Autor: Tierno Galván, Enrique. 
   La reforma constitucional     
 
 Informaciones.    20/03/1976.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

LA REFORMA CONSTITUCIONAL

Por E. TIERNO GALVAN

MUCHO se está hablando estos días de reforma constitucional, y lo cierto es que a los españoles que tienen, por lecturas o simplemente por edad, ciertos conocimientos y experiencia histórica, la fórmula le suena extraña por el contexto jnrídico-político en que se aplica. Más o menos estamos acostumbrados a entender que se reformaba lo reformable. Sin embargo, parece que se pretende reformar lo que en principio no admite reforma; dicho en otras palabras, si los cambios prometidos se realizan y se continúan por el camino que esos cambios abren, los Principios Fundamentales del Movimiento, que según los textos son inmutables, van a dejar de serlo. Es caso notabilísimo que no hay duda, resulta halagüeño para el sentido práctico y la confianza en el progreso de los- hechos de quienes quieren hacer la reforma, pero que va a dar lugar a graves contradicciones como suele ocurrir cuando se utiliza la ambigüedad para hacer de lo blanco negro o viceversa.

No seremos nosotros, digo los demócratas, más papistas que el Papa y estamos dispuestos a discutir sobre el cambio constitucional sin preocuparnos de que resulte dañada la inmutabilidad de los llamados Principios Fundamentales.

He dicho que estamos dispuestos a discutir y a participar y creo que pocos demócratas habrá que no acepten esta posición. Hoy, la reforma de la Constitución significa, quiérase o no, un cambio constitucional tan profundo que supone instituir una nueva normatividad expresada en estructuras que no están previstas en las antiguas leyes constitucionales. Hablamos de reforma, pero no creo que a nadie se le escape que hay un cambio y en el fondo una ruptura, puesto que el antiguo sistema se rompe y aparece uno nuevo. Asi ocurre que donde había una Cámara se pretende que haya dos,- al sufragio orgánico se le sustituye por el sufragio universal, etc.

Pero decíamos que ningún demócrata se opondría a participar en la reforma, cambio y ruptura, y esto debe aclararse para evitar que se entienda mal o que se tina la palabra participación del feo color que se añade a la claudicación o al conformismo. Siempre que se ha hablado de reforma constitucional desde el punto de vista democrático —me refiero a demócratas de izquierdas o de derechas—, se ha pensado en una reforma constitucional en la que participen todas las tendencias políticas que recojan sectores importantes de opinión pública e intereses que, en su día, son los que tienen qué orientar y, en su caso, definir el voto y el sentido del voto. De tal modo que una reforma constitucional realiza de sólo por un sector de las fuerzas políticas del país, no hay duda que es reforma, pero tampoco cabe dudar que es una reforma precaria y que deja abierto siempre el enigma de si está de acuerdo o no está de acuerdo con la opinión pública. Quienes asumen la responsabilidad dé hacer la reforma, sin contar con las diversas corrientes de opinión política que expresan las ideas comunes de la nación respecto de la nueva normatividad Jurídica suprema, asumen también la responsabilidad de intentar poner un remedio que resulte mucho peor que la propia enfermedad que padecemos.

Es verdad que en la legislación española tradicional se ha empleado la fórmula de que el titular de la Corona dijera que «en unión y de acuerdo con las Cortes del Reino actualmente reunidas hemos venido en decretal y sancionar» y sigue o puede seguir la expresión reforma, cambio, Constitución, etc. Pero cuando esto ha ocurrido, y se da tácitamente por supuesto y Jurídicamente habría que asumirlo asi, existía una legitimidad fundamental democrática desde cuya legitimidad la fórmula tecnia sentido.

Pero es escamotear la cuestión y no presentar las cosas claras pretender que las Cortes del Reino actualmente reunidas tengan legitimidad democrática. Nadie puede sostener esto y menos que nada los propios procuradores, pues por muchas razones son conscientes de que las Corte expresas la ideología y la práctica de un Estado no democrático y cuyos representantes más definidos y autorizados han rechazado repetidas veces Que tale» Cortes pudieran ser democráticas en el sentido que normalmente se admite la palabra. Es decir, eran las Cortes da un Estado autoritario que se realizaban en la democracia orgánica, o lo que es lo mismo, en la «democracia del autoritarismo.

Siendo así les cosas, si la reforma se hace por el titular de la Corona en unión y de acuerdo con las Cortes del Reino actualmente reunidas, se hace desde supuestos no democráticos y desde luego sin tener en cuenta las tendencias políticas que en el país predominan, que, evidentemente, no están representadas en las Cortes.

Este es un tema que a mí, y en este caso concreto puedo decir que a mi propio partido, nos parece de mucha gravedad, porque es tanto como enflaquecer, si no destruir, los proyectos de reconciliación y concordancia basados en un sistema a cuyas normas nos someteríamos todos para aceptar los criterios de la mayoría, criterios qué en cuanto demócratas aceptamos que son los mejores, porque son precisamente los mayoritarios.

REFERENDUM Para que la reforma realmente sea un cambio y satisfaga al país no basta con que después de hecha se consulte con el país. El referéndum no es un principio para legitimar lo que en su origen no está legitimado. Quizá los plebiscitos puedan tener este sentido, pero en el Derecho constitucional, el referéndum se admite que se refiere a leyes respecto de cuya legitimidad originaria y procesa] nada puede decirse. No se trata, por consiguiente, de que el conjunto de la nación diga que sí o que no a lo que unos cuantos españoles que asumen tal privilegio decidan sobre la Constitución futura.

