Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
 Carta abierta de Augusto Assia. 
 El terrorismo, único fenómeno mental moderno que no necesita causa     
 
 Ya.    30/08/1978.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

El terrorismo, único fenómeno mental moderno que no necesita causa

El asesinato del mercado de Santiago es sobrecogedor por la total ausencia de motivo

• "Grupos estrambóticos" aparecieron de la noche a la mañana como los monopolizadores del

pensamiento y aspiraciones políticas de Galicia

Querido director:

¿Va a pasarnos a los gallegos como a los ingleses, que asumían que la isla nunca podría sufrir los efectos

de la guerra o del terrorismo? "Eso aquí no puede pasar", decían por los felices años veinte los ingleses.

"¿.Contra quién va a ir el terrorismo aquí, si todos los gallegos, excepto don Pedro Barríe, somos iguales,

y don Pedro ya murió hace años, dejando su fortuna a una institución para el fomento de la cultura

gallega, la enseñanza, la ciencia, las artes?", pensaban hasta ayer mismo multitud de mis paisanos.

¿Pueden seguir pensándolo hoy? ¿Qué pensarán el resto de los españoles liberales que apoyan la

pretensión de los vascos para que el orden en Euzkadi sea encomendado a agentes vernáculos con el

argumento de que los que hablan vasco no matarán a los que hablan vasco? Manuel Vázquez Cacharrón

hablaba ¿gallego. Había nacido, hijo de labradores, sólo a veintitantos kilómetros de donde cayó con un

balazo en la nuez.

Como laníos otros fenómenos, el terrorismo puede tener una o varías causas, puro es el único fenómeno

mental moderno que no necesita tener ninguna transa.

El asesinato del mercado de Santiago es tan sobrecogedor precisamente por su total ausencia de motivo,

por su extravagancia sin límites y por el surrealismo demencial de que se encuentra rodeado.

Kafka nunca, pudo imaginar nada más absurdo.

El terrorismo de Alemania puede ser disparatado, pero tiene al fondo el palpitante rescoldo de la hoguera

nazi con sus tenebrosos complejos. Podrá parecer ocioso el terrorismo del Ulster, pero está alimentado

por la eterna incitación de las diferencias religiosas. En el mundo árabe la aparición, en su centro

geográfico, d« un Estado moderno y tremendamente dinámico, como el de Israel, puede explicar el

sentimiento de amenaza que conturba, la ecuanimidad de tantos árabes ya tentada por las escalofriantes

diferencias de clase, de oportunidad y de fortuna, que el petróleo no ha venido sino a aumentar y

encandilar.

Incluso en el País Vasco hay, comparados con los que existen en Galicia, no pocos y no de poco peso

motivos para explicar mucho de lo que está pasando.

Usted búsquelo por donde quiera, señor director, y usted no encontrará en Galicia la más remota

justificación para algo como lo que comenzó el lunes en el ubérrimo y apacible mercado de Santiago,

tocando prácticamente con los viejos muros del. viejo y querido caserón de la Universidad.

Desprestigio político

Matar a un guardia civil de la comarca que en su juventud trabajó como labrador y e» hijo de labradores,

une excepto cumplir con el deber que le impone la ley no ha hecho, que se sepa, cosa alguna, que tiene

una familia numerosa y una mujer apacible, elegir el foro público del mercado para el acto macabro,

cuando estaba hablando con su hermana, y desafiar los sentimientos de la entera concurrencia, ¿en qué

puede ayudar u nadie, a ninguna causa ni a Galicia?

Lo más terrible de todo ello, señor director, es que para quien está avezado a observar durante tantos años,

como yo observé, los procedimientos fascistas y los efectos que se derivaron de su derrota en Europa, en

Asia y en América (el peronismo en Argentina, el tojismo en el Japón, e! gauilismo en Francia, para citar

sólo algunos), lo más terrible que puede deducirse del insensato acto de Santiago es que aquí, en Galicia,

el terrorismo en vez de hijo de una fuerte, seria y profunda causa no sea hijo sino del ocio, la

inconsciencia y la frivolidad.

Todo lo que, desde el final de la dictadura, ha sido hecho alegremente aquí, en Galicia, es, señor director,

exactamente lo contrario de lo que había que hacer.

