Una investrigación sobre el GRAPO     
 
 Diario 16.    06/12/1982.  Página: 1-?. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

EDITORIAL

Una investigación sobre el GRAPO

Ei telediario del mediodía comenzó ayer con un rótulo sobreimpreso, según el cual el grapo Martín Luna

había sido «abatido» por la Policía. El verbo tiene desagradables connotaciones cinegéticas que no se nos

ocurriría sacar a relucir, de no ser por las especiales circunstancias del caso.

Parece de sentido común que cuando se acorrala a un individuo en la puerta de una panadería, con una

ensaimada entre las manos, y cuando se dispone de un amplio contingente de hombres y de la ventaja del

factor sorpresa, las técnicas policiales permiten organizar el servicio de forma que el delincuente sea

capturado vivo.

Esto no significa que no haya ocasiones en las que todas las previsiones salten por los aires, como

consecuencia del impulso, a la vez suicida y asesino, de un sujeto peligroso. Martín Luna estaba, desde

luego, dentro de esta categoría y nada hay que objetar a su muerte, si con ella logró evitarse la de algún

agente del orden.

Una investigación sobre el GRAPO

Lo que provoca, sin embargo, la reticencia y el escepticismo del ciudadano medio no es este episodio en

sí, sino la sucesión a lo largo de los últimos años de sucesos casi idénticos. Hasta 12 miembros del

GRAPO —incluidos sus principales jefes, Delgado Codex, Collazo Araújo, Cerdán Calixto y ahora

Martín Luna— han muerto en los últimos tres años en incidentes descritos por fuentes oficiales como

«enfrentamientos con la Policía».

El hecho de que Delgado de Codex cayera como consecuencia de un único disparo, efectuado desde cierta

distancia por un tirador de élite, sin que los testigos presénciales le descubrieran arma alguna, y el hecho

de que en el mismo periodo de tiempo apenas hayan acaecido escaramuzas similares con activistas de

ETA, a pesar de su muy superior número de militantes, son factores que no pueden escaparse a un análisis

sereno y cuidadoso.

No es de extrañar que en determinados ambientes se haya propagado la leyenda de que existía el

propósito de silenciar al GRAPO, de forma que nunca llegue a conocerse toda la verdad sobre su oscuro

origen y sus terribles actividades. Las piruetas del destino han querido ahora que el último logro de los

actuales responsables de la lucha antiterrorista haya sido este servicio, en el que, según el telediario, era

«abatido» el último superviviente de los líderes históricos del GRAPO. Parece como si la diosa Fortuna

quisiera acompasar el mutis de unos y otros —y nadie vea en este símil la menor comparación entre

nuestros esforzados superpolicías y estos peligrosos asesinos— por el foro de la historia de la transición

democrática.

Somos conscientes de que lo cómodo y lo educado en la guerra contra el terrorismo es mirar siempre para

otro lado, con tal de que se produzcan resultados. Pero de la misma manera que no podemos por menos

que sentirnos estremecidos ante la divulgación de ciertas inapelables fotografías —¿pero cómo es posible

que en nuestra sociedad sucedan todavía cosas como éstas?—, tampoco queremos conformarnos con que

el «dossier GRAPO» reciba este tipo de carpetazo.

Por eso creemos que el nuevo Gobierno socialista debe abrir una exhaustiva investigación sobre tan

peculiar colectivo terrorista, partiendo del inestimable material que, según el ministro de Interior saliente,

debe permanecer intacto en los archivos policiales.

Se ha derramado demasiada sangre y se ha pagado un coste político demasiado alto por culpa del GRAPO

como para que no se sepa toda la verdad oculta, o, en su defecto, que no hay ninguna verdad oculta.

 

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