Autor: Attard Alonso, Emilio. 
   Clasificar posiciones     
 
 El País.    24/11/1976.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

EL PAÍS, miércoles 24 de noviembre de 1976

OPINIÓN

Hace tiempo que venimos reclamando la necesidad de que las posiciones políticas se expresen de modo coherente, correspondiendo las etiquetas a los contenidos, para que la libre opción de la ciudadanía pueda contemplar los diversos planteamientos, con lógica y claridad.

Como tenía que ocurrir y habíamos previsto, la llamada Coordinación Democrática está en crisis, en todas sus instancias, y no hacia falta ser futurólogo político para vaticinar que esto ocurría así dada su composición por partidos y subpartjdos, grupos sociales .y grupúsculos cuyos planteamientos utópicos serían impracticables cuando tuvieran necesariamente que realizar una labor constructiva.

Mientras tanto, los ex ministros del régimen han dado una lección de auténtica coordinación con su consorcio, que subsume el seudorreformismo de Fraga con la Unión Democrática de Silva, salvo las excisiones lógicas de los que de buena fe se han visto defraudados por sus líderes, y así quienes ayer eran antípodas suscriben su alianza con la Unión Nacional del ocaso de las ideologías que acaudilla Fernández de la Mora y la Unión del Pueblo Español, que abandona Suárez, que un día lo presidió, y, todos juntos y en unión, con el seudorregíonalismo parlamentario de la democracia que bendice López Rodó, más algún otro ex ministro y agregado que incluye al sector más ultra de ANEPA, han hecho causa común, olvidando sus viejas querellas, en las que otrora basaron su lucha por el poder, porque ya se lo están repartiendo de nuevo. Tratarán de recobrarlo, ahora si pueden y, si no hay más remedio, mediante los repudiados procedimientos electorales.

TRIBUNA LIBRE

Optan públicamente, como están en su derecho, por la «perfectibilidad» del sistema que ya gobernaron, pues sólo se reforma aquello que se quiere conservar, y Clarificar posiciones como tal es el denominador común de su pensamiento, hemos de celebrar que, sin tapujos ni falsas etiquetas, quienes son digan lo que pretenden.

El proyecto Suárez ha encontrado en el régimen de que dimana su contestación, antes de que la oposición coordinada replicase al reto de su planteamiento.

Es, sin embargo, paradójico que traten de explotar a su favor la temerosa reacción que causa el espectáculo del cambio y aun de los execrables crímenes, y-especulando con ello en su beneficio, como estadistas del pasado y del futuro, intentan capitalizar la crisis económico-política del sistema del que fueron autores y protagonistas principales; es algo así como si el pirómano abriera una póliza de seguro a todo riesgo para continuar, indefinida y perpetuamente, perfeccionando el monopolio del poder, lo mismo en la autocracia que en la democracia, como único medio de apagar el incendio causado. Es la nueva versión del trágico dilema: o nosotros o el caos.

Todos podremos concurrir al proceso electoral, si algún día es posible la comparecencia para el ejercicio de los derechos ciudadanos, con libertad y garantías de autenticidad; pero téngase en cuenta que, hoy por hoy, los aliados ya suponen una alternativa de gobierno porque donde tienen su fuerza es en las instituciones del pasado; es allí donde radican sus orígenes, reciben sus asistencias y cuentan con sus votos:

Creemos, sinceramente, que esta toma de posición ha contribuido, con especial claridad, al replanteamiento urgente de la necesidad imperiosa de que, sin máscaras ni disfraces, que no le van, ni a nadie engañan, surja

EMILIO ATTARD ALONSO

A bogado, ex presidente de la Academia Valenciana de -Jurisprudencia y Legislación, secretario general del Partido Popular Regional Valenciano, de signo derechista democrático.

una nueva derecha española que protagonice el sentimiento auténtico de un sector nacional, con espíritu abierto y dialogante, sinceramente democrático, que lleve la tranquilidad y la seguridad a quienes están anhelando la toma de posiciones claras y coherentes en el presente trance de confusión.

