Autor: Villarejo, José. 
   Crisis en la policía     
 
 El País.    13/08/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

TRIBUNA LIBRE

Crisis en la policía

JOSÉ V1LLAREJO

Si analizamos la sociedad actual en que nos desenvolvemos y examinamos la misma sin apasionamiento,

después de un reposado estudio de las causas que inciden en la convivencia, vemos que se está tratando

de llevarlo todo al fondo, entre otras razones, la continua alteración del orden público y el rostro terrible

del terrorismo.

Como responsables, en cierta medida, del mantenimiento de ésa convivencia ciudadana aparece el Cuerpo

Superior de Policía, director y coordinador de los servicios de seguridad al Estado, según reza en la ley de

Policía, que por cierto no se cumple demasiado. Como´ arbitro, al margen de la dependencia función

policial-Ejecutivo, debiera de estar el Sindicato Profesional dé Policías, representativo sobre el papel de

más del 85% del colectivo policial, y que, sin embargo, y a pesar de ello, no es hasta ahora considerado

con entidad suficiente por la Administración, porque entiende que no solamente no posee el peso

especifico que representa, sino que aún y, como en la pasada etapa como asociación, puede seguir

controlándolo a su antojo.

Las causas fundamentales de esa falta de arraigo, mejor aún de las razones que entorpecen el que en las

fuerzas de seguridad del Estado, y concretamente en el Cuerpo Superior de Policía, cristalice en un

sindicato fuerte y con capacidad de negociación y reivindicativo, son:

a) La falta de conciencia corporativista, posiblemente porque el escaso cultivo que de esta cualidad se

hizo por quienes entienden como medio para controlar la policía el propiciar la máxima división posible.

b) La ausencia de valores solidarios de que actualmente padecemos en el método de convivencia, tal vez

por un insuficiente proceso educativo social-profesional, así como de una escasa o casi nula lucha

reivindicativa en los sectores del funcionarizado del Estado.

c) El proceso de crisis general, por un lado, ante el profundo cambio de estructuras del Estado y las

transformaciones consustanciales que tales reformas conlleva, y por otro, ante la tendencia alienante que

un funcionario de status social medio, como es el nuestro, padece integrándonos en una pseudo burguesía

en donde, como establecía Marcuse, nuestra área ecológica ha sido sembrada de satisfacciones dirigidas,

castrando de esa manera un alto porcentaje de búsqueda de valores o inquietudes de cualquier tipo, y

estancándonos en una peligrosa situación de letargo emocional definible como tolerancia represiva.

d) La escasa incentivación profesional que actualmente padecemos, por un lado, por una falta de

transparencia en las actuaciones del aparato directivo, por otro, ante la política disgregatoria en donde, al

establecerse absurdos planes de reparto de puestos y niveles, se fomenta la dispersión, se cultivan las

rencillas internas, tendiéndole hacia una formación de élite selectiva, casi guardia de corps, pudiéndose

postergar el resto de la profesión policial.

e) Una preocupante y marcada apatía que se consolida por la desgana o falta de interés por la escasa

incentivación de la que anteriormente hablábamos y por la promoción de horizontes de interés fuera del

ámbito puramente policial, el «síndrome de la titulitis», la repesca de buenos profesionales hacia sectores

de la seguridad privada, empresarial...

f) El aislamiento brutal que se sufre con respecto al entorno en donde desenvolvemos nuestras funciones,

falta de integración social que obedece a multitud de razones, entre ellas al fomento del principio de que

«todo lo desconocido causa temor».

g) La precaria, por no decir regresiva, imagen con que se nos ha presentado ante los ciudadanos,

impidiendo ese entroncamiento policía-sociedad mediante lar fe cresiación, es decir, destruyendo

progresivamente la dinámica de un fragmento del mensaje que debiera ser policía = ayuda; por medio de

la inversión, es decir, alterando selectivamente el mensaje de manera estratégica, influenciando eí

receptor negativamente, condicionándolo en cuanto a los estados afectivos del mismo, distorsionando,

modificando y transformando en grado a la profundidad del mensaje y repercutiendo en la carga

emocional y en la filtración del mismo, realizándose ¡o que es conocido por parasitaje, es decir,

añadiendo nuevos elementos el transmisor, pudiéndose dar una visión, en suma, distorsionada de lo que

es la auténtica realidad policial.

h) La disciplina coercitiva ejercida hasta ahora hacia todo lo que supusiese el cuestionar, analizar o

considerar las órdenes, el método o el sistema llevado a cabo por la Administración, sosteniendo siempre

sobre la cabeza de los funcionarios contestatarios la espada de Damocles, que constituye el expediente

disciplinario dimanante de la aplicación de ese cuaternario reglamento tan caduco y trasnochado, más

bien propio de estar en sitio preferente de sala de museo recordatorio de Torquemada, la torre nona y todo

terror inquisitorial.

i) Finalmente, y aun cuando algo quede en el tintero, una razón poderosísima que afecta a nuestra realidad

profesional es, sin duda, la desintegración corporativa a la que pasivamente estamos asistiendo, motivada,

entre otras muchas causas, a lo mal que se asimilan por determinados sectores las graves dificultades de

control como consecuencia de estructuras democráticas, como pueden ser, entre otras, el derecho a

sindicación, realizándose como consecuencia de ello un trasvase de competencias hacia otros sectores

entendibles como más disciplinarios, con el consiguiente perjuicio y merma de atribuciones, pudiendo

terminar en breve plazo en un casi inútil cuerpo de estructura, funcionamiento y aplicación

sustancialmente burocráticas.

Un sindicato profesional

Continuamente, el Sindicato Profesional de Policías denuncia estas y otras muchas dificultades con las

que tropieza, considera que una importante, por no decir fundamentalmente aportación al asentamiento

firme del proceso democrático es, sin duda, un Sindicato Profesional de Policías verdaderamente

partidista e independiente del Ejecutivo, que, aparte de reivindicar mejoras a sus afiliados, trata por

encima de todo_ de fiscalizar y hacer transparentes todas aquellas actuaciones en don-de-la policía, como

órgano defensor del pueblo, a quien por encima de todo se debe, sea utilizada para sectores concretos de

presión o grupos de interés.

Importante función la que corresponde a las fuerzas políticas, sindicales, así como medios de

comunicación y quienes inciden en la opinión pública en general que esto sea de verdad una realidad, más

que deseada, necesitada por todos; desaparecerán los abusos del poder y el intento de ocultación de

lamentables hechos aislados, que, más que para beneficiar, lo´ hacen con el fin de sembrar de dudas

razonables la actuación del resto de los buenos profesionales que día a día velan por La seguridad de

todos.

En el difícil momento que nos ha tocado vivir, si uno tío quiere arrimarse a una acera u otra de la callé

tendrá que caminar por el centro, y cualquier conductor desaprensivo estará tentado de arrollarnos para

después darse a la fuga. A-pesar de ello, vale la pena intentarlo.

José Villarejo es secretario general dé coordinación del Sindicato Profesional del Cuerpo Superior de

Policía (SPCSP).

 

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