Autor: Fernández-Shaw, Félix. 
   Balance de un viaje real     
 
 ABC.    11/06/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

BALANCE DE UN VIAJE REAL

Muy positivo. En lo interno T en lo internacional. Por el Continente visitado. Por los países anfitriones,

cada uno con sus matices irrenunciables. Por lo que se dijo, por cómo se dijo, por dónde se dijo, por quién

lo dijo. En definitiva, no sólo por la imagen que se ha creado, sino porque la imagen, en b&te caso, ha

sido reflejo de una realidad. Lo que ya, de por sí. es trascendente.

Los medios de comunicación y los comentaristas políticos de los países visitados, españoles y

extranjeros, han tenido elementos suficientes para comentar y destacar conceptos, ideas o

simplemente frases. Tampoco nosotros podremos sustraernos a esta tentación en el futuro. No es fácil

encontrar en el mundo de hoy, sin adulaciones fáciles y demagogias vanas, un cuerpo de doctrina tan

coherente y tan sencillamente explicado y, lo que es más importante, representativo del pensamiento de

muchos millones de españoles. No ha habido círculo, a uno y otro lado del Atlántico, que no haya

podido identificarse con muchas de las justas palabras del Monarca español. Se tocaron temas políticos,

jurídicos, históricos, religiosos, económicos, sociales, culturales... No se ha hablado con reservas

mentales poraue no era necesario. Se han expuesto limpiamente unas coordenadas de trabajo presente

y de acción futura.

Pero todo se expuso con medida, sin embarullaaniento. Planificadamente. No hubo más repeticiones que

las insalvables. Para mí, la dosificación conceptual de las intervenciones, en razón de lugares y oyentes,

es una de las bases —tal vez inadvertidas— del éxito. Con muchos ingredientes existía el peligro de

que, al sazonarlos, resultaran demasiado sosos o excesivamente salados. El buen equipo que los

manejó dio muestra, ocasión tras ocasión, de tener un gusto refinado; no en balde se trataba de

profesionales, de oficio bien probado, con director experto al frente. De este viaje real, que rompió

moldes en tantos aspectos, habrá de seguirse hablando por algún tiempo. Cada uno desde su punto de

vista. Pero todos, por fuerza, con el común denominador del buen saber, hacer personal y la sencillez de

nuestros Reyes. De ambos. El peso de la tradición no les pesó; al contrario, sirvió para encarar con

mayor decisión intervenciones y conversaciones El pueblo norteamericano, a través de su Congreso

de representantes, tuvo fina sensibilidad de ello al dispensar, puestos en píe, un caluroso aplauso, aún

antes del discurso, al Rey de España, Don Juan Carlos de Borbón, descendiente directo de Isabel la

Católica. Aplausos que se produjeron cuando el representante de la dinastía más antigua de las

actualmente reinantes en Europa supo mostrarse como hombre de su tiempo, dejando testimonio de lo

que puede ser la Monarquía moderna que España necesita.—F, P. S.

Por Félix FERNANDEZ-SHAW

 

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