Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Acuse de Recibo     
 
 El Alcázar.    26/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LA VENTANA INDISCRETA

ACUSE DE RECIBO

LAMENTO desatender el ruego que me formula Miguel Primo de Rivera para que use el teléfono y no la pluma, pero por razones tanto atribúteles a la cortesía como al rigor, no puedo silenciar la extensa carta que ayer tuyo la bondad de dirigirme en estas mismas páginas. En este caso, además, he de unir, forzosamente a las razones de amistad y de respeto, otra ineludible en mi doble condición ideológica y profesional. Pues bien: sigo sin entender a Miguel Primo de Rivera, tal y como dije en una anterior anotación ("Nobleza, obliga", 18 de noviembre), y no le entiendo, quizás, porque se mueve en un confuso laberinto de inexactitudes, errores que, incluso, le llevan a suponer que yo pretendo meterle en la Historia con sus antepasados. Quede claro que no es así: soy exigente con las conductas e indiferente con las declaraciones. No he pedido que Miguel Primo de Rivera ingrese en la Historia. En la Historia se ingresa por méritos y no por herencias.

El mismo lo reconoce. Lo que a mi me mueve en esta polémica es un rigor doctrinal y un estilo de conducta.

Vamos, pues, a reducir los términos a su justo valor y a no perdernos ni en el ditirambo ni en la diatriba: el comportamiento de Miguel Primo de Rivera en defensa de la Ley de Reforma Política, constituye, se mire por donde se mire, una incongruencia. Una incongruencia porque, aunque él estuviese convencido de la bondad de la reforma, siempre le quedaría la duda, que es virtud intelectual, de que pudiera existir alguien que supiese que se le otorgó la ejecución de ese servicio en función de subrayar, con su egregio y entrañable apellido, un proyecto que desdice y contrapone aquellas tesis familiares que tantos españoles asumieron de buena fe hasta el extremo de ofrecer sus vidas por ellas.

Los tres objetivos básicos del pensamiento político de José Antonio —depurado con el tiempo y evolucionado hasta el instante de su muerte, en una radicalización admirable— condenan, tajantemente y por igual, a los partidos políticos, a los separatismos y a la lucha de clases. Su punto de mira, por elevación, es España, a la que concibe como un todo orgánico y para la que desprecia, por inservible y falso, el sistema liberal y parlamentario.

No soy yo quien establece comparaciones con el pasado, pero, ¿qué le induce a pensar que el sistema liberal restaurado será mejor que los anteriores?. Creo que se engaña, aunque él no se lo proponga: lo del 18 de noviembre no fue un sereno desarrollo del Sistema que nos legó Francisco Franco. Fue su rigurosa demolición.

Me he limitado a subrayar que no entendía al actual heredero de una estirpe gloriosa, que pretendía quitar, a su manera, la razón, en palabra y obra, al fundador de Falange Española. Es más: le invitaba a que explicase, con su indudable formación y solvencia, cuál es el entendimiento que del término "joseantoniano" puede hacerse en 1.976.

Pero a eso no ha contestado, aunque sume, en cambio, en su admirable carta, datos que son de sobra conocidos y tratados: la fragmentación falangista o la presencia en partidos políticos de respetables personalidades afines. Muy bien ¿y qué tiene todo eso que ver con lo que yo exponía?. También añade unos datos que, por pudor y respeto, no quise aducir.

Veamos: en la anotación anterior dije —y mantengo en todos sus términos— que en Miguel Primo de Rivera han coincidido altos honores y severos compromisos, que nacen de aquel amargo fusilamiento en las inmediaciones de una playa mediterránea. El añade otros datos, tan emocionante como notorios: el asesinato de su padre (Cárcel Modelo, en Madrid), la muerte de su abuelo en un hotel de París "aburrido de amar a España" y, el heroico sacrificio de su tío abuelo en las tierras africanas de Monte Arruit.

Pues bien: no había aludido a esos ejemplos pero, ya que mi interlocutor los exhuma, trataré de fijar el cómo y el porqué de aquellas gloriosas biografías: don Fernando Primo de Rivera y Orbaneja, cayó sosteniendo con sus hombres la trágica desbandada de Annual, donde murieron más de diez mil soldados, pero cuyo sacrificio mereció en el Parlamento el sonrojante y canallesco juicio de que "demasiado cara había costado la carne de gallina". ¿Desea Miguel Primo de Rivera que le explique cuál es el origen del desastre de Annual y las razones de aquella descomposición nacional que va desde 1.898 a 1936?.

Don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja murió de pena y amargura en Paris, abandonado, humillado tras haber sostenido, con sus nobles y recias manos, al Trono crujiente y luego de abrir para España una vía de esperanza nacional.

Murió sólo, mientras en España se refocilaban los gritos, le calumniaban, a voces, los políticos en el Parlamento y se le ofendía en la plaza pública. Era la vuelta al sistema liberal y democrático. José Antonio Primo de Rivera fue fusilado en Alicante, tras la sentencia dictada por un Tribunal Popular y murió por. defender, con gallardía una doctrina política superadora de las pugnas de los partidos, de la disgregación separatista y de la estéril lucha de clases. Por último, Fernando Primo de Rivera fue asesinado en Madrid, cuando los partidos, en nombre de la libertad se convirtieron en turbas vandálicas que arrasaban e incendiaban, por el sólo hecho de ostentar un limpio apellido y ser sobrino de don Fernando, hijo de don Miguel y hermano de José Antonio.

No: Miguel Primo de Rivera no tiene ninguna razón. La Historia se ha repetido y, como aconteció en 1.930, se vuelve a escupir sobre la imagen de otro Dictador que recogió el pensamiento inicial de aquel joven y singular universitario y lo aplicó, con amor y con dolor, en servicio de los españoles. Miguel Primo de Rivera tendrá infinitas razones, que yo acepto, para defender la vuelta del sistema liberal y parlamentario. Tendrá sus razones, sí. Pero de ellas debe de extraer, de inmediato, la referida ideología.

Lo siento. Si él supone que por ser fiel a la memoria del fundador de Falange Española y leal al recuerdo entrañable de Francisco Franco, soy inmovilista, también se equivoca. En España el inmovilismo ha consistido siempre en que el Poder ha estado detentado por las mismas manos, como la cultura. Que Miguel Primo de Rivera no quiera alejarse temporalmente de esos círculos y arrostrar incomodidades o incomprensiones, es cuestión en la que no deseo intervenir.

Pero que nadie trate de defender lo indefendible o de explicar, a la luz de un criterio político, lo inexplicable, porque sería tanto como ignorar a cuantos, hombres y mujeres, fueron, son y serán, fieles a la cosecha que nacía tras el amargo fusilamiento de Alicante.

Antonio IZQUIERDO

 

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