Autor: Yáñez Barnuevo, Luis. 
 Ruptura democrática. 
 Ruptura negociada     
 
 Cambio 16.    12/04/1976.  Páginas: 2. Párrafos: 14. 

Ruptura negociada

Por LUIS YAÑEZ-BARNUEVO *

Cuando en la primavera de 1974 el PSOE acuñó el término y el concepto de ruptura democrática, no podía sospechar que dos años después dicha expresión estaría hasta tal punto arreglada que todo el mundo político se pronunciase en función, en favor o en contra, de la ruptura democrática (r. d.).

¿Qué es la ruptura democrática? Es la devolución al pueblo de su soberanía para que en uso de ella decida libremente el sistema político, económico, social y sindical que quiera darse.

Ello conlleva inevitablemente la apertura de un proceso constituyente, la derogación de la legislación que limita la libertad, la desaparición de las instituciones que impiden el ejercicio de la misma y" naturalmente, borrar las secuelas de la situación anterior como es la existencia de presos y exiliados políticos.

El término ruptura, por la connotación de romper, de violentar algo, ha sido ampliamente manipulado por la derecha para tratar de convencer de que los partidarios de la r. d. persiguen una salida traumática de la situación.

Nada más tejos de la realidad. La r. d. es la alternativa que ofrece menores riesgos de conmoción social, de caos o de anarquía. Si se utiliza la palabra ruptura es porque necesariamante en la transición de la dictadura a da democracia, que nunca es un camino de rosas, tiene que haber una solución de continuidad en un momento dado, porque no es posible, y las últimas semanas lo están demostrando, la evolución desde dentro de las instituciones autoritarias hasta convertirse, por un proceso de reformas,- en instituciones democráticas.

La política inmovilista, meramente continuista del sistema fundado en 1936-1939, había agotado sus posibilidades y ante el riesgo de una subversión violenta aparece el programa reformista, que se presenta como garante de la permanencia de lo fundamental, cediendo en lo accesorio. Esta política, personificada evidentemente en el vicepresidente primero del Gobierno y ministro de la Gobernación, señor Fraga, recuerda el despotismo ilustrado, pero en la décima potencia industrial del mundo y en la segunda mitad del siglo XX. Se trata de otorgar la democracia sin contar con el protagonista, el pueblo, controlando él proceso de tal forma que el resultado fina! sea una seudodemocracia y el poder siga siendo detentado por la misma clase que lo viene haciendo desde hace cuarenta años.

Era una política mezquina, guiada por el miedo, que estaba condenada al fracaso porque no contaba con el permanente desbordamiento de sus previsiones, no porque minorías subversivas se empeñen en hacerla fracasar, sino porque amplios sectores de la clase trabajadora y de ¡as capas populares, sin canales auténticos de negociación, no pueden esperar indefinidamente a que sus reivindicaciones

sean satisfechas, tanto más cuando la situación de deterioro económico hace angustiosa la situación de estos sectores.

Para colmo de no credibilidad de este proyecto político se coloca al frente de su realización a hombres que han demostrado reiteradamente su comportamiento antidemocrático, y se ignora, cuando no se fustiga y persigue, a los hombres de la oposición, es decir, a los demócratas. Difícilmente se podía construir la democracia con este trueque de papeles.

Curiosamente, el régimen autoritario está perdiendo la única justificación que históricamente tiene: el mantenimiento del orden público. En sólo tres semanas ha habido más muertos en la calle, más huelgas y manifestaciones que en los dos últimos años en Portugal, a pesar de las profundas transformaciones político-económicas que en este país se han dado.

Es decir, que la r.d. es la única alternativa que garantiza el tránsito pacífico, en orden, de un régimen autoritario a uno democrático. Retrasar este proceso entraña el grave riesgo de argentinizar España y no creo que nadie, salvo los extremistas, deseen la espiral de la violencia, secuestros, atentados, que comienzan a vislumbrarse en nuestro país.

Pero expliquemos por qué la r. d. es la única solución.

Hay una interpretación de la r. d., temida por los herederos del franquismo e incluso por un sector de la oposición moderada, y propugnada por algunas organizaciones de extrema izquierda, que vislumbran como inminente el derrumbamiento del Régimen merced a la rnovilización creciente de las masas que culminaría en una huelga general o nacional. El poder quedaría en manos de la oposición que constituiría un gobierno provisional que convocaría elecciones a Cortes Constituyentes.

Esta salida, fruto del voluntarismo de algunos grupos, es en nuestra opinión inviable en un plazo previsible, salvo que la situación se deteriorara gravemente. Los partidos y organizaciones sindicales

de la oposición democrática no tienen hoy por hoy fuerza suficiente para imponer sus soluciones al poder. Pero a su vez la derecha no tiene fuerzas ni consensus suficientes para estabilizar ningún proyecto político que ignore a la izquierda. Esta es la originalidad y el peligro de la situación que vivimos en España.

Para este impasse existen soluciones (Marx decía que la humanidad no se plantea problemas a los que no puede dar solución): la ruptura democrática negociada, que es preciso entenderla como un proceso dialéctico, en el que la conquista de parcelas de libertad por parte de, la izquierda (lo que ha venido haciendo los últimos meses) y la permanente presión popular, son condiciones indispensables. Esta dinámica iría convenciendo progresivamente al sector reformista e inteligente del poder, demócrata por necesidad, u negociar un calendario de cambios y el acceso a unas elecciones auténticamente libres (libertad de partidos, términos en que se realiza la campaña, elaboración del censo, medios de comunicación de masas, escrutinio) por sufragio universal secreto. La culminación de este proceso sería la apertura del proceso constituyente.

Se está especulando que este proceso sería posible si las organizaciones de clase trabajadora garantizan la paz social, controlan la calle y el centro de trabajo. El planteamiento es erróneo, no porque estas organizaciones rechacen el envite o porque no controlen en cierta manera estas movilizaciones, sino porque un pacto social sólo puede tener éxito en el marco de una negociación directa con los

trabajadores, en el contexto de una total libertad sindical Pero estamos convencidos que sólo estarían dispuestos a negociar si se habla de democracia auténtica que refleja en su funcionamiento el poder real de los trabajadores.

La ruptura democrática negociada es hoy aceptada o está en vías de serlo por las fuerzas políticas y sindicales de mayor peso específico en la oposición democrática (izquierda democrática, partido comunista, partido socialista obrero. CC. OO., UGT) que en los últimos días culmina un proceso de coordinación sobre la base de un programa mínimo. Este importante entendimiento se trata de presentar ya como un frente popular, despertando viejos espectros de enfrentamientos. Los frentes populares de los años treinta fueron alianzas defensivas ante el ascenso imparable del fascismo.

No es ese el planteamiento de la coordinación de la oposición democrática. No es una alianza ni un acuerdo electoral. Se trata únicamente de fortalecer medíante el entendimiento y la coordinación, la alternativa democrática para España. Una vez conseguido ese objetivo, los partidos y centrales sindicales de ese organismo unitario quedan libres para elaborar o no alianzas electorales.

Hace pocas semanas Fraga decía en el Club Siglo XXI: "El programa de reformas hará innecesaria la ruptura democrática". La suerte que está corriendo dicho programa hace cada vez más necesaria, con ese o con otro nombre, la ruptura democrática.

* Miembro del Comite Ejecutivo del PSOE. (Partido Socialista Obrero Español!.

 

< Volver