Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Inquisidores     
 
 Informaciones.    19/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LETRAS

DEL CAMBIO

Inquisidores

Por Jaime CAMPMANY

ESTA visto que éste es un país donde florecen, silvestres y bordes, los inquisidores. Unas veces, el

inquisidor se llama fray Tomás Blas Pinar y Torquemada, y otras veces se llama don Tomás Alfonso

Torquemada y Guerra. Fray Tomás Blas se siente depositario exclusivo de la verdad permanente e

inalterable de la España eterna. Don Tomás Alfonso se ha constituido en dispens ador excluyente de

avales democráticos y en fulminador implacable de anatemas antidemocráticos. Cambia la ortodoxia,

pero la mentalidad y fa soberbia son las mismas. Fray Tomás Blas se dedica a rastrear heterodoxos de la

anti-España, y don Alfonso Tomás se ocupa en perseguir a los herejes de «Montañas nevadas». Fray

Tomás Blas trinaba en las Cortes orgánicas contra los conjurados que traían, por ejemplo, la libertad

religiosa, y don Alfonso Tomás truena en el Congreso inorgánico con t r a cualquier seuísta que haya

cantado de niño el «Prietas las filas», aunque haya traído la libertad política. Los dos son el mismo

personaje, sólo que en dos actos distintos de la tragicomedia del «Ruedo Ibérico» o de «Celtiberia show».

Pero ¿por qué le tendrá don Alfonso Tomás Torquemada y Guerra esa manía al «Montañas nevadas»?

Cuando los hombres de mi generación eran niños, a unos les anudaron un pañuelo rojo al cuello y los

pusieron a cantar el «Somos pioneros», y a otros les dieron una camisa azul y les enseñaron a cantar el

«Montañas nevadas». Lo que no les dio nadie, ni a unos ni a otros, fue la posibilidad de elegir entre el

pañuelo o la camisa, entre el «Somos pioneros» y el «Montañas nevadas». Aquí, ya se sabe: lo normal es

que nos bauticen a cristazo limpio o que nos afilien a ritmo de marcha. Y en cuanto le permiten a uno que

rece para su coleto o que cante lo que quiera, aparecen los inquisidores, con sus anatemas grandilocuentes

y con el fuego en los ojos para encender hogueras bajo los pies de los herejes.

Yo creo que don Marcelino Menéndez y Pelayo se equivocó. En este país los peligrosos no son los

heterodoxos. Los heterodoxos suelen ser gente liberal y respetuosa de la opinión de los demás. Los

ortodoxos son los fanáticos, los perseguidores, los excluyentes. Alguna vez habrá que escribir la «Historia

de los ortodoxos españoles» y en uno de sus capítulos aparecerán, juntos, fray Tomás Blas y don Alfonso

Tomás. O más exactamente: el Gran Inquisidor fray Blas Guerra y Torquemada.

 

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