Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Señales de alarma     
 
 Informaciones.    15/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LETRAS

DEL CAMBIO

SEÑALES DE ALARMA

Por Jaime CAMPMANY

HACE exactamente tres meses que Ios españoles elegimos en las urnas a los representantes deI pueblo.

Ante diputados y senadores se extendía un anchísimo y largo campo de trabajo. Había que remover, que

desbrozar, que limpiar, que erar y que sembrar. Todo había que rehacerlo, desde la Constitución hasta la

reforma de la empresa, desde las grandes leyes a la estructura del más pequeño Ayuntamiento, desde las

autonomías regionales hasta los sindicatos. Había que trabajar, estudiar y legislar con prudencia, pero con

prisa.

Los señores diputados han empezado a preparar, con cierta parsimonia que amenaza en convertirse en

lentitud insufrible, un borrador de Constitución. Congreso y Senado están todavía sin Reglamentos. Las

comisiones enmiendan y examinan con tranquilidad que raya en la cachaza. Se han consumido dos tardes

de Pleno en averiguar si un señor diputado o si un agente de la autoridad insultó primero, dio primero o

denunció primero, antes que el otro en uno de los ya normaIes alborotos callejeros. Mientras tanto, las

fuerzas de orden público no se atreven a detener a quienes viven fuera de la legalidad y se jactan

públicamente de ello. La situación en el País Vasco rebasa con mucho las circunstancias de un estado de

excepción. El paro sube. Los precios ascienden. Las cifras de la economía adquieren caracteres

espeluznantes.

En tres meses, un millón de letras protestadas por valor de 130.000 millones de pesetas. Las pequeñas y

medianas empresas mueren. Muchas de las grandes están al borde del colapso. Los empresarios rechazan

cualquier ´amnistía laboral, piden moratorias, piden dinero prestado a sus propíos obreros. SÍ alguien,

objetivo y desapasionado, nos dijera que nos estamos cargando el país, sería difícil demostrarle que

quedan muchos clavos a los que agarrarnos con esperanza fundada.

Cada día la Bolsa señala nuevos mínimos. Declaraciones como las que, desde su conocimiento de experto

re* conocido e Ilustre, ha hecho e! señor Fuentes Quintana: «La Bolsa debe servir de cauce para el ahorro

popular», suenan a poema romántico. Dondequiera que se dirige la vista, «e ven desgarrones, rotos,

troneras. Ni slquera somos capaces de encontrar provisionales remiendos o de aplicar apresurados

corcusidos. Las señales de alarma suenan, desde hace muchos meses, y ya tenemos los oídos

acostumbrados a soportar los decibelios. Empezar a gobernar en serio, ¿para cuándo?

 

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