Mañana serán juzgados en consejo de guerra. 
 Familiares de los policías, encerrados en una iglesia en petición de amnistía     
 
 El País.    19/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Mañana serán juzgados en consejo de guerra

Familiares de los policías, encerradas en una iglesia en petición de amnistía

Desde la tarde del pasado domingo siguen encerrados en la iglesia de Santa Eulalia, frente a la comisaría

de Entrevias, en el barrio madrileño del mismo nombre, unos treinta familiares de los ocho policías

armados y guardias civiles que serán juzgados mañana en consejo de guerra acusados de sedición, en

relación con la manifestación que tuvo efecto en Madrid el 17 de diciembre pasado.

Los ocho procesados se encuentran en prisión provisional en la comisaría de Entrevias desde la fecha en

que fueron detenidos. El encierro tiene por objeto llamar la atención, sobre la situación de los detenidos,

para los que se pide la amnistía. La policía no ha intervenido con motivo de este encierro, si bien

funcionarios del Cuerpo General dialogaron en los primeros momentos del encierro con los protagonistas

del mismo. En diversas ocasiones, los defensores han solicitado que se concediese a sus defendidos la

amnistía.

Por su parte, la Confederación de Sindicatos Unitarios de Trabajadores (CSUT) ha hecho público un

comunicado en el que, entre otras cosas, manifiesta que las reivindicaciones que solicitaron los policías en

la manifestación del 17 de diciembre eran estrictamente profesionales, consistentes básicamente en un

aumento lineal de 10.000 pesetas, seguridad social, cien por cien del salario en caso de jubilación o

accidente, vacaciones no recuperables, derecho a la formación de un sindicato y desmilitarización del

cuerpo. Por otra parte, según el comunicado, los acontecimientos se produjeron en un contexto de falta de

libertades democráticas, situación que hoy ha variado, por lo que sería una incongruencia condenar hoy

día a unos ciudadanos por unos hechos que en unas circunstancias democráticas son ejercicio cotidiano de

derechos fundamentales e inalienables de la persona humana. Por otra parte, la CSUT se pronuncia a

favor de que las Fuerzas Armadas gocen dé los mismos derechos y libertades democráticas que cualquier

ciudadano y declara que los policías y guardias civiles procesados no pueden ser privados de la aplicación

de la amnistía, ni ésta puede demorarse por más tiempo.

En el mismo sentido se han pronunciado Comisiones Obreras, las cuales han solicitado que se anule el

consejo de guerra contra los policías armados y guardias civiles y que se les aplique la amnistía.

Los policías armados y guardias civiles que serán juzgados mañana en consejos de guerra acusados de

sedición, son los siguientes; Manuelde la Fuente Ruiz, Cándido García Grana, Manuel Rodríguez

Martínez y Severino Escudero Martínez, policias armados; José- Pérez Pérez, José García Maeías,

Francisco Hidalgo y Diego Artero, guardias civiles. Las penas solicitadas por el fiscal militar oscilan

entre un año y medio y diez años de prisión.

Otros cinco agentes de las fuerzas del orden público se hallan también procesados a raíz de la

manifestación del 17 de diciembre, si bien lo están por presunto delito de insulto a un superior.

«No debe haber juicio», manifiestan

«Ellos son muy optimistas. Creen que estarán en libertad dentro dé veinticuatro horas, pero nosotros

estamos ya muy desengañados de promesas falsas, y hasta que no vengan ellos mismos a buscarnos no

pensamos dejar el encierro.» Cerca de treinta familiares —esposas, padres, hermanos— de los policías

armados que van a ser juzgados se encerraron el domingo 17 en la iglesia parroquial de Entrevias para

llamar la atención sobre su situación.

«Elegimos esta iglesia —nos cuenta un hermano de Manuelde la Fuente, para el que el fiscal pide

veintidós años de prisión en las dos causas que tiene pendientes— porque está justo enfrente de la

comisaria de Policía en la que están encerrados.»

Desde las ventanas de, la fachada trasera de la comisaria, precisamente las que corresponden a las

habitaciones donde se encuentran recluidos los policías, se puede ver el patio de la iglesia. «Mi hermano

se asoma de vez en cuándo y nos saluda con la mano.» Otro tanto hacen sus cinco compañeros. «La

situación peor —dice la madre de uno de ellos— es la de, Vicente García Egea. Su mujer está enferma en

Valencia, .con tres chiquillos; y no puede venir a verle. Nosotros le animamos, igual que a nuestros hijos,

pero no es lo mismo.»

Ayer se cumplieron, precisamente, siete meses desde que los seis policías armados fueron detenidos. «No

comprendemos por qué les juzgan sólo a ellos. En la manifestación participaron muchísimos más.

No.queremos que les hagan consejo de guerra, pero si se lo hacen, justo sería también que juzgaran a

todos sus demás compañeros.»

Para los familiares encerrados en la iglesia —«diga que los vecinos de Entrevias se portan muy bien y nos

quieren traer comida y mantas»— la situación es incomprensible: «Ellos sólo pedían reivindicaciones

profesionales: mayor sueldo, seguridad social. Tenga en cuenta que hasta ahora cuando un policía moría

en acto de servicio su viuda cobraba como pensión 5.800 pesetas.»

«Además —insiste otro familiar— querían profesionalizar, la policía. No son verdugos, sino servidores

del orden público.».

Hasta ahora, ningún compañero de los policías detenidos se ha acercado a la iglesia para interesarse por

sus familiares, ni a la comisaría para preguntar por ellos.:«Aunque quisieran no pueden, lo

comprendemos» , dice un hermano de Manuel de la Fuente.

Desde su detención, los familiares han solicitado audiencias con el Rey, el presidente del Gobierno, el

teniente general Gutiérrez Mellado y el ministre del Interior, Martín Villa. «La secretaria del Rey nos

contestó diciendo que estaban estudiando las fechas para que don Juan Carlos nos recibiera, pero después

no hubo noticias», explican.

Los encerrados coinciden en su visión de lo sucedido: «No debe haber consejo de guerra. No han hecho

nada que no hicieran otros. Además, todo el mundo sabía que la manifestación se iba a producir, porque

se dijo repetidamente por la radio de la policía. Si no hubieran querido que se celebrara, bastaba con

haberles acuartelado aquel día.»

Ayer por la mañana se produjo un incidente con uno de los policías armados que vigilan la puerta de la

comisaría. Un fotógrafo pretendió sacar una instantánea de las ventanas y el guardia se lo impidió.

Cuando los familiares se lo recriminaron, nervioso, montó su arma y les apuntó. «Afortunadamente,

cuentan tos encerrados, no pasó nada, pero pudo suceder una desgracia. Las mujeres se asustaron mucho

y echaron a correr.»

 

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