Autor: Ruiz de la Elvira, José María. 
   La recta final de la reforma política     
 
 Informaciones.    15/11/1976.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

LA RECTA FINAL DE LA REFORMA POLÍTICA

SI no se Hubiera ya abusado tanto de — la frase, cabria decir una vez más, que por fin hemos entrado en la «recta final» El proyecto Suárez —cualquiera que sea su destino en las Cortes marca, en efecto, un punto de no retorno, imponiendo ana clarificación definitiva de actitudes al Gobierno, a la oposición extrasistema y a la oposición intrasistema

El Gobierno —cualquiera que sea el voto de las Cortes— no puede ya dar marcha atrás, so pena de perder el margen de credibilidad con que cuenta. No puede repetir el estéril ballet del primer Gobierno de la Monarquía —un paso adelante, dos atrás—, que se tradujo en su rápido deterioro y caída. Se adivina en el presidente y en los miembros más significativos de su Gabinete una firme decisión de no retroceder por debajo de la línea de reforma democrática por ellos anunciada.

Esta línea puede parecer suficiente, excesiva o escasa, según las preferencias personales o de grupo. Lo que nadie sensatamente puede negar es que constituye un avance efectivo en el camino de la democratización y consecuentemente, si no hay miedo a la semántica, un choque frontal, una ruptura con el sistema, que se decía, erróneamente, atado y bien atado. En realidad, el sistema de las Leyes Fundamentales puede ser cortado de un solo tajo, en el punto decisivo mediante unas elecciones libres,,

La oposición extrasistema, esa extraña oposición ni legal ni ilegal, confirma con sus divisiones, sus vacilaciones, sus mediocres «rupturitas» internas, sus juegos semánticos, la fuerza potencial del proyecto Suárez, que no ha podido ser" condenado en bloque., porque efectivamente una oposición democrática no puede condenar en bloque un proyecto gubernamental que quiere crear un Parlamento elegido por sufragio universal.

La oposición intrasistema, oposición no ya legal, sino legalísima, institucional, tampoco puede retrasar en el tiempo el combate definitivo. Este combate que viene posponiendo —engañándose a sí misma— con pequeñas escaramuzas y algaradas. Si deja pasar esta ocasión de luchar en su terreno —la deliberación y voto en las Cortes de la ley de Reforma Política— ya no volverá a poder elegir ni el momento ni el lugar del combate. Tendrá que jugar, definitivamente en campo contrario. Quedará a merced de una inmensa ola democratizadora, que, una vez puesta en marcha (referéndum, elecciones), barrerá hasta el último vestigio de las instituciones autocráticas. Incluso, aunque parte de las fuerzas hoy representadas en las Cortes (una representación que, por lo demás, es solamente presunta), pudiera reagruparse en la retirada, es evidente que tendrá que hacerlo a la defensiva, en marcos que le son desconocidos y poco favorables, bajo otras advocaciones que no han sido nunca las suyas. El franquismo sociológico reagrupado en un gran partido de derechas es evidentemente una opción lógica y legítima. Pero la presunta eficacia política, y para empezar electoral, de los restos reagrupados del gran naufragio político del Régimen, con los mismos jefes, los mismos cuadros, las mismas consignas y las mismas canciones parece bastante problemática. Los restos maltrechos de un ejército en desbandada nunca han sido la punta de lanza de una nueva ofensiva.

Las novedades introducidas por la ponencia en el texto del proyecto Suárez parecen poco significativas y no desvirtúan su linea esencial.

Por José María RUIZ DE ELVIRA

Aceptando el texto de la ponencia « rechazándolo, las Cortes pondrían fin al franquismo legal. En -el primer caso, de una manera ordenada, correcta amortiguada en el tiempo (unos meses para instalar las nuevas instituciones), En el segundo caso, el choque Gobierno reformista-instituciones inmovilistas sería brutal y desordenado, pero llevaría a las mismas consecuencias.