La Junta, aparte de una comedia, es un error tremendo que no ha hecho más que aumentar e! desprestigio

del sistema político y de la autoridad con la creación de un organismo ocioso e Innecesario que a los

gallegos estables y de orden no hace más que horrorizarles, mientras a los grupos disolutos y

revolucionarios sólo les sirve de objetivo para vapulear y atacar a mansalva los nobles y serios

sentimientos regionalistas. Aqui no había por qué formar una Junta ni otras zarandajas, entre otras razones

porque nadie sentía su necesidad y que, si se creó, ha sido antes para burlas que para darle satisfacción a

las verdaderas aspiraciones administrativas, cultrales y sociales de los gallegos.

Desde luego, señor director, aquí nadie se va a atrever a decirlo, ya que a los nías les paraliza el miedo de

que les puedan sacar su pasado franquista, pero el hecho de que la degradación del principio de autoridad,

al que han contribuido también las autoridades establecidas, y que la Junta ha llevado al éxtasis, es

probablemente una de las causas que alimentan la aparición del terrorismo en Galicia, que, a falta de las

diferencias de clase, de raza o de religión, no se ve qué otros estímulos pueda tener.

Estrambóticos grupúsculos

Por frivolidad en gran parte, en parte por complacencia y en parte por indiferencia, los "medios sociales

de comunicación", y no sólo ellos, sino la Universidad y hasta la catedral, han permitido, cuando no

fomentado, que un país como el gallego, profundamente conservador y amante del orden, el cual, en las

elecciones, no votó más que al Centro, a Alianza y a los socialistas, apareciera como país dominado por

una grey de estrambóticos e insignificantes grupúsculos, entregados al más delirante extremismo, que

entre todos apenas si habían reunido un puñado cíe votos, y de los que el número de sus afiliados en

pocos caso? llegaba a más de cien. Estimulados sobre todo por ciertos periódicos y la televisión, que

querían salvarse del "sambenito" fascista al precio barato de jalear fantasmas, tales pandillas aparecieron

de la noche a la mañana como los monopolizadores del pensamiento y las aspiraciones políticas de

Galicia. Sus notas, sus declaraciones, sus sentencias, casi siempre pueriles, son publicadas como si fueran

el Santo Evangelio, y sus lucubraciones teóricas como la última palabra eri la ciencia política.

El primero de estos grupos que apareció en el escenario eran unas denominadas "comisios labregas", que

fueron también las iniciadoras de un tímido terrorismo a través de intentos para impedir a los labradores

el acceso a los mercados por la fuerza, derramarles la leche en las cunetas o forzarles a que concurrieran a

bloquear, con los tractores, las carreteras. " "Pois decirle que traigan tatúen un crego, porque como venan

eiqui, ou eles ou eu, imos a ter precisión de confesarnos", le contestó un labrador de mi pueblo a los que

le traían un recado de que¡ o se presentaba con el tractor donde la habrán mandado, o las "comisios" ven-

drían a buscarlo.

Pero mientras los labradores supieron reaccionar contra la curiosa y peligrosa organización, que fue la

que trajo las gallinas del terrorismo a Galicia, los periódicos, la televisión y la radio la halagaban y las

autoridades provinciales se hacían, temerosas, lus distraídas.

Perder la serenidad

Entre unas cosas y otras, en tin, Galicia ha sido conducida al mercado de Santiago.

En un pueblo tan sólido, ni un acto tan escalofriante debe sel suficiente para que perdamos la serenidad.

Nuestra mejor arma contra el terrorismo ha de ser la ecuanimidad de los gallegos que aman por igual la

libertad y «1 orden. La continuidad en la indiferencia, la complacencia y la frivolidad, que han sido hasta

ahora nuestras compañeras de viaje, tienen ya poco lugar en nuestros bagajes, do todos modos. La

coincidencia de cuatro atentados idénticos en cuatro puntos distintos de la Península es demasiado

significativa, por otra parte, para que podamos tomar los gallegos a humo de pajas al acto kafkiano del

mercado de Santiago. Esto, por un lado. Por otro lado, señor director, la escena del mercado señala quizá

que un pueblo tan pacífico, tan desacostumbrado a la violencia, tan inmergido en las prácticas de la

convivencia pacífica, en vez de un instrumento ideal contra el terrorismo pueda ser una víctima ideal.

De usted afmo. amigo y servidor,

Augusto ASSIA

 

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