El ministro secretario general del Movimiento clausura el III Pleno del Consejo Económico Sindical, de Santander     
 
 ABC.    01/03/1964.  Página: 67. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

ABC. DOMINGO 1 DE MARZO DE 1964. EDICIÓN DE LA MANAN 4. PAG. 67.

EL MINISTRO SECRETARIO GENERAL DEL MOVIMIENTO CLAUSURA EL III PLENO DEL

CONSEJO ECONÓMICO SINDICAL DE SANTANDER

"El campo quiere que el engrandecimiento industrial vaya ligado a su propio engrandecimiento", dijo el

señor Solía en su discurso

Santander 29. El ministro secretario general del Movimiento, don José Solís Kuiz, ha clausurado en el

teatro Pereda el III Consejo Económico Sindical de la provincia. El ministro llegó esta mañana a la

capital, acompañado del vicesecretario general de Ordenación Económica.

En ia presidencia se hallaban las autoridades provinciales, y el teatro estaba completamente lleno dé

público.

En primer lugar fueron leidas las conclusiones aprobadas por el Consejo y a continuación pronunciaron

discursos ei delegado provincial de Sindicatos, el gobernador civil y el ministro.

DISCURSO DEL MINISTRO

El señor Solís. en su discurso, dijo, entre otras cosas, lo siguiente:

"Habéis estudiado problemas importantes y que a todos, a vosotros y & nosotros, nos afectan. Y habéis

señalado en vuestras conclusiones necesidades urgentes y apremiantes. Habéis estudiado vuestro turismo,

en cuya tarea fuisteis pioneros, y también habéis profundizado en el estudio de la agricultura y la

ganadería.

No os oculto que el campo siente preocupación en estos momentos y que desea no quedarse atrás. El

campo quiere qu« el engrandecimiento industrial vaya ligado a su propio engrandecimiento. No creemos

en una España grande sin un campo próspero; es necesario Judiar para elevar el nivel de vida de los

campesinos, y que los hombres que del campo viven no sientan la tentación de emigrar. Es necesario que

podamos colocar nuestros productos con ventaja en esta Europa que a veces sigue sin comprendernos del

todo.

Nos encontramos en una etapa, a mi juicio, difícil, y al mismo tiempo atrayente. Hemos salvado grandes

dificultades en el año pasado y nos enfrentamos con un Plan de Desarrollo con el que el Gobierno ha

señalado las líneas generales, pero creo no es suficiente con que dejemos a los órganos de la

Administración que lo pongan en práctica.

El Caudillo nos ha repetido muchas veces que quiere la participación sindical, y nos ha dicho que si no

tuviésemos un sindicalismo, teadríamos que inventarlo. Es precisamente para esta etapa de desarrollo para

la que el Jefe del Estado quiere que vosotros, trabajadores, técnicos y empresarios, asociéis vuestros

conocimientos y experiencias y que a través de los Consejos Económicos Sindicales seáis el verdadero

motor de este Plan, de cuya marcha y puesta en práctica debéis ser, asimismo, los vigilantes.

Como hombres representantes del trabajo, hombres responsables por tanto, debéis estar siempre atentos

para que nadie, ni el Sindicato, ni la Administración, ni ningún organismo ni empresa, pueda detenerse en

este momento tan importante para nuestra Patria, Fijaros que en muchas regiones los hombres tienen que

buscar trabajo muy lejos del pueblo que los vio nacer; fijaros cómo hombres cuya formación nos costó

esfuerzo y sacrificios dejan el rendimiento de su trabajo a otras naciones. Esta sangría tenemos que

cortarla con el Plan de Desarrollo.

Yo creo que aquí ha de hablar muy claro el sindicalismo, y creo que si tenemos paciencia podemos llegar

a perderla, sobre todo al contemplar que el trato que se da a España no es a veces ni justo ni cristiano. A

esas naciones que pretenden ignorar nuestras realidades conviene advertirles que puede llegar un

momento en que lleguemos a cansarnos de que su Prensa nos ataque permanentemente y de que sus

dirigentes no comprendan nuestra realidad política. Ya" sabemos que sus pueblos nos comprenden y nos

quieren, pero lo que no hay duda es de que existe una gran desproporción entre el cariño de un pueblo y la

acción de sus dirigentes políticos, y que es muy posible que éstos sirvan otros designios distintos a los de

la hermandad y la unidad que Europa está reclamando, y que no es, ni más ni menos, que la salvaguardia

de la civilización cristiana.

Pronto se cumplirán los veinticinco años del final de una contienda en la que hubimos de enfrentarnos

españoles contra españoles. Estos veinticinco años, que son ya historia, han limado muchas diferencias y

restañado muchas heridas. Y ahora tenemos que prepararnos para los veinticinco años futuros. La unidad

ha sido una de nuestras grandes conquistas, y a través de ellas podemos pensar cada día más en el futuro

político de nuestra Patria. Pero también queremos continuidad, porque en ella reside que todo cuanto

hemos conquistado puedan disfrutarlo nuestros hijos y también nuestros nietos. En esta continuidad

tenemos que ligarnos muy preferentemente los hombres del sindicalismo. Queremos un Sindicato

próspero y auténtico, cada día más libre, más real. Queremos nosotros, los hombres del trabajo, estar

presentes en la vida española a través de nuestras asociaciones. No queremos que nadie, en minorías fuera

de nosotros, pueda resolver los destinos que nos afectan directamente, sin nuestra participación, sin

nuestra presencia y en casos también sin nuestras exigencias.

Al igual que vuestro jefe provincial os felicitaba por la participación en esta Asamblea, quiero felicitaros

yo y deciros que vuestra entrega demuestra que nuestra Organización Sindical tiene la mayoría de edad

suficiente para que nuestro Gobierno delegue en nosotros muchas de las funciones que nos corresponden.

Quiero destacar cómo aquí se demuestra que no estamos solos en nuestras tareas. Nos acompañan los

hombres de nuestra Administración, que han venido a alentaros con su presencia, y a los que quiero

expresar mi sincero agradecimiento; agradecimiento que quiero hacer llegar especialmente a dos

representaciones: la del Ejército, que nunca falta cuando se trata de luchar por la Patria, y por la Patria

luchamos en este Consejo, y la de la Iglesia, ya que, en definitiva, nuestros esfuerzos están dirigidos para

el logo de una Patria en paz, en orden y justa, o sea, una Patria cristiana."

El_ Sr. Solís fue ovacionado en varios pasajes del discurso y al final.—Pyresa.

 

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