Autor: Veciana, Ricardo. 
   Policía uniformada     
 
 Diario 16.    03/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

RICARDO VECIANA

Experto en cuestiones de seguridad y orden publico

Policía uniformada

Los dos Cuerpos de Seguridad del Estado uniformados, la Guardia Civil GC) y la Policía Nacional (PN),

han dado en estos últimos tiempos una imagen muy distinta a la sociedad. Las posibles razones de esta

circunstancia son analizadas por Ricardo Veciana en este artículo.

En nuestro país actúan con efectivos aproximados de algo más de 60.000 hombres y 40.000,

respectivamente, la GC y la PN. La diferencia sustancial entre ambos Cuerpos es que el primero es militar

y, por tanto, depende del Ministerio de Defensa además del de Interior, y el segundo civil, aunque tiene

organización y estructura militar, pero se rige por la ley de la Policía, su reglamento y sólo

supletoriamente por el derecho castrense y para lo que se refiere a su régimen interno.

Se distinguen también ambos Cuerpos en su distribución territorial; en tanto que la GC actúa

preferentemente en el sector rural, la PN lo hace en los grandes núcleos urbanos.

La Guardia Civil

En este último año la Guardia Civil ha adquirido un protagonismo indeseado dentro de su seno, pero que

ha levantado numerosas polémicas que han trascendido tanto a los tres poderes del Estado como al

hombre-de la calle . Habra que empezar recordando que es precisamente el primer cuerpo armado que se

resiente en su disciplina cuando en vida de Franco y con motivo de un funeral en la Dirección General por

víctimas del terrorismo, el entonces ministro del Ejército, Coloma Gallego, fue insultado y su vehículo

golpeado. Desde entonces, hasta que recientemente en Valladolid, en el entierro de otra victima terrorista,

guardias civiles entonaron el «Cara al Sol» brazo en alto, se han producido muchos incidentes de este

tipo, aparte de otros hechos también protagonizados por miembros del Cuerpo que han conmocionado al

país.

Las imágenes grabadas para siempre en la mente de los españoles de los guardias civiles irrumpiendo en

el Congreso, disparando sus metralletas, zarandeando a un teniente general y las angustias padecidas por

los de dentro y los de fuera han producido honda mella en la sociedad. Los sucesos de Almería, tal y

como han sido relatados en algún medio de información —aunque habrá que esperar a las resoluciones

judiciales—, han herido la sensibilidad de los ciudadanos. Estos mismos ciudadanos´ saben que los

miembros de este Cuerpo han sido elegidos preferentemente como blanco del terrorismo _y reconocen su

sacrificio, y es por eso que cuando mueren cuatro grados recientemente en la provincia de Gerona son

pocos los españoles que se han preguntado por la ortodoxia de la realización del servicio, justificando, en

cierta medida, todas las seguridades que puedan haberse tomado ante alguien que está dispuesto a acabar

con las vidas de los guardias civiles.

Podemos decir que el foso que el pasado régimen creó entre las Fuerzas de Seguridad y la sociedad, por

defender aquéllas una legalidad no deseada, se ha mantenido o incluso profundizado con la Guardia Civil,

no sólo por los acontecimientos reseñados, sino también por no haber sabido o podido adaptarse estos

últimos años a una nueva realidad social y política, manteniendo todas aquellas características que la

distanciaban, como el aislamiento social que produce entre otras cosas sus casas cuarteles, su falta de

flexibilidad (el arresto del cabo que enarboló una senyera por un momento en Barcelona abriendo paso a

la comitiva del equipo del Barga campeón de Copa puede ser un ejemplo), el conservadurismo, su

formación y su mentalidad anclada en otra época superada por las gentes que este país -hace machos

años,

Eso no obsta. para que el pueblo español admire a los acrecentados valores que posee el Instituto, como

son su espíritu de sacrificio, generosidad, entrega y honestidad, entre otros, pero si no es capaz de

evolucionar al ritmo de la sociedad cada vez se distanciará más de ella y le terminará siendo inútil.

La Policía Nacional

No ha sido precisamente el nuevo uniforme, que identifica a los miembros de la Policía Nacional con

paracaidistas más que con guardias, sino causas más profundas las que han permitido a este Cuerpo

ofrecer una imagen más acorde con lo que debe ser una Policía democrática.

En primer lugar el comportamiento de la PN el 23-F puede calificarse de ejemplar, poniéndose todos sus

jefes a las órdenes incondicionales de la autoridad civil, entre tanto que su general inspector y su Estado

Mayor con importante contingente de esas Fuerzas controlaban la situación en los aledaños del Congreso.

Por otra parte, el servicio de policía en la calle ha cambiado cualitativamente con respecto a la época

pasada. De ver a estas fuerzas trasladándose en unidades tácticas para reprimir manifestaciones, hemos

pasado a verlos en coches patrullas prestando seguridad ciudadana y son, por suerte, mínimas las

ocasiones en que han de emplearse represivamente.

El comportamiento de los policías, en general, también ha experimentado un cambio para bien, y, lo que

resulta más admirable, las conductas improcedentes individuales han sido sancionadas rigurosa e

inmediatamente por sus superiores, con publicidad de dichas sanciones.

Esto ha sido posible por varias circunstancias, entre ellas el hecho de que su recluta provenga en gran

medida del sector urbano; el ejercicio de su profesión en este sector, donde la evolución se hace más fácil

y rápida; la necesidad de tener y haber recurrido al pluriempleo, con lo que los policías se acercaron a las

realidades sociales; la flexibilidad de sus normativas y el llevar a cabo el servicio junto al Cuerpo

Superior de Policía, que a través de sus dos sindicatos y por su total condición de civil le ha sido más fácil

adaptarse a la nueva realidad. Por todo esto nos atrevemos a decir que el reparto de votos que arrojarían

los miembros del Cuerpo en unas elecciones generales podría acercarse mucho al que ofrece el conjunto

de la ciudadanía.

Esta situación de la PN no se hubiese alcanzado de no ser porque la persona que se puso al frente de ella

se propuso, contando con todas las energías y aptitudes necesarias, conseguirlo. El general Santa María,

cuyo triunfo como delegado del Gobierno en el País Vasco fue el no fracasar y ganar más paz con sus

palabras que con las acciones policiales, ha dado a la PN un nuevo estilo que habrá que mejorar, pero que

por el momento ha servido para lanzar un sólido puente sobre aquel foso que separaba a la sociedad de las

Fuerzas de Seguridad.

 

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