Autor: Farrás, Salvador. 
   El régimen político y las Fuerzas de Orden Público     
 
 Diario 16.    13/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

El régimen político y las Fuerzas de Orden Público (I)

Los últimos incidentes producidos por las fuerzas de Orden Pública en las personas de un diputado en

Santander y .unos periodistas en Palma de Mallorca deben hacernos meditar profunda y seriamente sobre

las causas que motivan estos hechos, para que este análisis clarifique la situación y nos ofrezca una

alternativa válida.

Viene ya siendo una constante histórica en nuestro país el que a un período absolutista le suceda otro

liberal, y viceversa, aunque desgraciadamente hayan sido los liberales bastante más cortos. El mismo

antagonismo filosófico que opone a uno y otro régimen es el que hace que las directrices que emanan de

sos respectivos Gobiernos a los distintos órganos y entes de la Administración, sean diame-tralmente

opuestas, en mochos de los casos. Las fuerzas de Orden Público (FOP, s) es una de las ins-UUiciones que

acusan de manera muy especial el cambio de una a otra filosofía de gobernar.

En una dictadura, el poder político lo ejerce un Gobierno por delegación del dictaoor, que o bien lo

autoengeadra, o bien lo recibe de instancias divinas. No es lícito, pues, contestar sus decisiones: es un

régimen impuesto, la fuerza «s su elemento esencial En consecuencia, como dice Jiménez de Parga, el

miedo a .sus enemigos esclaviza a los que detentan el poder y a los que reciben las órdenes. En un

régimen de partido único «1 Estado no es neutral, es tai estado de partido y no acepta otra ideología que

no sea la pe le proporciona el propio partido. Por consiguiente, un régimen de tales características

comporta un elemento de violencia. Raymond Aren dice que los militantes dei partido único son fanáticos

y los que no comulgan con la ideología oficial viven atemorizados por las posibles represalias de

aquellos.

En la autocracia, el poder no admite la dialéctica de la discrepancia, ni la oposición, y desconfia de la

opinión y de la razón pública. El Estado totalitario, por tanto, divide a sus "subditos" en amigos y

enemigas.

Es lógico, pues, pensar que con estos principios como base para ejercer el poder, las (FOP, s) sean em-

pleadas por los gobiernos de estos regímenes como fuerzas represoras que deberán mantener a los

ciudadanos —más bien subditos— dentro del estrecho marco que las leyes delimiten. Los elementos de

fuerza y violencia que hemos connotado por el régimen tienen su última y más opresiva manifestación en

las (FOP, s).

Exigencia de responsabilidades

Por otra parte, bajó estos sistemas se estructura toda una forma de convivencia social, que se basa en los

mismos presupuestos. Así, el autoritarismo, no se ubica solamente en el dictador y su gobierno, sino que

desciende a todos los niveles de la Administración, extendiéndose al resto del cuerpo social y tanto a los

grupos primarios como secundarios. Es asi como vemos .pequeños dictadores en guardias que regulan la

circulación, en padres de familia, en funcionarios de ventanilla... Todo el que tiene una autoridad, por

pequeña que sea, se siente poseído, por contagio y formación, del derecho a ejercer su voluntad en ´.a

paítela que, des-, de arriba, se ´e ha asignado.

Este mismo fenómeno se da, por consiguiente, en las (FOP, s )>qué a fuerza de haber siüo condicionadas

para defender unos intereses e ideología concretos, se han acostumbrado a considerar y tratar como

enemigos a aquellos que no coincidían con unos y otra. Ademas, en la dictadura, por ser ella misma la qae

nombra basta sus últimos representantes, cualquier acto de corrupción o error repercute hasta la cupide,

ya que ec todos los ni-vetes existe responsabilidad, puesto que los nombramientos han sido en cadena. Es

por esto que, en la mayoría de los casos dé graves incidentes de las (POP, s) —Ferrol, Granada. Carmena,

Barcelona, Vitoria, etcétera—, en que st han producido muertos y heridos, no se ha abierto una

investigación exhaustiva y mucho menos se han exigido responsabilidades —que en estos «a-sos siempre

suele haberlas— « impuesto sanciones a quien correspondiera. Por esta razón, los miembros de las (FOP,

s) se han sentido impunes y, desde lueeo, más inmunes que el maltrecho diputado sanían-derino.

Igualmente, los regímenes autoritarios tienen y fomentan un profundo desprecio sobre todas las ciases

marginadas y, especialmente, aquellas que se salan de la conducta común —homosexuales, melenudos,

barbudos, hipies, etcétera—. Desprecio que, por supuesto, también es asumido por las (FOP, s) con las

consiguientes consecuencias.

La dictadura, que en esencia es represión, espera mucho de sus (FOP, s), que son quienes van a ejercerla.

Para eHo les concede poderes ilimitados y les garantiza la impunidad. Sus miembros se siea-ten poseídos

de estos poders, y en estas condiciones, las extralimita-ciones y el abuso de autoridad es bastante común.

Esto provoca que el ciudadano común vea en el policía un enemigo, alguien del que hay que apartarse,

pues su relación no puede proporcionar más que problemas. Por su parte, el policía se .siente odiado y

marginado y se torna receloso de desconfiado. Se produce como consecuencia un en-frentamiento pueblo

policía, se abre un fose entre mbos de funestas consecuencias, unos y «tras sen víctimas comunes de un

sistema.

Salvador Farras

 

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