Autor: Arauz de Robles, José María . 
 La patria antes que el poder (y II). 
 La izquierda está directamente empeñada en socavar la autoridad     
 
 Ya.    23/10/1976.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

LA PATRIA ANTES QUE EL PODER (y II)

La izquierda esta directamente empeñada en socavar la autoridad

La derecha pretende, consciente o inconscientemente, vincular a porte del Ejército a la defensa de la

propia ideología • fi Gobierno, sin la asistencia de una actitud de centro, conoce ios riesgos de una

reforma que está pensada para ef centro, para ei

bien del país

I?N una democracia, la oposición—como decía recientemente un ministro del Gobierno—no es, o al

menos no &9l>e ser, sino otra opción de Gobierno. Por oon^iyuiente, la oposición constituye mt

prof/ramujle actuación, una alternativa positiva que brinda soluciones. Es evidente que la oposición

aprovecha los errores de la corriente ideológica que *» cada momento está en el poder: inn aproveche.,

pero íio se de* tiene y se agota en ftii contemplación, sino que parte Üe ellos para ofrecer «Hfl solución,

al menos teórica, a tal error. La ojtáfifctón, si es leal, siente los problemas diarios, more todo ios grandes

problemas nacionales, y te pronuncia ´sobre ellos. Resultaría suicida o jmerti desconocer que en este

momento el país se enfrenta con problemas dt> gran entidad, con loa problemas man impurltintcs df. 10$

últimos cuarenta y cinco años, cu parte por razones circunst unciales y tic ámbito universal y en parte por

una activación de los problemas internos latentes. Como wiicxlrario suficientemente expresivo basta

aludir al caxi permanente, tema de las regiones—sobre cuyo carácter ineycu&able ya advertía liace

treinta anón Salvador de Madariaga—, la siíitaeió» económica o la regulación del mundo sindical.

A pesar de ello, la actitud de la oposición —por «Hptífsfo que se esta hablando en términos venérales,

que admite y que incluso ha de subrayar las excepciones—no es la d& sentirás solidaria co« tales

problemas, aun cuando apuntase soluciones que divergiesen diametralmente de las que pueda preconizar

el Gobierno, sino, con excesiva frecuencia, ahondar en ellos por razones de táctica política. En definitiva,

y como denuncia con toda crudeza el titula de este artículo, está anteponiendo la conquista del poder al

interés general del pais. Sin querer considerar lúcidamente que esos problemas, y sobre todo los tres

enunciados, pueden maximizarse de tal forma qnc hagan itiviable en un futuro más o mcnoft próximo

cualquier acción de Gobierno, sea cual sea su signo, con una sola excepción: vn Gobierno totalitariot de

jnio u otro signo.

J VN cumulo la afirmación del •** párrafo anterior me parece que es «iifí verana que está flotando en el

ambiente y que captan las mentes más sanas del país—que insisto en que pueden ser mayoría, pero que

están desvertebradas y que carecen de preparación y de recurso* políticos—, (a( vez no sea ocioso

razonarla en base a eomportamientog concretos. Por ejemplo: en el campo de la derecha, determinadas

voces han pretendido mayimizar, e incluso sublimar, «i cese del general De Santiago como vicepresidente

primero del Gobierno. Conectándolo con una determinada ooíiíttdt ideológica se pretendí demostrar que

el general D* Santiago representa la posición de parte del Ejército que es íríbuíario de aquella actitud

ideológica. En definitiva, lo que se pretende con ello es, conscienfs o inconscientemente, vincular fl parí*

del Ejército a la defensa de la propia ideología o ma» bien de la propia táctica de

(Continúa en pág. sigte.)

(Viene de la pág. anterior)

asalto al poder de ese grupo de derechas. Lo cual ¡significa, por una parte, ofender la exquisita

neutralidad del Ejército en el actual proceso de cambio, neutralidad que es la garantía última da la

evolución política dentro de la legitimidad y de que la misma se va a realizar sin Que se perturbe la

normalidad de Ja vida naciotial. Y significa, de otra parte, abrir una posibilidad, aunque sea remota, de

una contienda dril, que siempre es inrtab/e cuando el Ejército se constituye en garante de unas

instituciones.

