Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   Creación de la Guardia Civil  :   
 De Enrique Martínez Ruiz. 
 ABC.    28/05/1978.  Página: 23-25. Páginas: 3. Párrafos: 20. 

CREACIÓN DE LA GUARDIA CIVIL

De Enrique MARTÍNEZ RUIZ

LA Historia Contemporánea da España se va haciendo, en estos últimos años, por tres cauces. Uno más

que cauce es vía muerta; la da quienes se dedican a pontificar cómo hacer esa historia; y a criticar cómo la

hacer los demás, sin aportar al esfuerzo común más que una gavilla de generalidades dogmáticas; o unos

ensayitos de barajita, sin método ni contenido. Ya en el campo de la seriedad, nuestra historiografía

contemporánea avanza en un doble movimiento de análisis y síntesis. Cada vez es menos excepcional la

aparición de una tesis doctoral relevante que deja definitivamente explorado un campo de saber histórico

concreto; aprovechado después por los historiadores de síntesis para ofrecer cuadros generales de nuestra

vida contemporánea cada vez menos inadecuados.

El excelente libro de Martínez Ruiz pertenece a la primera serle. Es una magnífica monografía sobre un

tema incógnito: los orígenes de una singularísima Institución, la Guardia Civil. Por primera vez se

estudian sistemáticamente varios conjuntos documentales desconocidos, celosamente guardados en los

archivos del Instituto, que hasta hoy sólo se han abierto plenamente para el autor y para otro notable

historiador de la Benemérita: el teniente coronel Aguado, biógrafo reciente del fundador, duque de

Ahumada. Esta gran tesis, este Importante libro que comentamos resulta sumamente útil como material

básico de análisis histórico; y como Ineludible antecedente para la meditación política y administrativa en

unos momentos de cambio, cuando a veces se han deslizado sobre la Institución que sobrevivió a una

docena de regímenes comentarios apresurados que bordean la irresponsabilidad. Estas líneas se escriben

para dar cuenta de un trabajo excepcional; pero también como homenaje del historiador que suscribe al

Cuerpo de la Guardia Civil, que en nuestros días sirve a la Comunidad y a la Patria española con la misma

profesionalidad y la misma serena habituación al heroísmo cotidiano —el que menos suele agradecerse—

que desde las mismas semanas de la fundación que aquí se estudia.

«UN CUERPO RESPETABLE Y CONSERVADOR»

En medio de la polémica permanente en que consiste la historia de nuestro siglo XIX, la Guardia Civil es

una excepción de pervivencia institucional. Creada por los moderados en los años finales de la primera

mitad del siglo, se consagra como Institución nacional, por encima de los regímenes, antes de terminar el

reinado de Isabel II. Resiste las consecuencias de la revolución de 1854; supera con éxito el período

revolucionario que se abre en 1868. Los republicanos de 1873 la mantienen, como la mantendrán los de

1931.

La gestación y primeros pasos de la Guardia Civil necesitaban un estudio monográfico; la estampa

histórica del Instituto vacilaba entre la Insuficiencia y el folklore. El autor decide limitar el ámbito de su

estudio al reinado de Isabel II y explica a fondo la procedencia y localización de sus fuentes.

Se funda la Guardia Civil en los Inicios de la década moderada. El país pasaba por una etapa de gran

inestabilidad; el Instituto sería un factor decisivo de estabilización, un instrumento del Estado para su

propia reafirmación. No existía una Institución que a escala nacional tuviera como objetivo primario la

defensa de la ley y el orden. El bandolerismo era una plaga común en medio de la carencia de continuidad

política. Un Gabinete González Bravo crearía la Guardia Civil; consolidada en la etapa Naváez. El

creador sería don Francisco Javier Girón y Ezpeleta, duque de Ahumada, militar experimentado y cabal

La Guardia Civil nace a Iniciativa de un grupo burgués y conservador; «un Cuerpo respetable y

esencialmente conservador» reza uno de sus primeros documentos. Nace también para «ofrecer un alivio

y una recompensa a la clase militar» muy sobrecargada en los escalafones del Ejército. Tras un primer

Intento imperfecto la Guardia Civil nace definitivamente en el decreto de 13 de mayo de 1844. El 1 de

septiembre desfilan ya los primeros efectivos en Madrid: 1.500 guardias de Infantería y 370 de Caballería.

