La responsabilidad del gobierno     
 
 ABC.    09/10/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA RESPONSABILIDAD DEL GOBIERNO

Cuando, por razones de pacífica convi-vencia social, por el afán de lograr una absoluta reconciliación

nacional, el Con-greso de Diputados prepara una propues-ta prácticamente unitaria en materia de

amnistía, y cuando todo apunta para el logro casi inmediato de determinadas au-tonomías, entre las que se

encuentra la del País Vasco, llega a conturbar esas premi-sas, establecidas trabajosamente para la

consecución del final de unas violencias de índole política, la noticia del asesinato del presidente de la

Diputación de Viz-caya y de dos de las tres personas que le acompañaban.

Indudablemente hay intereses bastardos, que no son los de España toda ni tam-poco los propios del País

Vasco, que bus-can imposibilitar, a cualquier precio, la completa convivencia nacional, el estable-

cimiento de una autonomía justa, pacífi-ca y beneficiosa para los intereses regio-nales y para los intereses

generales de la nación. Indudablemente, también su últi-mo crimen se ha revestido de las circuns-tancias

agravantes precisas, de cobarde premeditación y alevosía, como para pro-vocar una reacción represiva

indiscrimi-nada por parte del Gobierno, como para desestabilizar no sólo el talante democrá-tico del

mismo, sino su necesaria sere-nidad.

Por ello cabe subrayar la oportunidad del comunicado que los representantes de los distintos partidos

políticos, reunidos con el presidente Suárez en el Palacio de la Moncloa, han suscrito apoyando al Go-

bierno en su responsabilidad de poner fin a los actos de terrorismo, condenando el triple asesinato y

comprometiéndose a tra-tar con urgencia de la elaboración con-junta de un proyecto de ley de defensa de

la democracia contra las acciones te-rroristas.

Pero con todo esto no basta, aunque pueda establecerse como principio para la puesta en práctica de una

acción más con-tundente y más eficaz que la llevada hasta ahora a cabo por el Gobierno en gene-ral y por

el Ministerio del Interior en particular. No cabe dar píe a que se pien-se, con indudables razones de peso,

que el camino del perdón resulta ineficaz frente a quienes ni ío quieren ni lo acep-tan. Ni a que se

mezclen, en la misma de-nominación, en idéntico saco, a todos los vascos, situando en tela de juicio la

opor-tunidad de la amnistía y de la normativa autonómica. El Gobierno, que cuenta ahora con un respaldo

absoluto por par-te de todas las fuerzas democráticas del país, que se debe a éste como guardián de la

democracia v valedor de la misma, ha de mostrar la contundencia de su acción, ha de emplearse a fondo

en el tema de la represión del terrorismo, abandonando po-líticas contemplativas, casi de inhibición,

DOM1NGO. 9 DE OCTUBRE DE 1977.

porque así lo precisan los ciudadanos, es-pecialmente los de 1as provincias vascas, que son quienes más

sufren, y no sólo por cercanía, los actos criminales de los te-rroristas.

La sociedad española en bloque, a ni-vel popular y en sus representaciones po-líticas, ha repudiado esta

última vio-lencia asesina, este criminal atentado que ha supuesto tres víctimas y exige del Go-bierno la

caza y captura de los asesinos, consciente de que más que a la persona del presidente de la Diputación

vizcaína, lo que éstos buscaban era acabar con el or-den democrático que tanto el Gobierno como la

oposición se han comprometido a defender, en beneficio de la paz.

Acaso, en la conciencia de algunos dipu-tados, después del bárbaro crimen de Guernica, anide la duda de

si debiera re-dactarse de nuevo el texto de la proposi-ción de ley sobre amnistía. Acaso haya de meditarse

nusvamente si ésta debe apli-carse tan sólo a los delitos que no lo sean de sangre, a los que no signifiquin

la co-misión de asesinatos, sin establecer un precedente de olvido —como decíamos ayer, ajenos a la

tragedia que el día si-guiente nos iba a deparar—, de borrón y cuenta nueva aplicado a unos asesinos con

diversa coartada política.

Pero de lo que no cabe duda es de que el Gobierno ha de actuar sin más con-templaciones «políticas»,

consciente de que el país todo —con todos sus partidos— le respalda y así se lo demanda. Seríamos

hipócritas —como lo serían los portavo-ces que en la Moncloa han suscrito el co-municado de repulsa—

si condenásemos hoy el atentado, los asesinatos, pensando en que mañana los responsables serían

amnistiados.´ Pero no seríamos tampoco sinceros si no dijésemos que, en nuestra opinión, la

responsabilidad del Gobierno es absoluta y que si pretende permanecer ordenando los cauces

democráticos, ve-lando por su mantenimiento, debe asegu-rar por todos los medios a todos los ciu-

dadanos frente a la acción terrorista.

 

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