Autor: Canals Vidal, Francisco. 
   El error de Fernando Suárez     
 
 El Alcázar.    25/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

EL ERROR DE FERNANDO SUAREZ

Hablando en nombre de la ponencia en las Cortes españolas, Fernando Suárez ha hecho afirmaciones muy graves en el plano político, y erróneas en el plano jurídico constitucional.

Su argumentación ha sido ésta: Nuestro ordenamiento constitucional establece el procedimiento para reformar las leyes fundamentales; la Ley de principios fundamentales del Movimiento Nacional es una de las que tienen este ´ rango; luego puede ser modificada y reformada por el mismo procedimiento que las otras. Afirmó incluso que la actual ley de reforma política deroga en uno de sus puntos, el referente al modo de representación, la ley de 1958.

El argumento tiene la misma estructura lógica que éste: La Constitución de los Estados Unidos de América establece en su artículo V el procedimiento para aprobar enmiendas constitucionales. Según este procedimiento se introdujo por ejemplo la ley seca, y según el mismo fue derogada después del triunfo demócrata de 1932. Luego por el mismo procedimiento podría derogarse el texto del artículo IV, Sección 4a, que hace preceptiva la forma republicana para todos los estados de la Unión; o bien la enmienda V, que declara que no se privará a nadie de su libertad o de su propiedad sino en virtud de un procedimiento legalmente establecido, ni se podrá expropiar sin justa compensación.

Con el mismo argumento de D. Fernando Suárez se podría demostrar que en los Estados Unidos de América podrían ser alteradas, por vía de reforma constitucional, las disposiciones de la enmienda I que establece que: «El Congreso no podrá .aprobar ninguna ley conducente a dar carácter establecido a una religión, o dirigida a. prohibir el libre ejercicio del culto».

En el texto de la Constitución. americana, principios que tienen carácter constituyente y jurídicamente dogmático en aquel sistema político, son enumerados junto con otros, evidente1 mente revisables sin qué se alteren los principios de la democracia americana.

No sería metafísicamente imposible, aunque es casi moralmente cierto que no ocurrirá así en la actual situación histórica, que América volviese a la confesionalidad de la vida pública, que tenía Nueva Inglaterra antes de la independencia, o que se restableciese la soberanía de

la Corona británica. No sería metafísicamente imposible; pero es cierto que los legisladores que quisieran realizar estas «reformas» quebrarían el sistema político originado en la Declaración de independencia, cuyo bicentenario se ha celebrado este año.

En España, los textos de carácter dogmático en el plano jurídico, los que expresan los principios originarios y constituyentes del Estado, están enumerados en el discurso por el que el Jefe del Estado presentó a las Cortes la Ley Orgánica en 1966. Puede allí leer la enumeración Fernando suárez, y deberá admitir que el carácter de «permanentes e inalterables por su naturaleza» es algo inseparable de la esencia misma de la legitimidad del 18 de julio. Esta legitimidad es la del Reino, según declaraciones explícitas, solemnes, y radicalmente decisivas en el plano jurídico constitucional. Según la Constitución de 1931 el Estado español sería republicano; según la de 1876, sería rey el Conde de Barcelona. Juan Carlos I es Rey según la legitimidad política nacida del 18 de julio de 1936.

Claro está que todas las cosas humanas son mutables. Por esto es evidentemente posible que en España pueda producirse, a través de la deslealtad la ruptura política. Con ello quedaríamos abocados, o bien a la república, o bien a una continuidad de la apariencia monárquica más bien análoga a la que se mantuvo por algún tiempo en Rumania cuando estaba ya el país dentro de la órbita soviética.

La monarquía católica, tradicional, social y representativa tiene, inmutablemente en el plano jurídico constitucional, por principios originarios y. constituyentes los que expresan «los ideales que dieron vida a la Cruzada». Estos principios están expresados principalmente en la ley de 1958, y son normativos para toda Constitución constituida.

Cualquier reforma constitucional que no sea leal a estos principios incurre en contrafuero; y si finalmente predominase tal reforma, entonces sí que habría que reconocer que se ha producido la ruptura. Sus consecuencias son previsibles y previstas, y no tardarían en ser trágicamente experimentadas por todos. También naturalmente por Fernando Suárez.

Francisco CANALS VIDAL

 

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