Con sorprendente rapidez quedan organizados ya el 20 de octubre del año fundacional los doce Tercios

peninsulares. El 12 de noviembre del mismo año presta la Guardia Civil su primer servicio: la captura de

dos bandidos y muerte del restante en la carretera de Navalcarnero. El Tercio, con base en Barcelona,

tiene, al principio, una oficialidad íntegramente catalana; el primer servicio de la Guardia Civil es allí el

auxilio a la población en unas tremendas inundaciones, lo que vale al Instituto la primera felicitación de

su historia.

LA DIGNIDAD COMO IMAGEN

El Cuerpo nace civil —como indica su nombre— en cuanto al servicio; militar, en cuanto a la estructura y

el espíritu. Se le aplican de lleno las Ordenanzas militares. Se efectúa el reclutamiento con un fuerte

carácter selectivo. Se exigen condiciones físicas y culturales superiores al nivel medio de la época. El

Ejército sería la gran fuente de reclutamiento para la Guardia Civil. Los guardias procedían de las clases

más humildes de la sociedad, especialmente del campesinado.

Se dedica el capítulo segundo a estudiar el contorno humano y el perfil militar del guardia civil en los

primeros tiempos. El fundador y su equipo tratan de modelar un tipo humano excepcional; la formación

humana y moral de los componentes del Cuerpo es preocupación básica del primer cuadro de mandos,

que tratan, ante todo, de conferir una gran dignidad a la imagen del guardia civil. La casa-cuartel como

alojamiento rompe los moldes clásicos de la convivencia militar; y constituye un hallazgo sociológico de

enorme interés. El nuevo orden militar de la Guardia Civil está dentro de tos límites de la clase media

española y tendrá como propios los ideales de esa clase. Para la época, los haberes de los miembros de la

Guardia Civil son elevados y atractivos.

Se estudia en el capítulo tercero la escala jerárquica. La obediencia y la disciplina son presupuesto

esencial, primario. El detalladísimo Reglamento de la Guardia Civil es un ejemplo de penetración

humana, una admirable armonía entre lo civil y lo militar; entre la obligación y el sentido de servicio. En

él se establecen las relaciones de disciplina fundadas en el sentido paternal; la estructura familiar y

jerárquica de la Guardia Civil.

El servicio propio de la Guardia Civil —capítulo cuarto— consiste en ser «una fuerza especial de

protección y seguridad» que, con su actuación, confiera esos sentimientos a las gentes y además prestigia

la autoridad. Junto con la conservación del orden público, el Cuerpo debe dedicarse a la protección de las

personas y de las propiedades, dentro y fuera de las poblaciones; a prestar a la autoridad el auxilio que

reclame la ejecución de las leyes. El método de actuación de la Guardia Civil es la dispersión; sólo en

casos especiales pueden autorizar las concentraciones. En los primeros tiempos los jefes de la Guardia

Civil deben luchar para que las autoridades no empleen la fuerza en servicios impropios; y para

establecer, más que unas normas, un auténtico espíritu de información, característica militar y civil del

Instituto que llena sus archivos con una información política y social valiosísima. Los capítulos siguientes

se dedican a analizar la actuación de la Guardia Civil en tres sectores muy concretos del reinado de Isabel

II: los carlistas, los republicanos y los progresistas.

