Autor: Muro de Iscar, Francisco. 
   En el país de las maravillas     
 
 Arriba.    15/11/1977.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EN EL PAÍS

DE LAS

MARAVILLAS

Erase una vez un país que intentaba pasar de un régimen autoritario a un re* gimen democrático, s i n

MARAVILLAS que en el proceso se quebrara todo. Un país que había atravesado por la dramática

experiencia de una guerra entre hermanos y que después «e cuatro décadas no parecía dispuesto a repetir

la experiencia. Un país que vivió, durante mucno tiempo, y que gracias a| estuerzo de todos sus

trabajadores —impulsados quizá por la autoridad y la necesidad— llegó a estar en uno de los puestos de

cabeza del pelotón de las llamadas naciones industrializadas. Era un país extrañamente insolidario para

algunas cosas, de hombres duros y de raros protagonismos Capaz de lo mejor y también de lo peor. Un

país difícil de gobernar y capaz de aupar y olvidar a sus hombres en un suspiro.

Ese país inició la transición en uno de los peores momentos económicos de su última Historia. La crisis

económica, que era un fenómeno mundial, incidía, también sobre él. El cambio politico tenia que ser por

fuerza difícil y complicado, sobre todo porque no existían fuerzas políticas o sindicales organizadas y

porque había que cambiar muchas cosas. Un poco antes, alguien había dicho que «aquí han pasado

muchas cosas y van a pasar muchas más». Tenia razón.

Hubo elecciones generales y empezó a nacer la democracia. Un día, desde el poder se inspiró un «pacto

de concordia» para caminar con solidaridad y un pacto económico para que la solidaridad y la justicia

permitieran salvar la crisis. El país corría un peligro grave: que la crisis económica pudiera hacer

imposible la democratización. E| pacto se firmó por las principales fuerzas políticas de la nación y desde

el exterior se aplaudió con fuerza el acuerdo. Hubo, incluso, intentos de copiar la idea, porque ya no se

puede gobernar con facilidad cuando las fuerzas políticas se mueven en una gran igualdad electoral.

Todo parecía solucionado, máxime cuando las dos grandes centrales sindicales del país estaban

«próximas» a los dos grandes partidos de la oposición. Pues* tos de acuerdo Gobierno y oposición,

también podría haber un respiro para la economía y el mundo laboral.

Pero no fue así. Una oleada de huelgas y conflictos paralizaron al país durante varias semanas. Se per*

dieron miles de millones de pesetas para reclamar unos cientos y los presupuestos de «austeridad» que e|

Gobierno había presentado, se empezaban a ir al traste, antes de ser aprobados y puestos en práctica.

Alguien recordó la experiencia alemana de posguerra de trabajar una hora gratis cada día a favor del

Estado, pero no se le ocurrió ni siquiera hacer pública tal idea. Le hubieran lapidado. ¡Trabajar una hora

más... para el Estado! Se habló, eso sí, de gastar menos. Pero ante la inseguridad económica todos los

naturales del país prefirieron gastarse todo y vivir al día... por si acaso.

Se negociaron las huelgas, los conflictos, las diferencias. Los partidos guardaban silencio. E| Gobierno

mantenía su postura de no negociar nada fuera de lo aprobado por todos los partidos en el «pacto». En

medio de ese silencio, la economía se desangraba, los empresarios se llevaban su dinero a otras partes, no

había crédito para las empresas, aumentaban los expedientes de crisis... Eso empezó a afectar a la política.

Alguien soñó en este país con unas fuerzas políticas y sindicales solidarlas y unidas, al menos para

superar la crisis y como tema previo a cualquier discusión. El Gobierno no hacía uso de su autoridad. Los

partidos no querían comprometerse. Los ciudadanos comentaban las cosas y no hacían nada. Las centrales

sindicales sólo pensaban en cómo sacar más votos en las próximas elecciones sindicales.

Ese soñador tal vez vivía «en el país de las Maravillas». En España, desde luego, no.

Francisco MURO DE ISCAR

 

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