Autor: Farrás, Salvador. 
   El régimen político y las Fuerzas de Orden Público (II)     
 
 Diario 16.    14/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

El régimen político y las Fuerzas de Orden Público (y II)

En los regímenes democráticos donde el respeto a la libertad del hombre es principio fundamental, el

panorama de la organización y convivencia social, asi como el significado y papel de las FOP, s cambia

sustanciafaaente. Estos regímenes están básanos en un sistema de diálogo, de alcanzar soluciones tras «1

mismo, de respeto a las opiniones de los demás, de llegar a la concordia ínter-humana a través de la

aceptación y com-preristón mutua. El bien común es el que marca los limites de la autoridad, y ésta se

ostenta en tanto en cuanto conceden su voto y confianza a los por ellos elegidos. Las leyes que estas

autoridades populares hacen cumplir son las que, de igual manera, han sido aceptadas activamente por el

consenso de toda la nación, o las que el órgano legislativo, auténticamente representativo» conforma. Las

FOP, s se limitan a recibir las órdenes de aquellas autoridades y de hacer cumplir estas leyes.

DeuMcrada: Bel temor al respeto

Las FOP, s, bajo los principios que inspiran a la democracia, adquieren un significado muy diferente al

que tienen en un régimen autoritario. Su autoridad les viene del pueblo que es qúien,_ en definitiva, hace

las leyes a través de -us represntantes y eiige sus autoridades. En este orden de cosas, la Policía se siente

portadora dd mandato del pueblo para hacer cumplir la ley aceptada por la mayoría. Es consciente de que

en los etifren-tamientos callejeros los manifestantes son ciudadanos como ellos, que sólo accidentalmente

han tra:isgre-dido la ley, ya que, de no existir tal trasgresíóa, no hay enfrentamiento. Su profesión les hace

aceptar el que en estas acciones puedan ser insultados como representantes de estamentos superiores, sin

que por ello se sientan personalmente ofendidos, y en cualquier caso comprender que a elios, como

profesionales que son, no les está permitido dejarse llevaí por impulsos primarios o agresivos. El policía

se siente entonces un defensor de la sociedad, no de un régimen, ayudando y siendo útfl a esa misma

sociedad y no únicamente reprimiéndola.

No hay que pensar que en na régimen de libertad la* FOP, s han de ser débales o pecar de flaqueza. Por

«1 contrario, a mayor libertad, eoa mayor robustez, preparación y energía, en ocasiones, han de contar las

FOP, s. A muchos les resultará fácil recordar los años inmediatos al final de nuestra guerra civil, cuando

un pueblo atemorizado no osaba oponerse a las arbitrariedad** y abusos. Sin libertad las manifestaciones

populares están prohibidas, y si, a pesar de ello, se intentar llevar a cabo, se abortan con un previo

despliegue de fuerzas. Con libertad ios guardias no ofrecen temor, sino respeto y confianza. Su presencia

no acobarda al ciudadano, las manifestaciones se permiten y, como consecuencia, las grandes

concentraciones de masas. Estas, en un determinado momento, pueden infringir la ley y, sólo entonces,

entran en juego las FOP, s, que deberán desarrollar una gran demostración de capacidad, formación y

energía para encauzar, disolver y, en su caso, reprimir a los que alteran la norma. Su función se hace, de

esta forma, más difícil, y es por ello por k» qae resultan imprescindibles esas cualidades ya señaladas.

Las FOP, s, hoy

Resulta sencillo apreciar como nuestras Fuerzas de Orden Público han sdo céndicionaaas, formadas y

utilizadas, bajo la filosofía de un régimen autoritario. Sus mandas, procedentes del Ejército en la Policía

Armada, han sido cuidadosamente seleccionados, en su mayoría, «o cuánto a que su ideología sintonizara

con la del poder. Escasos son los que se han salido de efla, y cuando esto ha ocurrkio, inmediatamente se

les ha retirado de sus cargos.

Hoy un Gobierno que pretende responder a una imagen democrática tiene en sus manos unas FOP, s, que

sufren el trauma producido al entrar en conflicto sus condicionamientos y la distinta filosofía que

entrañan las nuevas órdenes.

No es la dimisión de Martin Villa lo que hay que exigir. Lo que urge es toda una reestructuración de las

FOP, s en España. Cualquier ministro que hoy se hiciera cargo de la cartera del Interior fracasaría si no

pusiera en marcha dicha reestructuración. Así, pues, lo que hay que pedirle a Martin Villa es que forme

unas Fuerzas de Orden Público que respondan a un país democrático o que deje su puesto a quien se

sienta capaz con decisión para llevar a cabo de empresa.

Salvador Farras

 

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