Autor: Páez, Cristóbal. 
   Cargarse el país     
 
 Arriba.    02/10/1976.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

CARGARSE EL PAÍS

PANORAMA ciertamente sombrío el económico. Nos encontramos otra vez no como en 1939 —ha dicho

el presidente de Fomento del Trábalo Nacional, de Barcelona, señor Gallardo Carrera—, pero sí con

serlas dificultades V con un desconcierto que hace temblar al empresario más templado. Los signos más

inquietantes son estos: una Bolsa decadente y sostenida artificialmente, unas restricciones crediticias que

agravan la situación financiera de las empresas, unas cargas enormes de la Seguridad Social, más los

problemas laborales ya sabidos. A los millones de horas de trabajo perdidas hay que sumar «cesa

inflación tan aguda que desvaloriza y erosiona nuestra moneda y crea situaciones angustiosas a las

empresas, que se están descapltallzando por esos motivos».

El presidente de la Cámara de Comercio de la Ciudad Condal, señor Ribera Rovira, acaba de declarar, por

su parte, que los problemas económicos deben ser afrontados, que los desastres económicos se heredan y

que «la oposición debe dialogar con el Gobierno y apoyar fa política económica conveniente para hacerle

frente, Incluso en la adopción de medidas no populares, pero sí necesarias^.

El señor Ribera Rovira se refiere, sin duda, a una oposición mediadora, es decir, consciente, responsable,

dueña de sus actos y segura de sí misma; una oposición que aspira a estar en el Poder, pero sin necesidad

de llegar a él de la mano del desastra, del caos. Creemos que dentro del marco político actual existe una

oposición potenclalmente Igual a la que se sienta en cualquier parlamento europeo. Pero tampoco

podemos ignorar que dentro del espectro total de las fuerzas políticas se está produciendo un auténtico

asalto a la moderación. El grito trata de Imponerse a la razón y los extremistas de todos los bandos

conspiran para que no haya un momento de calma, ni un Instante de reposo, paro prohibir la distensión y

abolir la paz. Ahí tenemos la sucia guerra callejera como sórdido y deleznable episodio nacional de cada

día.

¿Qué tiene que ver la oposición seria, la oposición sinceramente democrática, con tas conductas

irresponsables que, algarada tras algarada, se están cargando el país? Nada tiene que ver, por supuesto.

Pero el anonadado ciudadano medio, el hombre de la calle, se angustia porque carece de respuestas para

muchas y muy graves dudas que le asaltan. Tiene consclencla de que es el electorado que el día de

mañana habrá de decidir el rumbo de la política, sus nombres y sus apellidos. De este electorado, señor de

los destinos nacionales, se conocen los gustos, porque no cesa de manifestarlos bien ostensiblemente. Su

gusto no es otro que la moderación, la seguridad y la autoridad y, en medio, la libertad. Sabe, además, el

ciudadano silencioso, que la autoridad y la energía, por jemplo, no son atributos exclusivos del poder,

sino oficio común o cuantos tienen responsabilidades en la política, y, por ello, le agradaría que en los

momentos confusos alguien sin investidura oficial, alguien de la «otra» España, dejase caer una palabra

de autoridad, esbozara un gesto de energía, cuyas consecuencias se acusasen de Inmediato en el guirigay.

Estos valores —quizá no otros— serán los que el electorado «compre» cuando sea convocada a las urnas.

¿Hay quien pueda empezar a ofrecerlos por anticipado? He aquí la cuestión que aguarda respuesta

mientras, entre todos, nos vamos cargando o España un poco más cada dio.

Cristóbal PAEZ

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