Estas posibi1idades extremas -aceptación o rechazo— parecen, sin embargo, menos probables que la aprobación final de un texto enmendado, quizá por aportaciones de diverso signo. Cuantas más concesiones se hagan a las enmiendas (y algunas pueden ser incluso más reformistas que el proyecto), menos claridad se aportará al, tránsito, prolongando la ilusión de un «perfeccionamiento de las Leyes Fundamentales» y de un «desarrollo de las virtualidades democráticas contenidas en nuestras instituciones representativas».

Nada de esto es, en el fondo, verdad. Pero puede parecerlo durante unos meses más, para satisfacción incompleta de los ultras y para desesperación —retórica— de la izquierda. En realidad las cartas están echadas. El proyecto Suárez, incluso enmendado, es una carga en profundidad, colocada en los cimientos del sistema. Una vez que se haga estallar —aunque la colocación y detonación del ingenio se produzca por las vías correctas y perfectamente legales de las Leyes Fundamentales—, agrietará el edificio entero y producirá su desplome inevitable. No se puede casar el agua con el fuego, ni las instituciones autocráticas con las democráticas, unas elecciones limpias —e incluso medianamente limpias, como es presumible— darán lugar Inevitablemente a anas Cortes constituyentes que considerarán lo que quede de las instituciones en ese momento como simples materiales de derribo.

El Gobierno, una vez que las Cortes aprueben su proyecto, quedaría atado por él, sin duda gustosa y sinceramente atado, pero sin posibilidad de reconsiderar el tema, en caso de arrepentimiento. Lógicamente, el triunfo de su proyecto en las Cortes no será el último paso de su programa político, sino más bien el primero significativo en la nueva dirección: la negociación con la oposición extrasistema —con intentonas tácticas de diversión y división, por supuesto—, el distanciamiento y la frialdad con las instituciones, ya residuales. la búsqueda y acotamiento de un campo propio de actuación, etc., se Inscriben en la línea lógica de desarrollo de la ley de Reforma Política, aprobada en estas condiciones.

S5 para el Gobierno la aprobación de su proyecto sería un punto de no retorno, para la oposición extrasistema supondría la necesidad de optar definitivamente por una política concreta. De la oposición-denuncía se pasaría así a la oposición-programa. a la oposición-opción concreta, realizable.

Todas las ironías sobre "a «sopa de siglas» y las «instancias» no pueden enmascarar el hecho fundamental del último año: con todos sus errores, la oposición democrática ha hecho acto de presencia con una pujanza moral e -ideológica indudable: la amnistía. las Cortes constituyentes, las elecciones limpias, los derechos de las regiones y pueblos de España, los derechos del hombre, etc., han sido bazas ganadas una a una por la oposición democrática, que las ha impuesto a la conciencia colectiva y al Gobierno, si bien todavía de una manera imperfecta y limitada. Para el observador desapasionado está muy claro dónde debe buscarse el motor del cambio.

Sin embargo, a partir del momento en que el proyecto Suárez ha recogido, en el plano Imperfecto de la realidad gobernable, una significativa parte de la entraña del proyecto democrático, parece como si la oposición se hubiera «vaciado». Da la impresión de tener poco que decir. Con la ley de Reforma Política aprobada, la oposición extrasistema deberá operar una reconversión inevitable.

Para la oposición intrasistema, la ley de Reforma Política sería el fin de las ilusiones y de las ambigüedades. No podría ya Su parte más moderada y recuperable seguir con los juegos de palabras. Tendría que tomar el tranvía en marcha y buscarse un hueco, aunque fuera —previsiblemente— en el estribo.

Del protagonismo oficial de las instituciones franquistas se pasaría al protagonismo real de los grupos políticos, todavía no legales. Muchos nombres desaparecian prácticamente de los periódicos. La ruptura del reformismo y las instituciones, ruptura hoy disimulada por la semántica y los últimos cantos de sirena del momento del voto en las Cortes, estallaría a la luz del día.

Para el Gobierno y para las oposiciones, el comienzo de una nueva etapa política, sin otras conexiones con el pasado que las puramente rituales, está a la vuelta de la esquina.

 

< Volver