Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Los cerros de Úbeda     
 
 Informaciones.    20/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LETRAS DEL CAMBIO

Los cerros de Ubeda

Por Jaime CAMPMANY

YA están diciendo algunos, y tal vez con cierta razón, que se está haciendo de menos a las Cortes.

Acabamos de estrenar el sufragio universal, y a esas Cámaras, que son la representación de la soberanía

popular y que tienen la alta misión política de legislar y de fiscalizar la labor del Gobierno, llegan los

asuntos amasados ya y ya cocidos en otras cámaras más redu c i d a s, en otras reuniones a puerta cerrada,

a las que no tienen acceso ni los representa n t e s del pueblo, ni los informadores, ní los curiosos que

quieran asistir a los sacros oficios en el templo de las leyes. Parece que cada vez más, el Congreso de los

diputados y la asamblea de los senadores son un conjunto de extras o de comparsas, a quienes sólo está

reservada la misión de votar conforme a los pactos previamente establecidos. D ¡ c e n, incluso, que

algunos padres de la patria se enteran por la Prensa de lo que van a votar el día siguiente. Caben, sí,

algunas sorpresas pintorescas: el voto al P.C. del diputado gitano de la U.C.D., o la broma del voto a

Camuñas o a Calvo Sotelo para presidentes del Congreso al amparo de las votaciones secretas.

Como no hay debate parlamentario, el electorado —el personal que .dicen los nuevos castizos— no se

entera de las razones de cada uno. Lo de las votaciones previstas es un hecho normal en un régimen

parlamentario. El partido o los partidos en el Gobierno votan a favor del Gobierno, y la oposición vota en

contra. O, algunas veces, votan también a favor. Lo que pasa es que antes se ha producido el debate, y

todos pueden juzgar el valor de los argumentos de unos y otros. Ese juicio de valor condiciona el

resultado de las siguientes elecciones.

Lo malo no es que se esté legislando y gobernando al margen del Paríamento. Es que, por lo que se ha

visto hasta ahora, en el Parlamento no se parlamenta, no se discute, no se debate. Los portavoces de los

partidos leen un discurso escrito sin conocer los argumentos del anterior. Un diputado hace determinadas

afirmaciones, y el siguiente no las rebate, ni las comenta, sino que lee otro discurso en el que para nada se

tiene en cuenta las afirmaciones del anterior. Es un ejercicio permanente y curioso del método Ollendorf.

Cada cual sale por los cerros de Ubeda. Después, se vota según el acuerdo pactado. Y el presidente

levanta la sesión. El paríamentarismo puede conducir a un exceso de oratoria hinchada y grandilocuente.

Este sistema de la lectura lleva a la recitación de una serie de monólogos, o a un diálogo entre sordos. A

la sucesión política de los cerros de Ubeda.

 

< Volver