A paso de carga     
 
 Diario 16.    22/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

A paso de carga

El otoño político comienza bajo el signo de la confusión. En el ciudadano medio —el proverbial hombre

de la calle— cunde el desaliento y se arraiga la impresión de no saber dónde estamos ni hacia dónde

vamos. Y no demasiado diferente es lo que piensan y lo que dicen políticos de diferentes partidos. Las

elecciones no fueron, por supuesto, la varita mágica que dejara consolidada de ´ una vez para todas la

democracia ni que resolviera para siempre los problemas heredados. Los hechos están demostrando lo

difícil que resulta sacar democracia de unas estructuras autoritarias que en gran medida permanecen

intangibles: no hay prestidigitador que con un simple juego de manos y al grito de "¡aleop!" saque

democracia de donde no la había.

El mismo Suárez, que durante el prímef año de su mandato sorprendió a la afición con su audacia y sus

golpes de efecto, parece haber perdido el control de la situación. Su conocimiento del entramado

franquista le permitió antes avanzar con seguridad y rapidez. En un tiempo récord salió del oscuro

callejón en que había metido a la operación reforma el tándem Arías-Fraga, cambió el estilo, superó

tabúes y eludió con pericia el cerco de los franquistas y las crisis provocadas por el terrorismo, llegando a

las elecciones.

Por el contrario, ahora da la impresión de andar a tientas y a trompicones. Su ritmo se ha,hecho moroso,

pesado y nadie sabe muy bien dónde va y dónde nos lleva. Su eficacia, más o menos efectista, brilla por

su ausencia y a cualquier observador político se le pondría en un aprieto si se le pidiera un balance de lo

realizado por el Gobierno centrista en estos tres meses. La autonomía provisional catalana que pareció iba

a estar conseguida antes del fin de agosto se empieza a pudrir (¡oh, profetice Benet!) en una compleja

negociación a varias bandas; el problema vasco está donde estaba; nadie sabe qué pasa con el programa

económico...

También podría el Gobierno haberse convertido en el motor de !a acción parlamentaria como sucede en

cualquier país, pero incluso en ese terreno el partido mayoritario se deja quitar la iniciativa y en vez de

activar la redacción del reglamento del Congreso plantea escrúpulos perfeccionistas. Un reglamento que

tenía que haber estado aprobado hace un mes se nos promete ahora para dentro de diez días. Y no

digamos nada de la Constitución, que algunos temen no veremos antes de dos años. No hace falta asumir

el sombrío papel de Casandra para concluir que si las bases institucionales de la democracia no están

echadas antes de fin de año, la democracia puede quedar asfixiada en el nido.

Los sectores de la extrema derecha que no han renunciado a la argentinización del país, han encontrado

en esta confusión el ambiente apropiado para levantar cabeza: las bombas han vuelto a real0izar su

criminal tarea, los grupos paramilitares fascistas empiezan á mostrar su entrenamiento y los incontrolados

siguen actuando a sus anchas como seguros de su impunidad. En el plano más estrictamente político se

desencadena una increíble campaña contra el teniente general Gutiérrez Mellado y el derrotado Blas Pinar

tiene la desfachatez de querer acudir a TVE porque si lo pide Felipe González ¿por qué no lo va a pedir

él? Dedicididamenté los franquistas desconocen el significado de los votos.

Suárez se equivoca si cree que, como en otras ocasiones, va á conjurar estos peligros y estas amenazas

apareciendo otra vez en TVE. Por supuesto que hace falta información y dada por quien tiene autoridad y

no por portavoces sin responsabilidades, pero lo que tiene que hacer Suárez es gobernar de una vez y no

posar ante Jas cámaras. El país necesita que cada día se aborde y se resuelva un tema, que se avance a

paso de carga por el camino de la consolidación de la democracia. Reiteramos lo que ya pedimos desde

aquí: un calendario acordado por las Cortes y el Gobierno en que se fijen las fechas en que ambos poderes

se comprometan ante la opinión pública a dejar resueltos los diferentes problemas. Y a cumplirlo. Sin

perder el tiempo en absurdas acusaciones mutuas de si el PSOE copia al Gobierno o viceversa. En política

no hay derechos de autor. Sólo los hechos imponen su razón.

 

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