Autor: Schwartz Girón, Pedro. 
   Un ángel pasó por las Cortes     
 
 Diario 16.    24/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Un ángel pasó por las Cortes

El primer artículo de la nueva ley fundamental que acaban de aprobar las Cortes es elegante.

El idioma castellano ha sufrido mucho desde la guerra civil. Las expresiones contrahechas se agolpan a la memoria: escandallo, caudillaje, polo de desarrollo, concienciación, traumatizado, PNN es; duros castigos para el oído más insensible. En cambio, dice la nueva ley en su inicio: "Artículo primero.

La democracia, en el Estado español, se basa en la supremacía de la ley, expresión de la voluntad soberana del pueblo.

Los derechos fundamentales de la persona son inviolables y vinculan a todos los órganos del Estado." No se puede pedir más concisión y justeza.

El texto de la ley constitucional no sólo satisface por su forma.

¿Puede ser verdad que vayamos a votar en un referéndum que "los diputados del Congreso serán elegidos por sufragio universal, directo y secreto de los españoles mayores de edad?". ¿Dónde quedan el sindicato, la familia, el municipio, como cauces de la representación nacional? ¿Es posible que no voten sólo los "cabeza", sino todos los mayores de veintiún años?

Tan importante parecía todo esto, que hubo más de un político que proclamó que nunca ocurriría. Así, don José María Gil-Robles insistió hace poco que era inconcebible que los actuales procuradores se hicieran el "hara-kiri". Lo inconcebible ha tenido lugar y ahora don José María declara que, sinceramente, para él, la aprobación de la ley significa muy poco.

Pedro Schwartz.

En general, los líderes de la oposición se han mostrado mezquinos en esta hora de triunfo del Gobierno. Ya sé que el papel de la oposición es oponerse, pero hay veces en que la gravedad del peligro pasado debe hacer olvidar las querellas de partido. En este caso creo qué era oportuno el momento para aplaudir con deportividad: el triunfo del Gobierno es el triunfo de la oposición. Los ministros podían haber seguido disfrutando de sus puestos con la constitución existente.

Quienes necesitan la reforma como el aire que respiran son los partidos de izquierda. No la esperaban que tuviese en sí los gérmetan pronto, ni tan ampliamos de todas las extensiones que la mayoría del pueblo español considere oportunas. ¡Ay de mi amigo Gómez Llórente, que considera la ley recusable! ¡Ay, de don Manuel Azcárate, quien teme que frustre las aspiraciones del pueblo! Apenas algunas palabras amables de Joaquín Garrígues de Leizaola, de don Enrique Tierno.

En cambio, en las Cortes, donde el enfrentamiento de intereses era real, donde muchos poderosos se jugaban su futuro político, donde hubo profundas tensiones, pareció que al final se aquietaban los espíritus. La .negociación entre el Gobierno y la Alianza Popular había sido dura. Solo la amenaza de que el Gobierno obligaría a la Cámara a votar su texto sin ninguna enmienda, consiguió doblegar a los abstencionistas.

Pero llegado el final del debate, se impuso una actitud infrecuente en la experiencia de los españoles. Prorrumpieron los procuradores en aplausos al oír a don Cruz Martínez Esteruelas decir que, en aras de la concordia, votaría contra sus convicciones y que "en aras de la concordia muchos procuradores habían preferido callar. Entonces, don Fernando Suárez, en nombre de la ponencia, coronó una actuación llena de dignidad parlamentaria, con unas palabras inesperadas: , "Admirable, señor Esteruelas!,..".

Pasó un ángel por el recinto de las Cortes y se aquietaron las aguas con un bálsamo de armonía.

 

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