E\Y la vertiente o polo opt/e*to y na &« quedado de manifiesto cuánto me duele tener que pronunciar la

palabra de polo, ron lo que significa de extremo radicalizado—ía actitud, aunque difiere en los mofií´os

eleyidos para su actuación, no difiere, sin embargo, » en la finalidad de esa actuación. La izquierda, que

por la faltade frperfanfifí política de núes. tro pueblo sabe que la primera obligación de cualquier minoría

es disciplinar a la calle, está provocando reiteradamente la e/ervearencia incontrolada de la calle. Es

consciente de que a la calle no le está aportando soluciones ni actitudes positiva», sino esa reacción de

odio y de violencia ave de ordinario eurff« en los encuentros callejeros.

Sn definitiva, la izquierda está directamente empeñada en socavar la autoridad. Justo e» reconocer que

estamos asistiendo a una clara devaluación de Jos derechos de reunión, manifestación y huelga, que

comienzan a repetirse sin causa justificada y con motivos absolutamente incontrolados. Sin embargo, esa

conmoción de la calle no es Koy por Hoy anárquica—aunque puede serlo en un plazo breve—, sino que

esta dirigida. Y está dirigida a sabiendas 40 que no aporta nada a laj soluciones de futuro, por limpie

razón de táctica política, de oposición negativa y que como tal no puede oaíi/ícarse de civilizada, fin el

mismo sentido, esa oposición se desengancha — ai menos p a rciaimeníe—del carro de la reforma

política, cuyo planteamiento, por otra parte, es muy simple: la celebración de unas •lecciones a«nera(es y

ía apertura de un periodo de reordenación constitucional, sobre cuyo contenido, por consiguiente, no hay

todavia posibilidad de pronunciarse, admitiéndose toda la baraja de posibilidades en aquel momento, en

función del resultado de las elecciones.

El planteamiento, en pura teoría, es do una total asepsia, y resulta di/ícil contestarlo en sí mismo. La

oposición de izquierda está contestando la mera posibilidad del manejo o control gubernamental de las

elecciones, lo cual no deja de ser una presunción. Y esta presunción, tengo para mí, que encubre en

realidad (a seguridad de que, en unas eleccíoneí que se celebrasen en este momento opoaicióndeixouierda

obtendría minoría. Habria que exigir una buena dosis de altruismo y de sentido nacional a la oposición de

tequíer. da para aconsejarle que~pospusiese su» aspiraciones a medio plomo, con Jo cual su postura, lo

dioo con toda convicción, panarta solide«. Porque con esta actuación de urgencia que orea la inseguridad

en ¡a calle y lesiona las aspiraciones más el«m«n. tales del pueblo, está propiciando la radicalización de la

derecha y nt posible actitud autoriíaria.

MIENTRAS tanto el Govierno, bastantes de cuyo* miembro* carecen de un signo político definido y que

en su conjunto no tiene más que un puente intuitivo pero real de comunicación con ese pueblo que

constituye fa oran mayoría del pais, gueda »in asistencia.

(VJSDA atti asistencia en •! \f anthnoer político diario, y también oo» frecuencia en lo» MwUot d»

opinió» pública, aun. «Me «n e>íot «e advierto un oamMo de siano en los líifimo* tiempo*.

EL Gobierno, sin la asistencia de wta actitud de centro, ¿i consciente, pienso, de Jos ritffos de una

reforma que está pernada para el centro, que está pencada en bien del país. Perene esa reforma, que hoy

por hoy ee una simple apertura de capees, no producirá buenos rvtuttados en una España dividida y

extremada, que además va a encontrarse con problemas git* van a exigir una situación de cuasi

emergencia nacional.

JffSTR articulo, que reronoeco *"* gue es tan duro y áspero como exigen tas circunstancias del momento

presente, no es una diatriba contra la oposición, sino una eonuocaíoria a ía oposición, aun ruando esa

convocatoria sea de al auna forma fustigante. Lo» pueblos sólo se desarrollan en la mesura, que desde

tiempo de los ft>´tegos sigue siendo la rirtud política por excelencia. Y esa nieswa, que fodavín «o está

organisada en la calle, es una obligación directa de las minorías p«¡ttiras activas. A cuas minorías

políticas se les pide, ÍP.S pidp e* país, >íue no antepongan la táctica inmediata de la conquista del poder a

la fe en la. virtualidad de sus propias opciones ideológicas a medio y a largo plaao. Se les pide, en

conclusión, un cierto sentido de servido: Mientras el centro, en el sentido que ante» le di de autentica

aeíi/uíi democrática gue admite la victoria a^ena, no ««té vertebrado y consiga la mayoría a que tiene

derecho, e«í« paia ondard a la dfrivat como viene ocurriendo desde hace más d« un siglo.

Santiago ARAUZ DE ROBLES

 

< Volver