DE LA POLICÍA

El real decreto 2727 1977. de 15 de octubre, por el que se restablecen los vigilantes nocturnos, es una

medida de indudable trascendencia con la que se na satisfacción a deseos muy extendidos en la población

que. particularmente en las grandes ciudades, sintió una cierta sensación de indefensión cuando, por

Decreto 1199 1974, de 4 de abril, se suprimió el servicio de serenos de comercio y vecindad, de antigua

tradición en muchas de nuestras ciudades, para ser sustituido por un sistema de vigilancia nocturna a

cargo de los Ayuntamientos y servido por las mismas personas, bien que convertidos en funcionarios

municipales.

La motivación aparente de la reforma fue la rehabilitación del estatuto laboral de los serenos de comercio

y vecindad, acción que se promovió por la agrupación correspondiente del Sindicato de Actividades

Diversas, que lo único que solicitó fue Ja mejora de la condición laboral de este personal, lo cual era de

estricta justicia. El Decreto 1199/1974, al poner a cargo de los Ayuntamientos estos empleados, dio lugar

en algunas ciudades, concretamente en Madrid, a que prácticamente desapareciera el servicio en la

mayoría de los barrios, de lo que se resintieron no poco los vecinos,

El hecho resultó tanto más lamentable cuanto que una de las lagunas de nuestro sistema de Policía es que

carecemos de policías responsables de determinadas zonas y calles. El español que reside en las ciudades

ve la Policía uniformada del Estado bajo la forma de Policía Armada, los «jeeps» que circulan por las

avenidas, en las parejas que vigilan los edificios públicos, y en las unidades antidisturbios, formas todas

ellas necesarias, pero que no conducen a un contacto y a una compenetración. En cuanto a la Policía

Municipal no constituye realmente una policía ciudadana, por cuanto centra su actuación

fundamentalmente en la regulación del tráfico, lo que es, desde luego muy importante, pero no cubre

todas las modalidades que se podrían esperar de ella, y no por su culpa.

En los últimos años han proliferado particularmente en las grandes ciudades, las comisarías de distrito o

ríe barrio, concebidas como lugar de concentración de las fuerzas policiales y como centro administrativo.

Él ciudadano español sólo va a las comisarías de distrito cuando le son precisas, y, normalmente con una

cierta prevención, por otra parte inevitable. Entre la comisaría de distrito y el ciudadano, es preciso crear

un puente que facilite ios contactos y que sea el exponente de una nueva concepción de la Policía. Los

antiguos serenos de comercio y vecindad lo oran, en alguna medida, por las noches. Su supresión, por

ende, constituya un evidente desacierto que agravó una laguna existente.

Pero el restablecimiento de los vigilantes nocturnos, que esperamos se realice efectivamente en los tres

meses siguientes al real decreto 2727/1977, que comentamos, sólo puede ser un primer paso. España se

encuentra necesitada de esos policías responsables de determinadas zonas de las calles, de las que ha

hablado el ministro del Interior, don Rodolfo Martín Villa, cuando ha aludido a la futura reestructuración

de la Policía gubernativa. La reestructuración de la Policía constituye en nuestro país, una necesidad

indudable, a la cual se ha aludido en el reciente consenso d« los partidos con representación parlamentaria

conocido por el «pacto de la Moncloa», Es un problema muy delicado que deberá abordarse con un

cuidado especiad, respetando lo que hay de legitimo en la tradición de los distintos cuerpos, pero

procurando por encima de todo conseguir la mayor efectividad en los servicios de Policía.

El contacto con los ciudadanos que ha venido realizando la Guardia Civil en los poblados rurales tiene

que realizarse también en la ciudad, bien por la Policía nacional o por policías municipales que sean algo

más que reguladores de la circulación rodada. La creación de policías responsables de determinadas zonas

de las calles, particularmente en las grandes ciudades, podría contribuir a reforzar la seguridad y

tranquilidad públicas y al mismo tiempo a mejorar la imagen ciudadana de la Policía, ni más ni menos

que como hasta hace dos años daban una imagen grata de los Ayuntamientos los serenos del comercio y

vecindad, sus más modestos y abandonados funcionarios.

Es de justicia destacar la labor que en los dos últimos años se viene realizando por el ministro del Interior

para cambiar la imagen y reforzar 1» efectividad de nuestra Policía. formada por hombres abnegados, con

conciencia d« su misión, pero condicionados un tanto, algunos da ellos por el momento en que se produjo

su reclutamiento. La Policía de un Estado democrático ha de tener unas características democráticas y ha

de poner un especial énfasis en el libre y pacífico disfrute de las libertarias cívicas, que exige, de modo

instardible, la seguridad y tranquilidad públicas,

La Policía ejerce una acción preventiva y represiva que muchas veces solo salta « la vista en sus

vertientes más duras. Todos los Estados — neocapitalistas o socialistas— tienen necesidad de ella y la

prestan una cuidadosa atención. Lo verdaderamente importante, sin embargo, es el apoyo que en la misma

tiene que encontrar el ciudadano, lo que exige poner un especial énfasis en las funciones de asistencia y

colaboración tanto o mas que en las funciones típicamente represivas.

Esto, y colocar las funciones más típicamente represivas bajo la responsabilidad de las autoridades

judiciales. España se encuentra necesitada de una auténtica Policía judicial. Por múltiples razones, no

parece fácil desglosar los Cuerpos de la Policía gubernativa, a mayor abundamiento, dada la fisonomía

particular de la Guardia Civil que cuenta con un Cuerpo paralelo en la gendarmería francesa y en los

carabineros italianos. Pero una cosa es que no se creen Cuerpos distintos y otra que los Servicios

permanezcan muchas veces mezclados cuando no confundidos.

En la reestructuración da los servicios centrales y regionales de la Policía Nacional, que ha sido

anunciada, debiera considerarse la creación de unos servicios especiales de la Policía judicial, que

asumieran todo lo relativo a la averiguación de los delitos y la aprehensión de Ios delincuentes. Los viejos

preceptos de la ley de Enjuiciamiento Criminal deben ser puestos al día. La defensa efectiva de 1as

libertades cívicas tiene necesariamente que pasar por la reorganización de la Policía Nacional, y por la

actualización de nuestra ya casi secular ley de Procedimiento Criminal. Como han hecho otros Estados.

Carlos OVANDO

 

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