Su presencia política es la que constituiría la verdadera seguridad para muchas gentes que la están anhelando como garantía de ordenada convivencia en el proceso histórico al que estamos asistiendo; y lo mismo podríamos decir respecto a quienes, igualmente, desean esta seguridad en el cambio desde el área socialista, a la que, con todos respetos, no pertenecemos.

Cuanto ha tenido de beneficioso el consorcio de los ex ministros, que confiamos asimile y sume el espectro de opinión que comulgará con su planteamiento, se convertiría en perjudicial y dañoso para nuestro devenir histórico, si no sirviera, a su vez, de revulsivo para todos aquellos grupos o partidos y sus afines que, titulándose populares y democristianos o de inspiración cristiana, demoren el cumplimiento de un mandate histórico que les compete: la constitución de la federación que integre partidos nacionales y grupos regionales autónomos que tienen idéntico

denominador común, porque defienden en sus programas una concepción espiritual, cristiana y ética de la vida humana frente a la concepción materialista de la historia y se pronuncian por la libertad frente al totalitarismo de cualquier signo, son interclasistas y aceptan la reversibilidad del poder, aspirando a la devolución de la soberanía al pueblo español en base de un orden político-económico nuevo, democrático, que garantice la seguridad y la coexistencia de todos los españoles, con el necesario reconocimiento de las autonomías regionales.

Su presencia impediría la bipolarización que entraña el peligro de un bloque nacional contra un frente popular; creemos que sería la primera vez que la derecha española, escarmentada y civilizada, entraba en el juego de un régimen democrático.

Por el contrario, el posible triunfo en solitario de la alianza de los ex ministros en la contienda electoral —si antes no logra su acceso al poder por el entramado de las instituciones— seria incapaz de cumplir la garantía que ofrecen, porque jamás podrán lograr la superación de la ingente crisis económico-social que exige un consenso general que no podrán alcanzar las fuerzas continuistas del pasado.

Se equivocarían rotundamente sus adheridos y, en su caso, sus patrocinadores, si es que cuentan con la asistencia de la oligarquía económica del sistema, porque su victoria no sería integradora de la voluntad nacional ni serviría al fin pretendido.

Por el contrario, la constitución en su día de unas Cámaras en las que concurrieran: las fuerzas del pasado., si las aglutinan los aliados en su derredor, como seria lo más conveniente; las de signo socialista, si son también capaces de superar su fraccionamiento y, finalmente, una auténtica derecha en lo ideológico político y máximamente progresiva en lo social, federada entre sí y con todos aquellos que mantengan un sentido humanista, europeo y liberal, harían posible la superación de este difícil cambio de la autocracia a la democracia, jugando ordenadamente en un auténtico proceso constituyente.

Para conseguir todo ello tendremos que renunciar a los personalismos y liderazgos preconizados por mutuas intransigencias, bajo un título común, aunque los federados no adoptasen declaraciones confesionales, sin que ello constituya excesiva preocupación por homologaciones internacionales que vendrán dadas y aun disputadas en función del éxito de su indudable capacidad de convocatoria.

Si esto no lo sabemos entender así todos los que estamos en las áreas de dicha posible federación, puede acontecer que nuestra regresión política se retrotraiga a desdichadas coyunturas históricas que precisamente por incurrir en los mismos errores no supieron impedir los viejos políticos, de uno y de otro signo, y fueron desencadenantes de las situaciones conflictivas fraternas que deben ser irrepetibles.

Porque la seguridad que en exclusiva pretende ofrecer a los timoratos la séxtuple unión ex ministerial comportaría de nuevo la ruptura irreconciliable de las dos Españas.

Si no hacemos cuanto esté a nuestro alcance para evitar que la clásica derecha intransigente y montaraz, añorante de autoritarismos y conservadora de prebendas, se polarice en el continuismo de las perfectibilidades, tendremos tiempo de comprobar el error histórico político de cada uno de nuestros deleznables narcisismos egolátricos.

 

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