No es posible volver atrás     
 
 ABC.    11/06/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

NO ES POSIBLE VOLVER ATRÁS

Con escrúpulos de juridicidad, que no son ciertamente rigores jurídicos, las Cortes se han negado a la

aprobación de la reforma de ciertos artículos del Código Penal y han remitido el proyecto, en vía de

retorno, a la Comisión de Justicia para que esta Comisión, con estudio más detenido, elabore un nuevo

texto que, en su día, regresará a la consideración de las Cortes.

Pasados los primeros momentos de inevitable decepción, solamente hay que lamentar la demora que este

rechazo impone en el ritmo formal del proceso de evolución política hacia la democracia. Nada más,

porque la evolución, el cambio político, el avance democratizador es irreversible. Hecho que no ignoran,

naturalmente, los votantes contrarios a la aprobación que pudo lograrse ayer en las Cortes. Y es

lamentable que la obstrucción a la reforma del Código Penal, en materia tan concreta y política, se haya

producido en tiempo inoportuno y en circunstancias inadecuadas.

Invocar la sustantividad jurídica del Código Penal, cuando la invocación se refiere a los clásicos y

prácticamente inmutables djelitos que constituyen en todos los países y en todas las ¿pocas su contenido

principal, es una actitud; invocarla referida a esos otros delitos o faltas que adoptan distinta definición en

GU articulado de acuerdo con orientaciones políticas circunstanciales y transitorias, es otra actitud

distinta, aunque sea también procedente y legítima.

Escribimos con el sencillo planteamiento que reclama la comunicación con la opinión pública; no, desde

luego, en línea de ensayo jurisprudencial. Y lo que hoy entiende la opinión es que se podía perfectamente

haber aceptado la reforma porque en el espíritu comunitario, en la opinión social, el Código Penal estaba

ya reformado en esta materia desde la aprobación, por las Cortes, de la ley reguladora del Derecho de

Asociación Política.

Nada se ha detenido, aunque algo se retrase. Contra la afirmación democrática de la norma asociativa no

es posible volver. Entonces se impone ahora la máxima celeridad posible para consumar la reforma del

Código Penal. Pojque sí hay condicionamiento alguno incompatible con el orden jurídico ese

condicionamiento es el de la incongruencia. Y ahora, estamos en fase de evidente incongruencia: ¿será, al

tiempo, lícito el partido X, porque una ley constitucional lo admite, y punible porque el Código Penal ¡o

rechaza?

«Todas las leyes pueden y deben ser modificadas e, incluso, derogadas —dijo t:ite las Curtes el ministro

de Justicia— cuando así lo exijan los condicionamientos de la sociedad y del bien común.»

Eatt clara doctrina la entiende muy bien la opinión pública. El condicionamiento social y de bien común

es precisamente, de ahora en adelante, establecer k congruencia, el paralelismo permisivo, entre el Código

Penal y el reconocimiento legal del derecho de asociación política. O sea, reformar los artículos del

Código Penal que ya no pueden ser vigentes.

Y el Código Penal se reformará en esta materia. La premisa mayor, por mucha Que sea la esencial

trascendencia de un Código, sigue siendo la organización de la convivencia ciudadana con respeto a loa

derechos v libertades que tienen los hombres de modo inalienable. Que se pueden, desgraciadamente,

negar, que pueden ser desvirtuados, limitados, mixtificados. Pero que no se pueden anular.

El avance hacía la democracia está en marcha y en marcha continúa, pese a ocasionales traspiés.

 

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