Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   La ruina     
 
 Informaciones.    20/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LETRAS DEL CAMBIO

LA RUINA

Por Jaime CAPMANY

YO lucho hasta que me maten. Esta decisión absoluta, definitivamente heroica la ha dicho A´" ´.´j^

Evangelista, que es un boxeador. Pero deberían empezar a decirla los políticos Naturalmente, en el caso

de la política, no se trataría de luchar contra un rival en el cuadrilátero de las doce cuerdas (aunque eso

vaya a ser el Parlamento dentro de poco si Dios no lo remedia), sino de luchar contra la realidad. Porque

en este momento el enemigo más feroz y encarnizado que tienen los políticos es precisamente la realidad,

exceptuando, claro está, a los políticos que —desde una u otra orilla— esperan que las cosas se pongan

tal mal que sólo un golpe de fuerza pueda enderezar la situación. Es decir, los políticos que pretenden la

salvación por medio de un totalitarismo de uno o de otro rostro.

Prescindiendo de esos políticos, el país necesita urgentemente convocar algo así como un consejo de

familia. Un consejo de familia que no debe dedicar sus sesiones a dimes y diretes y al quítame allá esas

pajas entre unos y otros, sino a salvar al país de la ruina que le acecha. Jiménez de Parga ha dicho en

Barcelona que !a crisis no es insuperable. Los términos negativos de la declaración ya son señal de

gravedad. "Vivimos momentos angustiosos, pero ta crisis no es insuperable y el Gobierno camina con

paso firme y con meta clara en el horizonte.» Esta segunda parte tal vez sea verdad, lo que sucede es que

el español de a pie no ve ni el camino, ni la marcha, ni la meta, ni el horizonte. Don Santiago Carrillo, en

su actual papel de custodio y ángel guardián de la democracia, ha dicho que nos estamos jugando, no el

fin de la derecha, ni del centro ni de la izquierda, sino el de la democracia, que, naturalmente, es el fin de

todo lo anterior.

Sería ocioso escribir aquí, una vez más, todos o algunos de los síntomas renovados de esa ruina que se

vislumbra. Las páginas de los periódicos están diariamente llenas de esos síntomas. Se anuncia que el P.

S. O. E. va a tomar la iniciativa de enviar a las Cortes un paquete de proyectos de ley para liquidar los

restos del franquismo. Ojalá propongan también las bases para la construcción de una España democrática

próspera, progresista y ascendente. Pero una España sin restos de franquismo y sin instituciones

democráticas que funcionen y una vida social y económica organizada, seguirá siendo una España

amenazada de ruina. El partido Liberal pide un esfuerzo para evitar esa ruina. Y don Luis Olarra lo ha

dicho claro: «El Gobierno no se decide a gobernar.» "Y a uno no le queda otro remedio que repetir su

canción como el papagayo del verso de Machado. Y empezar siempre con lo mismo: «Decíamos ayer.*

 

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