Autoridades y representantes de la Magistratura, marginados por la violencia física y verbal de los ultras. 
 La ultraderecha acaparó el funeral y el entierro del magistrado Mateu     
 
 El País.    18/11/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Autoridades y representantes de la Magistratura, marginados por la violencia física y verbal de los ultras

La ultraderecha acaparó el funeral y el entierro del magistrado Mateu

Los constantes gritos de este grupo de personas, tales como «Gobierno, asesino» y «Ejército, al poder», o

sus cánticos, concretamente el Cara al Sol, rompieron el clima de respeto y de recogimiento propio de la

ceremonia religiosa que se celebraba en el interior del templo. La tensión aumentó todavía más cuando el

féretro con el cadáver del señor Mateu fue sacado del templo e introducido en el furgón que debía

trasladarlo al cementerio de Nuestra Señora de la Almudena. Grupos de ultraderecha corrieron hasta el

furgón y lo rodearon, mientras seguían con sus gritos insultantes al Gobierno.

Colocados en primera fila, relegando a un segundo plano a los familiares del finado y a los representantes

de la Magistratura, los grupos de ultraderecha iniciaron tras el furgón el recorrido a pie hasta la plaza de

Colón, donde se despidió el duelo. Mientras tanto, las autoridades asistentes abandonaron el templo por

una puerta lateral, fuertemente protegidas por la fuerza pública. Los insultos contra dichas autoridades

fueron constantes, mientras algunos individuos forcejearon con la policía tratando de llegar hasta ellas.

El funeral corpore insepulto se inició poco después de las once de la mañana. A la llegada del féretro,

conducido a la iglesia de Santa Bárbara por iniciativa de los hijos del finado, una parte del público que

llenaba la iglesia y los grupos que se encontraban en el exterior prorrumpieron en aplausos y

pronunciaron diversos gritos. Uno de los oficiantes pidió con energía que se guardase silencio y

compostura, ya que «la casa de Dios es para orar y para la paz».

La viuda e hijos del magistrado asesinado ocuparon los primeros bancos, así como varios ex ministros de

Justicia, entre ellos Raimundo Fernández-Cuesta. En lugar preferente del altar presidía el funeral el actual

ministro de Justicia, Landelino Lavilla, acompañado de los altos cargos de su departamento. Al otro lado

del altar se encontraban los miembros de la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo, el presidente del

Consejo General de la Abogacía, Antonio Pedrol, el fiscal del Reino. Juan Manuel Fanjul, y los

presidentes de las audiencias Nacional, Territorial y Provincial, así como miembros de las carreras

judicial y fiscal. Entre el público asistente se encontraban varios militares de uniforme, entre ellos tres

generales, algunos parlamentarios, representantes de partidos políticos y los líderes de extrema derecha

Blas Pinar, presidente de Fuerza Nueva, Sixto de Borbón, José Antonio Girón y el antiguo ministro Utrera

Molina. Mientras tanto, los gritos de los que estaban fuera constituían el telón de fondo del funeral que se

estaba oficiando.

Fue a la salida del funeral cuando agredieron al abogado Antonio Rato. Varias personas se acercaron a él

y le golpearon e insultaron, siendo protegido por un policía de paisano adscrito a la Audiencia Nacional y

por el abogado Antonio Muñoz Perea, yerno de Blas Pinar. Por otra parte, estos grupos aplaudieron el

paso de los militares que salían del funeral, a la vez que gritaban «Ejército al poder» y «dictadura

militar». Poco después, el senador por Madrid Manuel Villar Arregui, que también asistió al funeral, tuvo

que ser protegido por más de una docena de policías armados, al ser reconocido por varias personas,

quienes se dirigieron hacia él en forma amenazadora, gritando «fuera, fuera».

En el cementerio de la Almudena, donde el cadáver del magistrado señor Mateu recibió cristiana

sepultura, hacia la una de la tarde, volvieron a repetirse los gritos contra el Gobierno y los de «Mateu,

presente» por parte de muchos de los asistentes. Un hijo del finado dio el grito de «Caídos por Dios y por

España». Tras el rezo de un responso, los asistentes cantaron, brazo en alto, el Cara al Sol.

 

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