Las Navidades del 76     
 
 El País.    23/12/1976.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

OPINIÓN EL PAÍS, jueves 23 de diciembre de 1976

Las Navidades del 76

ESTE PAÍS está necesitando algunas dosis de sensatez por todos lados. En la vfsperá de la Nochebuena

«os encontramos coa tal aluvión1 de malas noticias políticas one p*rece como sí algnien hnoiera decidido

juntarlas todas naca darnos nn susto este Navidad. Sin otro ánimo qne el de ponerán poco los tenas en su

sitio vamos a referirnos a tres hechos, anarmtct»enle desconexos entre si, ñero oo* se ven unidos por en

hOo condncton son las tres verdaderas y profundas preocupaciones del Gobierno y cada uno de ellas; y

por si sola, podría provocar reacciones tileá «ne acabaran coa el presente y el futuro del Gabinete Suárez.

Oriol

EL PRIMER hecho sigue siendo el secuestro del presidente del Consejo lie Estado, que lleva ya casi dos

semanas en poder de los GRAPO. Cada día suscita mas sospechas la identidad de esyas extremistas de

izquierda, a los que nadie conocía cjí la izquierda más extrema, y que en su paroxismo pretenden hacer

valer su palabra —en uno de sus comunicados como garantía de que el señor Oriol será devuelto con vida

si el Gobierno otorga la amnistía. ¿Cuánto vale la palabra de un terrorista? Nosotros creemos que nada.

Pensamos, además, que es muy posible que los GRAPO sean una invención manipulada. Desde el

asesinato del almirante Carrero hasta hoy, las actividades terroristas sobre nuestro suelo suscitan

demasiadas preguntas sin contestación, y no es la menor de ellas valga un ejemplo saber quién puso la

bomba de la calle del Correo. ´

Surgen y desaparecen grupos de este género —GARI. GRAPO. DRIL—, que secuestran, asesinan,

amenazan, pero que no se sabe de dónde obtienen el dinero, las armas y tas complicidades. La sospecha

de que hay organiza • ciones extranjeras interesadas en impedir la estabilización política de España es hoy

ya más´que ana sospecha. Hay indicios racionales de que servicios secretos, policías paralelas y pistoleros

a sueldo se mezclan en toda esta historia. Lo grave es que en ellas se juega no sólo con la vida humana,

sino con el futuro de todo un país. Por eso les haríamos simplemente a los secuestradores de Oriol

esta reflexión: si efectivamente están por la normalización democrática española, deben poner en libertad

a su rehén y aceptar la palabra del Gobiernp de que una ampliación de la amnistía está en marcha.

(Aunque habría que decir que estaba en marcha y que ha sido hábilmente paralizada por grupos

uhcaderechistas que exhiben, claro, entre otras cosas, el tema del secuestro.)

Devolver vivo al señor Oriol, en fechas tradicionalmente humanitarias como son las Navidades, seria

devolver la tranquilidad no sólo a toda una familia, sinoa los españoles deseosos de articular en paz su

convivencia. Exigir en cambio al Gobierno acciones que le debiliten es atentar contra las propias

posibilidades de la amnistía que los secuestradores dicen pedir. Nuestra posición a favor de la amnistía y

de una salida inteligente, que evite sangre y tensiones, de todo este asunto no se contradice con nuestro

deseo de que el Gobierno no merme su crédito con ék Y la acción policial, tan brillarte en otros casos, no

permite por el momento garantizar un éxito por esta vfa en el asunto Oriol, lo que inevitablemente

perjudica la imagen del Gabinete.

Carrillo, detenido

MIENTRAS TANTO, en la tarde de ayer ha sido detenido en Madrid Santiago Carrillo, secretario general

del Partido Comunista de España. La medida es lógica, pues´había sido ordenada su detención; como

hubiera sido también lógica, y quizá más conveniente y gallarda, la decisión del interesado de personarse

en e! juzgado de guardia el mismo día en que las autoridades consideraron oportuno darse oficialmente

por enteradas de su presencia en España.

Lo importante ahora es que el Gobierno confirme ante la opinión pública nacional e internacional que

vivimos realmente es un Estado de Derecho. La expulsión del señor Carrillo del país en el que nació y

cuya nacionalidad ostenta es un imposible jurídico. Sus hipotéticas responsabilidades por actuaciones

durante la guerra están prescritas. La ley de Amnistía cubre, igualmente, sus presuntos delitos anteriores a

la fecha en que fue promulgada. Pendiente todavía la anunciada —y deseada— unidad jurisdiccional, es

de presumir que el Juzgado de Orden Público reclame su competencia en este caso. No queda sino esperar

la decisión de los órganos de la justicia.