SIEMPRE AL SERVICIO DEL GOBIERNO

La Guardia Civil tiene una destacadísima intervención en las luchas contra la rebeldía carlista durante el

reinado. Uno de los momentos más apasionantes del libro que analizamos es la descripción de la Guerra

de los Matiners, conjunto de escaramuzas, algunas muy graves, que tienen lugar entre 1847 y 1849, en

torno a las pretensiones del conde de Montemolín. Después de que el Gobierno contuvo estas erupciones,

el carlismo entra en actividad latente hasta la rebelión de 1855, que culminará el año siguiente con la

conspiración que llevará a sus fautores hasta el fracaso de San Carlos de ;- Rápita en 1860. El autor

concibe el levantamiento de carlistas.y guardias civiles como la lucha entre dos tipos de guerrilla; donde

vencieron los que estaban respaldados por una estructura de Estado.

Son muy sugestivos los dos capítulos siguientes, dedicados a la lucha de la Guardia Civil con los

progresistas y con los republicanos. La participación de la Benemérita contra los pronunciamientos de

signo progresista tiene un arranque espectacular en la persecución y captura de Zurbano. La Guardia

Civil, en el año clave de 1848, colabora eficacísimamente con Narváez en la represión de los proyectos

revolucionarlos, Incluso mediante una gran concentración. Fue también Importante la actuación del

Instituto en las revueltas de 1854 y 1856, siempre al lado del Gobierno, sin una vacilación; la Guardia

Civil, todavía adolescente, pasa con pleno éxito la prueba de sus primeros cambios de régimen,

convertida ya de lleno en Institución del Estado y de la nación. Las actuaciones de la Guardia Civil contra

los republicanos tienen especial significado dentro del campo de las luchas sociales y menor importancia

en el terreno directamente político.

ENTRE EL BANDOLERISMO Y LA GUERRA ABIERTA

Especialmente interesante, y además pintoresco, es el capítulo octavo, que se dedica a la pugna de la

Guardia Civil contra bandoleros y contrabandistas, los cuales campeaban por sus respetos antes de la

creación del Instituto. Hasta 1864; sin embargo, no se confiere a la Guardia Civil el expreso carácter de

Guardia Rural, una vez que abortó un efímero Cuerpo específicamente dedicado a ese fin. En este punto

del libro el autor Inserta un importante resumen sobre la entidad y la evolución del bandolerismo en la

España del siglo XIX. que es uno de los pasajes más sugestivos de toda la obra. Se dedica el capítulo

noveno a los servicios de la Guardia Civil en la custodia de las comunicaciones; lo que nos permite

repasar, además, la situación de la red vlal española a mediados del siglo pasado, así como los servicios

de correos y telégrafos. La Guardia Civil protege el tendido de las vías férreas y el tráfico inicial por ellas.

En el último capítulo se detallan los servicios prestados por la Guardia Civil en las campañas militaras de

la época, a partir del primero, con el Instituto recién fundado, en la campaña portuguesa de 1847. Fue

muy importante la participación de la Guardia Civil en la popular guerra de África en 1859-1860.

Se cierra el libro con una brillante y esclarecedora síntesis de su contenido y sus conclusiones en forma de

recapitulación; para terminar con la sugerencia de que la aportación institucional práctica del Instituto

constituye una dimensión para enjuiciar el panorama de la historia militar española, tan insuficientemente

cultivado a partir de la renovación científica de nuestra historiografía.

Nos encontramos, pues, ante un libro decisivo y ante un joven historiador que da en su primera obra

Importante toda la medida de su vocación y su profesionalidad. Esta historia de los principios de la

Guardia Civil no alcanza solamente un valor como material de primera mano para la reconstrucción

histórica de nuestro siglo XIX, sino que también puede y debe servir como tema de meditación política en

esta hora actual de España, hora de cambio y de confusión. El lector ha comprendido ya, sin duda, varias

lecciones capitales que se encierran en estos libros de obligada lectura para nuestras actuales políticas y

parlamentarlos.

Por último, se reúnen acertadamente en apéndice los decretos fundacionales, los Reglamentos de la

Guardia Civil y la exhaustiva relación de fuentes que han servido para la composición de esta obra

Ricardo DE LA CIERVA.

 

< Volver