Autor: Fernández-Cuesta Illana, Nemesio. 
   Lo que no dice la OCDE     
 
 ABC.    29/06/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LO QUE NO DICE LA O. C. D. E

Por Nemesio FERNANDEZ-CUESTA

Ayer se hizo público el informe de la O.C.D.E. sobre España. No es mi propósito comentarlo.

Sólo subrayaré ta alusión • las inseguridades, principalmente de naturaleza extra económica,

que condicionan tat previsiones, y al peligro, no pequeño, citado asimismo por la O.C.D.E., de

una aceleración de la inflación.

Todo el mundo sabe que esto» Informe» anuales tratan de negociar» para limar al máximo las

ansias excesivamente criticas. Nadie niega ta seriedad y ta solvencia da las conclusiones d* lo*

expertos de ta O.C.D.E. at someter a examen la evolución de las economías de los países

miembros. Pero tampoco nadie desconoce lo* esfuerzos de las autoridades nacionales por

sonrosar los posibles pronunciamiento* más negativos, dada la valoración política da los

informes, dentro y fuera de la» fronteras. Si este año no M ha intentado habrá sido un error.

Incertidumbres políticas, económicas y sociales. He ahí algo que excede del campo de la

política económica. Hemos aseverado todos que nuestro* problema* son políticos. Son

necesario* cambio* institucionales profundos. El Gobierno para ejercer su autoridad sobre ta

economía debe poder ejercerla sobre la* demás parcelas de la vida nacional. Ya s* resolverán

las cuestiones económica* cuando las reforma* políticas se hayan consumado.

Estos planteamiento* encerrarían evidente lógica, si no estuvieran amenazados por la presión

de una realidad socio-económica, que vivimos todo*, de la que hablamos todos, pero que

oficialmente no parece preocupar con el mismo acuciamiento. Lo* precios serán una resultante,

un «recto y no una causa, pero si no atájame* la inflación cualquier polftíca económica se

construirá sotan arena* movediza*. Esto tenemo* qu* metérnoslo en la cabeza. 81 el índice del

cosí* d* U vida crece un 20 por 100 MI 1976, con una reactivación que pulsa aún

modestamente, no hay otra posibilidad que la de la cirugía económica.

Lo* economista* se enfrentan con un problema nuevo. Ante*, con el auge k>» precio* subían;

con ta depresión, lo* precio* bajaban. Ahora, crecen má* y más, •unqua la rece*)ón avanca. La

«eatanltaclon», es decir, la combinación estancamiento e inflación, requiere una terapéutica

diferente que aún no cuenta con recetas eficaces. Los, economistas afirman que están

desarmado* y que la política te* enreda Impidiéndoles actuar. Los político* piensan que no van

a suicidarse aplicando enérgicas estabilizaciones por muy necesarias que sean.

Lo malo es que cuando la gestión e* Incoherente y blanda, cuando lo* afane* políticos no dejan

tiempo al quehacer económico, I* situación se deteriora progresivamente hasta convertirse en

un factor político de primera magnitud. Desde luego el encarecimiento galopante de ta vida y ta

persistencia del paro no constituyen ta mejor fórmula para ganar unas elecciones.

Posiblemente lo sepa el Gobierno, pero también ta oposición.

De nada sirve alegar la falta de repnt* •entattvidad del índice del coste de la vid*. Es pobre

argumento y sobre todo múffl cuando hemo* encadenado su* variaciones a los aumentos

salariales, tanto por los convento* colectivos como por ta Ley de Relaciones Labórales. Creo

que el nuevo índice, basado en la actualización d* (a base de to* gastos de consumo familiares,

que hoy s« remonta a 1964, tendrá todavía alteraciones más fluidas, al dar más significación a

los «servicios», siempre más caro* —por intervenir má* e> factor humano— a medida que las

economía* s* desarrollan,

La política económica no ha de gravitar exclusivamente sobre el índice del coste de la vida. No

harían falta ministros, sino ordenadores electrónicos. Desdeñarlo, sin embargo, e* una

imprudencia qu* paat siempre su factura. La tocha dJarta y encarnizada por cada décima o

centésima tendrá o no profundo sentido, pero e* imprescindible, cuando *l indtc* d*l costa d* I*

vida, por poco representativo qu* sea, es et detonante de la espiral precio* y «atarios. Cuando

los producto* cuestan más caro* en el Interior de un pafa, má* tard* o má* temprano cuestan

máa cara» también Isa divisas extranjera*. Hagamo* política sin dar la espalda al pragmatismo,

*in olvidar qu», como Dio*, también **tá antre lo* puchero*.

Todo esto » lo que no dice al Informa d* ta O.C.D.E.—N. F.C.

 

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