En cualquier caso, conviene apuntar que e! reajuste de las leyes y de su interpretación a la cambiante

realidad española se ha venido realizando en los últimos meses a gran velocidad y en una dirección

inequívocamente democratizadora. Se trata, en última instancia, de un,esfuerzo paralelo al que el actual

presidente del Gobierno emprendió bajo el signo de «convertir en normal loque on la calle es

simplemente normal».

Hace poco más de un año, Felipe González, primer secretario del PSOE. era perseguido y acechado; y

hasta la reforma, en el pasado mes de julio, del Código Penal, en pura teoría debería haber sido procesado

y encarcelado. A comienzos de la primavera. Simón Sánchez Montero fue encarcelado en prisión

incondicional una vez más en su vida; pero hace poco más de dos meses Gregorio López Raimundo

homólogo de Carrillo en el partido comunista catalán— fue puesto.cn libertad bajo fianza.ç

Del buen sentido y de la prudencia política del Gobierno cabe esperar que no adopte medidas

administrativas jurídicamente improcedentes; y de la organización de la justicia española en sus diversas

instancias cabe igualmente esperar una interpretación que adecué la letra de la ley al espíritu de los

tiempos.

Carrillo encarcelado, o Carrillo expulsado, es un escándalo innecesario, una torpeza política y una

amenaza para la credibilidad democrática interior e interna´ cioital del Gobierno.

La policía se manifiesta

EN EL cargado ambiente de estos días, las manifestaciones que protagonizaron en Madrid el pasado

viernes varios centenares de miembros de las fuerzas de orden público constituyen un nuevo e

importantísimo factor de tensión. Hasta ahora, la información facilitada es confusa e incluso

contradictoria.

Se dice que las reivindicaciones eran esencialmente profesionales y. sobre todo, económicas (aumento

lineal de sueldos, pago de trienios). Parece, sin embargo, que algunas peticiones rebasaban el techo

puramente corporativo para plantear cuestiones relacionadas con la forma de responder a los alborotos

callejeros y tratar a tos detenidos y con la naturaleza estatutaria y disciplinaria de las fuerzas de orden

público. Pero esa interpretación no es congruente con los violentos incidentes producidos ante

etMinisterio de la Gobernación.

Dejando a un lado las cuestiones que entran en el marco de la disciplina militar, resulta preocupante la

eventual aplicación de un tratamiento diferenciado a los manifestantes del otro día. De acuerdo con la ley

de Reunión promulgada el pasado mes de julio, actos como los realizados el viernes en Madrid por

policías armados y guardias civiles requieren autorización expresa del Gobierno Civil. Y las autoridades

siempre tienen a su alcance un medio para impedir que una manifestación no autorizada se lleve a cabo:

precisamente utilizar tos servicios de esas fuerzas de orden público que el viernes se manifestaron

ilegalmente.

Independientemente de las dimensiones disciplinarias y militares del caso —que, al parecer, ya han sido

loma,xhnr» ¿«orno es posible que unos funcionarios a los que la comunidad confía el uso de armas y cede

la capacidad de dirimir los altercados de orden público lleven a cabo unos actos que, de ser realizados por

otros conciudadanos, ellos mismos se encargarían de reprimir?

Lo ocurrido es muy grave y urge que se practique una encuesta para dilucidar las responsabilidades. Los

ciudadanos tenemos derecho a una información puntual sobre este tema, desarrollado en plena calle y a la

luz pública.

ooo

Pero vorriendo al comienzo de este editorialrd Gobierno na reaccionado autoritariamente en el caso de

Oriol, rigidamentectt el de Carrillo, desconcertadamente ea el de la manifestación; silenciosamente en las

tres ocasiones, por cuanto las contadas intervenciones del ministro de la Gobernación en RTVE no bastan

para dilucidar los problemas.

Pues bien, pensamos que es hora de que el presidente Suárez aparezca ante los españoles no a pronunciar

un mensaje «i a pedir un voto, sino a someterse a las preguntas que los españoles quieran hacerle. En una

palabra, sabemos que d Gobierno está siendo atacado y está cometiendo errores. Sabemos también ove es

deseo general que este Gobierno presida el proceso electoral pues no se concibe fácilmente qne hubiera

elecciones si hay una crisis—. Días atrás escribíamos sobre la necesidad de respeto hacia el Gabinete.

Hoy es bastante visible que una gran maniobra de desprestigio del poder está siendo montada. Sin

embargo, no consideramos ni acertada ni conveniente esta política del avestruz. Él presidente merece la

ayuda de los españoles, pero éstos no deben dársela a ciegas.

 

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