Autor: J. A. M.. 
 El alcalde abandonó la comitiva en la calle Alcalá mientras la ciudad vivía un gigantesco atasco. 
 Los policías municipales tomaron Madrid durante el entierro de su compañero asesinado     
 
 El País.    23/12/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Dos mi! quinientos policías municipales -de una plantilla de 3.800- acudieron ayer al entierro de su

compañero Benjamín Diez González, asesinado por tres jóvenes, el pasado jueves, en Ciudad Lineal. Los

policías insistieron en llevar el féretro a hombros desde el cuartel del Conde Duque, en Arguelles, hasta el

cementerio de la Almudena, en contra de la opinión del alcalde,

El alcaide abandonó la comitiva en la calle Alcalá mientras la ciudad vivía un gigantesco atasco

Los policías municipales "tomaron" Madrid durante el entierro de su compañero asesinado

J.A.M.

A las dos se celebró una misa en el cuartel del Conde Duque; lugar donde se había instalado la capilla

ardiente. Estaban presentes el alcalde, José Luis Alvarez; todos los cargos municipales más relevantes, los

familiares del guardia urbano muerto y miles de compañeros del cuerpo, muchos de ellos uniformados.

Una vez terminado el responso, el féretro fue sacado a hombros y conducido por las calles de Carranza,

Sagasta y Genova, hasta desembocar en la plaza de Colón. Allí se originó el primer enfrentamiento entre

alcalde y policías. El primero pidió que el féretro fuera introducido en el furgón funerario, a lo que los

segundos se opusieron rotundamente. En ese momento, unos cien policías motorizados abrían paso al

cortejo, sin respetar, según testigos presenciales, ninguna norma de tráfico.

Los motoristas invadieron los dos sentidos de la calzada, haciendo sonar las bocinas continuamente.

Detrás iba el féretro, cubierto con una bandera nacional. A continuación, los familiares, y más atrás, y

antes del furgón, el alcalde y los delegados municipales.

Al llegar a la calle Goya, cruzada transversalmente por otras de gran densidad de tráfico, los policías

cortaron la circulación en todos los sentidos, con lo que el atasco alcanzó proporciones muy importantes,

teniendo en cuenta, además, que al ser fin de semana, y coincidir con las vísperas navideñas, la

circulación sufre ya una congestión natural.

El punto álgido del enfrenta-miento entre policías y alcalde se produjo al llegar a la intersección de Goya

con Alcalá. Minutos antes, al cruzar el cortejo frente a la sede de Fuerza Nueva, menudearon los gritos de

Viva Franco y Arriba España, que, al parecer, fueron coreados por un sector de los policías municipales.

En la calle de Alcalá, el señor Alvarez pidió de nuevo que el féretro se introdujera en el coche funerario.

Se originó una fuerte discusión, en cuyo transcurso el mismo féretro que contenía los restos mortales de

Benjamín Diez fue zarandeado. Los motoristas dispusieron sus motos en círculo en plena calzada e

interrumpieron el tráfico durante casi una hora. Al final, el señor Alvarez, visiblemente excitado, prefirió

abandonar la comitiva. Un periodista de EL PAÍS que insistió varias veces en conocer su opinión sobre el

desarrollo del entierro, recibió primero un escueto «no quiero decir nada en este momento», y después le

volvió la espalda. El señor Alvarez tampoco pudo ser localizado por la tarde en el Ayuntamiento.

El cortejo continuó su marcha a pie. Al llegar a Las Ventas, un capitán de la Policía Armada, que

comandaba un jeep estacionado allí, intentó de nuevo que el cortejo continuara utilizando el furgón, y

tampoco tuvo éxito. Ya con los ánimos más calmados, los policías municipales siguieron andando,

atravesaron el puente de la M-30 y llegaron sin más incidentes al cementerio de la Almudena, donde se

procedió al entierro del señor Diez en un ambiente triste pero más relajado. El acto terminó

aproximadamente a las 4.30 de la tarde.

Mientras duró el entierro Madrid sufrió un colapso total de tráfico, favorecido, además, por el hecho de

que muchos agentes de la circulación recibieron permiso de abandonar sus puestos para participar en el

mismo. Por ejemplo, el trayecto del microbús que cubre e! itinerario Atocha-plaza de Castilla en un

tiempo habitual de 45 minutos, invirtió ayer casi dos horas. Algunos conductores de vehículos privados

decidieron descender de sus coches y ponerse a dirigir el tráfico ellos mismos. En la avenida del

Generalísimo, una señora se dedicó a dirigir, como si de ana orquesta se tratase, el concierto de claxons

de los irritados conductores.

Por su parte, fuentes de la Policía Municipal trataron ayer de minimizar los hechos, argumentando que el

colapso se debió en su mayor parte a las fechas navideñas en sí, y no a los incidentes del entierro.

 

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