El sitio de la Guardia Civil (I)     
 
 Diario 16.    20/07/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

El sitio de la Guardia Civil (I)

El reciente relevo en la dirección de la Guardia Civil plantea ciertas reflexiones sobre la evolución de este

Cuerpo y su inmediato futuro en un Estado democrático. Este Cuerpo policial surgió en 1844,

evidentemente inspirado en la Gendarmería francesa, constituyendo una más de tantas instituciones

napoleónicas importadas y, en este caso, con evidente acierto.

Constituidos ambos. Cuerpos como militares especiales, difirió un tanto desde el principio el de la

Guardia Civil por su doble dependencia del Ministerio dé la Guerra y del de la Gobernación. Ambos

estuvieron destinados a combatir la criminalidad en una sociedad predominantemente rural y que, por

tanto, se perpetraba según modalidades muy elementales.

Con el acelerado proceso de crecimiento de la población urbana al kilo de la expansión industrial, el

crimen se produce en una suciedad poco controlable y exige mayor profundidad en la información y

procedimientos más depurados en la recogida y análisis de los vestigios.

De ahí que la Guardia Civil que durante muchos años fuera el único órgano policial se viera acompañado

desde el último tercio del siglo pasado por la Policía secreta, así denominada popularmente por el solo

hecho de que no actuaba vestida de uniforme y así sigue siendo denominada, pese a sus diversas

denominaciones oficiales a lo largo de este siglo.

En la segunda década de nuestro siglo las reivindicaciones obreristas tratan de ser sofocadas y con

frecuencia se producen disturbios en las ciudades en los que la actuación de la Guardia Civil, poco o nada

preparada para ello, resultó cruenta. En consecuencia se procedió a crear un Cuerpo especializado en la

represión de los tumultos y movimientos de masas que reorganizó la República dándole una

denominación por demás reveladora, la de Guardia de Seguridad y Asalto.

La restauración del régimen democrático determina que se esté sometiendo a consideración crítica todas

las instituciones del Estado y no se libra de ella la institucionalización del servicio de seguridad ciudadana

que es de primordial importancia en una sociedad en la que están en crisis ciertos valores éticos y

sociales, muy especialmente la noción de autoridad.

Recientemente en estas columnas se preguntaba la razón de que se hubiera incumplido en buena parte el

decreto de Martín Villa que disponía un reparto de competencias policiales entre los tres Cuerpos

policiales, estableciendo que la Guardia Civil ejercería su competencia en la prevención y represión de los

delitos en los términos municipales de menos de veinte mil habitantes, sin perjuicio de lo que se disponga

respecto de las competencias policiales de las entidades autonómicas.

Este decreto no lleva camino de cumplirse ni parece que se lleve nunca a efecto, por la sencilla razón de

que lo que va contra la naturaleza de las cosas o lo que es equivalente, de las instituciones, casi nunca

prevalece o lo hace en forma efímera.

La distinción entre la actuación de la Guardia Civil y la de los Cuerpos dependientes de la dirección de la

Policía hay que buscarla en la finalidad que determinó la creación de cada Cuerpo y no en la

concentración demográfica del ámbito geográfico.

Ni se concibe a la Policía Nacional interviniendo en la investigación de los delitos o en el control de la

caza y pesca ni a la Guardia Civil le .sale bien la represión de los tumultos. Ha sido, pues, un error hacer

intervenir a estos dos Cuerpos en todo y ello no podrá prevalecer, porque Ia«-realidad es tremendamente

testaruda.

 

< Volver