Incertidumbre     
 
 Informaciones.    21/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

INFORMACIONES

INCERTIDUMBRE

CON excepción de lo que se denomina, clase política, que vive con un auténtico empacho político

después del «hambre» de estos últimos cuarenta años, la incertidumbre alcanza niveles prácticamente

nacionales. Las interrogantes están en las bocas de todos los sectores sociales.

No es casual que sean empresarios y trabajadores, los dos principales factores de la producción, quienes

manifiesten esta inquietud de modo más evidente y palpable. Ligados directamente a la crisis económica

por su función en el proceso productivo, son los primeros en sufrir las consecuencias inmediatos de la

inexistencia de una política económica. Baste tan sólo indicar, para comprender su desazón y

desmoralización, que desde que se inició el proceso de salida del anterior régimen político, la situación

económica se ha agravado considerablemente. Hace dieciséis meses, el ritmo de inflación era del 14 por

100, ahora alcanza casi un 30 por 100; el índice de paro oficial oscilaba por los seiscientos mil

trabajadores, ahora anda cerca de los novecientos mil trabajadores; el déficit del presupuesto giraba en

torno a los 80,000 millones de pesetas, ahora camina por los 160.000 millones de pesetas; etc.

Todo ello se puede sintetizar en una progresiva disminución del margen de maniobra para hacer frente a

la crisis. Lo que se pudo hacer paralelamente a la salida política se presenta hoy como una ineludible e

insoslayable operación traumática. Y es por lo que no se acaba de comprender cómo en parte la clase

política vive de espaldas a la realidad del pan nuestro de cada día. Mientras se suceden tácticas y

estrategias de café, unos partidos contra otros y fracciones cada partido entre si, la población española,

profundamente inquieta, empieza a interrogarse sobre el porqué y el para qué de la democracia,

deslizándose suamente hacia posiciones de indiferencia política.

De esta falta de perspectivas, de esta ausencia de orientaciones, de la inexistencia práctica de una

administración desde hace largos meses —los empresarios pueden hablar claramente sobre ello— sólo

podemos salir con un Gobierno fuerte, respaldado por todos los poderes del Estado y que acometa la

realización de la serie de medidas técnicas que puedan empezar a sanear la economía. Sin todo ello, lo

demás serán soluciones a medias o parches político-económicos que no harían más que prorrogar nuestra

incertidumbre. Económica y politicamente, estamos necesitados de autoridad. O la imponemos

democráticamente o acabará imponiéndose por otro camino. Porque el principal problema de nuestra

crisis económica —como ocurría antes con el anterior régimen, por distintas rabones— es de orden

político.

 

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