Es menester que, de un modo u otro, los sectores políticos más Importantes, los técnicos de mayor capacidad e Incluso fuerzas sociales cuya importancia nadie puede ignorar, opinen sobre la reforma y cambio que a la larga implica ruptura. A juzgar por lo poco que se trasluce y por lo que es dable conjeturar conociendo personalmente o por referencia a quienes componen la Comisión de reforma, se puede inducir (y creo que no tengo que aclarar que digo esto con el mejor respeto hacia esas personas, ya que cuando opino sobre estos temas no salgo del plano objetivo), que va a ser una reforma insatisfactoria y hay algunos datos concretos que me permiten sospecharlo así. Por ejemplo, él sistema no proporcional que parece que va a ser el que se aplique, reformando la ley Electoral de 1907 que ha sido la que ha mencionado el señor ministro de la Gobernación en su última intervención en Televisión Española.

No habrá sistema proporcional, sino un número de circunscripciones, pongamos que entre 150 y 200, que las Cortes aprobarán y estas circunscripciones elegirán un número concreto de representantes Igual para todas. Desde luego, ningún profesor de Derecho Constitucional Ignora los problemas que trae consigo la representación proporcional, pero tampoco ignora el cupo de favor, que en circunstancias como las actuales, el sistema contrario supondría para quienes por razones de la concentración del Poder están en situación de privilegio electoral. Otro ejemplo también notable se refiere al peculiar bicameralismo que al parecer se Intenta imponer. Me parece que en este caso estamos rozando con el absurdo pues, por lo que cabe conjeturar, se piensa en una Camara baja, elegida por su caracter democrático y una Cámara Alta que herede a las personas y una parta de las instituciones o residuos institucionales del Régimen autoritario. Si esto es así y ambas tienen poderes decisorios en lo que se refiera a la iniciativa y creación de las leyes, es pretender que perros y gatos convivan apaciblemente, o si se prefiere que autoritarismo y democracia se concierten en una quimérica mezcla feliz.

Uno de los ejemplos que tienen más relieve y que son más acuciantes es el caso de las reglones. No parece dudoso que una gran parte del país está esperando que se resuelva para siempre y en el ámbito constitucional este problema. No hay criterio unánime respecto del modo, pero parece que hay una cierta unanimidad en cuando al tema y, en líneas generales, en la necesidad de darle una solución que esté dentro del ámbito de la Constitución. Por mi parte, he propuesto hace tiempo una Cámara de las Regiones que no seria una Cámara federal, pero si una Cámara en la cual las distintas regiones pudieran discutir los problemas propios de su ámbito y presentarlos a la Cámara de Diputados. No es cuestión de justificar aquí este criterio, pero en muchos sistemas de Estado unitario, aunque de estructura constitucional plural, se sigue este procedimiento. Desde luego, no es más que una opinión, pero es una. opinión sobre un tema que no va a quedar resuelto en la sobre camara de residuos del pasado, sino que se pretende, al parecer, parodiar al Senado de la Constitución del 76.

la verdad es que son momentos que "Junto con un gran. tacto, hace falta tino, y atinar consiste en este caso en coincidir con lo que el pais realmente quiere, entendiendo que lo que quiere no es quimérico o inutil por lo extremoso. Hay que admitir que después de cerca, de cuarenta años de autoritarismo, es inevitable que la tensión ideológica suba y la exageración tienda a ser un, elemento casi normal.

Desde luego, esto hay que evitarlo, pero no por pretenderlo hay que caer en la Idea Inaceptable de que los españóles, que por instinto histórico, por Instinto de clase, por educación y por el alto grado de saber político que en estos últimos tiempos todos hemos adquirido, seamos espectadores Interesados, aunque ajenos, del proceso de contrucción del sistema, constitucional que vía a regir nuestra vida en el futuro, Es inaceptable, y yo diría, que es un gravísimo error, porque es producir algo que se va a discutir siempre y que nunca va a tener titulos suficientes para poderse mantener desde la. legitimidad Jurídica ni política. Además es muy probable quiza seguro, que quienes están confeccionando para, el pato la horma en la que quieren meterle, la hagan mal por desconocimiento de las medidas y por ese peculiar modo de desconocer las cosas que es el engaño que nace de nuestros propios Intereséis. La reforma constitucional que el pais pide hoy es una reforma concordada que exprese la coincidencia y el acuerdo en las ideas y en los Intereses más Importantes y por consiguiente más generales. Ha de ser al menos en cuanto mínimo consensns, que permita, con el tiempo, su afianzamiento corno consensus general. Para lograr esto hubiera sido mejor llegar con rapidez a los partidos políticos, reformar sustancialmente las Cortes y proceder después a la reforma constitucional. Eso de escribir con rengiones torcidos para que las cosas salgan derechas es condición que sólo suele atribuirse a la divinidad.

Por cuestiones de espacio nos vemos impedidos de incluir esta semana en nuestra» páginas políticas la continuación del trabajo de Eduardo Freí ¿Lo que yo pienso de Chile», que aparecerá la semana próxima. Lo mismo ha sucedido con el análisis, dividido en tres partes, que nuestro colaborador don Juan Maestre realtea sobre la situación en el Sahara, contemplada desde el punto de vista de las repercusiones en Mauritania (ver INFORMACIONES POLÍTICAS de la pasada semanal, Marruecos y Argelia.

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8 INFORMACIONES POLÍTICAS

20 de marzo de 1976

 

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