Autor: Fontes de Albornoz, Luis. 
 En las relaciones pesqueras con la C.E.E.. 
 Nos meten otro gol  :   
 (y de momento sin protesta por Madrid). 
 Pueblo.    08/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

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NOS METEN OTRO GOL

(v de momento sin protesta por Madrid)

BRUSELAS. (Especial para PUEBLO, por Luis FONTES DE ALBORNOZ.)

Ni cacerolas, ni historias. Pesca. Mar gruesa en el golfo de Vizcaya. Eso es lo único que hay. España no ha pedido ayer o anteayer al Mercado Común que levante ninguna -restricción a la entrada en Francia de «artículos de menaje en hierro o acero esmaltado», que es como los pudorosos (aduaneros llaman a las humildes cacerolas y a los tradicionales orinales. O mejor dicho, si lo pidió Madrid, pero no ahora, sino el 10 de mayo pasado. Ahora lo que hgi ocurrido es que lo ha publicado aquí la agencia Europa en su boletín diario del pasado sábado. Y esa es la actualidad del asunto de las cacerolas. Bajo el sombrero comunitario, los franceses habían metido otro gol a Madrid el 6 de abril, publicando, de escopetazo, en su «Journal Officiel des Communautees Europeennes». un «reglamento» mediante el cual autorizaba a París a imponer contingentes a la importación de los pacíficos utensilios españoles, con la excusa de que «la penetración» en Francia de cacerolas y orinales españoles estaba amenazando gravemente al mercado francés.

Los caceroleros franceses, suponemos, protestaron ante su Gobierno, y París, por razones seguramente inconfesables, hizo «comunitarizar» el asunto y consiguió que Bruselas tragase la pildora y publicase, el reglamento en cuestión, bendiciendo la decisión gala «a nivel europeo».

Madrid —magnífica lentitud la nuestra— presentó una nota de protesta un mes después en Bruselas, alegando, eso si. muchas cosas. Entre otras, que Francia no tenía razón; que la medida era desproporcionada, excesiva y fuera de todo sentido cuantitativo; que no se nos había informado previamente como dice e¡ acuerdo hispanocomunjtario vigente, y ijue, además, si se nos aplica á nosotros, ¿por qué no a los demás vendedores de lo mismo en el mercado fran-eés? hasta ahora, la callada comunitaria por respuesta. De manera que, en este asunto, como decíamos, nada nuevo.

PESCADORES.—Lo nuevo como todo el mundo debe saber ´ ya, está en la pesca y en la expulsión por los franceses —que tan buenos son y tanto nos quieren— de medio centenar de pesqueros españoles, que faenaban en aguas que internacionalmen-te son de todos, aunque franceses y comunitarios dicen que son suyas.

El problema —visto desde Bruselas— es que mientras los franceses empiezan a salirse con las suyas, nuestra preocupación que, según políticos y demás «entendidos» en la materia, es «vital», se queda en palabras. Nos echan y nos vamos, aunque, hace sólo un mes, el propio subsecretario de la Marina

Mercante dijera aquí, ante los informadores españoles, que los pesqueros deberían seguir pescando, y que ésa era su mejor manera de colaborar con el Gobierno frente a las imposiciones comunitarias.

NO HAY PROTESTA.—En Bruselas, en los centros comunitarios, dicen no haber recibido protesta alguna de las autoridades españolas por este asunto. Pero, y esto parece grave (por no decir

otra cosa), aprovechan el momento para añadir que hemos abusado de su comprensión y de sus buenas maneras, que ellos son también victimas, que ellos no tienen la culpa, y que los armadores vascos son unos rebeldes, porque no quieren entrar por el aro.

Y, efectivamente, no quieren los armadores vascos entrar por el aro. Siguen pescando, como antes, para colaborar con el Gobierno de Madrid, según les pidió el subsecretario de la Marina Mercante y tantos otros que, sin fuerzas para afrontar la dura y cruel realidad (la realidad siempre es dura y cruel, y en este caso mucho más), que es la ¡defensión de nuestros pescadores y la falta de peso internacional de nuestro país.

Así, hemos sabido que los armadores vascos se han negado hasta ahora "a aceptar el sistema comunitario de licencias para pescar en las aguas que siempre lo hicieron sus barcos. Ésta negativa se traduce en la no presentación a las autoridades de Madrid de las solicitudes para que éstas transfieran a las comunitarias, y éstas extiendan, las 124 licencias que, graciosamente, «nos tienen concedidas.

La situación, para concluir, es confusa, hasta el extremo. La impresión que da, desde aquí, es que ni una sola cañonera española va a salir para defender los famosos «derechos históricos» nuestros en estas aguas, que los comunitarios se han apropiado.

 

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