Autor: Rodríguez, Carlos. 
   La política y los días     
 
 Arriba.    20/09/1977.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

CARLOS RODRIGUEZ

LA POLÍTICA

y los días

Hoy, en el Congreso, Pleno sobre política exterior, con la atención de los ciudadanos y el deseo de que

nuestros parlamentarios remonten el nivel del pasado martes, que no en vano fue martes y trece, cuando

sólo los profesores Tierno y Fraga y el líder comunista Carrillo estuvieron a la altura deseable. Hoy, en

poli tica exterior, los españoles queremos oir explicaciones claras y rigurosas sobre temas del presente y

del futuro —e| Mercado Común, la OTAN, la cooperación con Latinoamérica, etc.— y no referencias

demagógicas al pasado, a los «polisarios» o a cosas por el estilo. Dejemos ya dormir de una vez el

avispero saharaui, en el que no tenemos nada que ganar y mucho que perder.

La jornada de ayer transcurrió con un punto de inquietud. Hubo rumores para todos los gustos,

inquietudes e incluso rotundas voces de alarma, que parecían reforzadas por las advertencias de Carrillo

en Barcelona: «Puede quemarse la democracia». También se comentó la inequívoca afirmación del

teniente general Gutiérrez Mellado, a su regreso de Méjico: «El Ejército apoya al Gobierno y todo lo que

sea legal». El matiz tiene importancia y debiera hacer reflexionar a algunos y atemperar ciertos

despropósitos verbales, que sólo pueden conducir a duras reacciones.

Se aprecia también una especie de «guerra de programas», algo así como una prisa nerviosa por

reservarse iniciativas legales, como si con ellas no se quisiera atender al beneficio del país, sino a la

propaganda de cada partido. Y no es eso. Es natural que los programas de los partidos políticos, apenas

resucitados después de largas décadas de silencio o clandestinidad, tengan que ajustar y acomodar sus

programas a realidades que son muy distintas de las de hace cuarenta o cincuenta años. Es natural que las

derechas incorporen reformas sociales que, en el primer tercio, de siglo, hubieran parecido propias de

partidos socialistas. Es natural que las izquierdas atemperen virulencias revolucionarias, que serían

desmedidas en el actual nivel de desarrollo de nuestra sociedad.

Nada justifica una permanente exhibición de derechos de propiedad sobre programas de Gobierno, porque

su único y legítimo propietario es el conjunto de los ciudadanos. Adoptar proposiciones del adversario es,

precisamente, una elogiable muestra de ponderación y equilibrio.

VOTO DE CENSURA.—Estamos a favor del voto de censura, incluso antes de la Constitución. El

Gobierno no debe inquietarse por esa posibilidad fiscalizadora del Congreso, que existe en todas las

democracias, y que, si bien se analiza, no introduce ningún factor de inestabilidad. En el reciente «caso

Blanco», el partido UCD ha comprobado su propia capacidad parlamentaria. La distribución de fuerzas en

el Congreso es suficiente para asegurar un Gobierno razonablemente estable. La distancia que separa al

partido UCD de] PSOE —cuarenta y ocho diputados— es más que suficiente como para afrontar

cualquier moción en circunstancias normales.

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