Autor: Romero, Emilio (FOUCHÉ). 
   La reforma política     
 
 ABC.     Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

LA tarea más importante que tenia planteada y urgida el primer Gobierno de la Monarquía era ¡a reforma política. El régimen fundado y dirigido por Franco estaba fabricado en las cautelas a su medida; y también era el que correspondía a aquellas circunstancias políticas nacionales; aunque el proceso desde el Referéndum de 1966 tuvo que ser otro.

El Régimen de Franco, a quien ya podemos llamar *ancien-régime», por todo ¡o que está sucediendo, fue un Régimen muy práctico en realidades concretas de gobierno. Nadie podrá quitarle a Franco el progreso del país y la larga temporada de paz. ¿as instituciones representativas estaban moderadas en sus libertades por el poder de Franco y sus colaboradores los ministros. Principalmente por los ministros, que mangoneaban en las Cortes a placer. Lo que el Jefe del Estado hizo fue ir soltando cuerda en virtud de las grandes reservas que tenía de poder. Ahora se trata de repartir ese poder a todo el país; eso es la Reforma. La Reforma, sencillamente, consiste en hacer una democracia sin proponerse una reconstrucción literal de la antigua, y utilizando los materiales válidos de la Constitución del viejo Régimen.

Entonces el clima creado fuera del Poder y de los Parlamentos es el de restaurar el viejo sistema democrático imperante en Europa occidental. Los sucursalistas en España del Socialismo, del Comunismo y de la Democracia Cristiana, con otras subespecies, se han pronunciado por la ruptura. La ruptura es barrer todo el orden político y jurídico actual. Y, después, negar la legitimidad de Juan Carlos I. Hay que decir honestamente que el Gobierno, por su falta de destreza, por su tolerancia con la ilegalidad o la subversión, sin desmerecer la gran ofensiva internacional, o por una discutible fatalidad, ha unido a la oposición. Pero ¿ha unido al franquismo? Todo lo contrario: lo ha fragmentado lo ha desunido y hasta lo ha centrifugado. Esta es la situación que hay que contemplar.

La llamada ´Platajunta* tiene una estrategia de gran fuerza. «Los reformistas —vienen a decir— aspiran a que nos miramos en Europa como en un espejo. Nosotros somos el espejo de Europa: Sindicatos de clase, partidos políticos y el Parlamento como origen del Poder.* Entonces el reformismo de este Gobierno, por la voz de su presidente, nos anuncia una democracia a la española*. Sinceramente, y con el respeto necesario al presidente, no tenemos, históricamente, una especie original de democracia española. A/o existe. Habíamos inventado la democracia orgánica frente a /a democracia inorgánica, que es la europea. Pero la democracia orgánica es lo que queremos reformar. Nos hemos quedado, pues, sin el producto nacional. Confío en que alguien no nos recomiende la democracia visigótica.

LA REFORMA POLÍTICA

Ello invita a sospechar que va a fabricarse ahora este producto. Y ya han aparecido los fabricantes: es la Comisión Mixta Gobierno-Consejo Nacional. Hasta ahora sólo han lanzado hacia las Cortes elementos aislados de la Reforma y cierto lejano planeamiento del terreno en el Código Penal. La intención, a lo que parece, es empezar a andar hacia no se sabe dónde, desde la democracia orgánica o social del Régimen, hacia la democracia inorgánica del sufragio universal. Esto es insuficiente como actitud ante el país. La transición no supone necesariamente la confusión. La transición es pasar de una orilla a otra orilla, sin que se nos imponga en la travesía una defectuosa e insegura embarcación.

Los gobernantes están ante la obligación de decir al pueblo español concretamente, claramente, la figura de democracia que desean instalar y los elementos capitales de la Reforma. Hasta ahora no hay otros materiales que dos vagos, y hasta barrocos, programas de gobierno: el discurso inconcreto del presidente en las Cortes, y una locuacidad sin freno, y sin concierto, de los ministros. El pueblo español, en estos instantes, no sabe a qué atenerse. No sabe por dónde va el aire. Parece como si hubiera varias reformas en distintos bolsillos y ninguna Reforma seria asumida por todo el Gobierno. Se está dando la impresión dé que están amueblando las habitaciones sin hacer la casa.

Podría ser un asunto grave que los aromas liberales que se quiere que sorbamos nos distrajeran de las verdaderas soluciones democráticas para la Reforma.

Ya precisó Ortega la diferencia entre lo liberal y lo democrático. Hay como un deseo por parte de los gobernantes de aparecer abiertos, liberales, tolerantes. El espectáculo a veces es cómico. Si estas actitudes no fueran acompañadas de una resolución subsiguiente de servir la legalidad, ocurriría invariablemente una debilitación del Poder. El político en su opción al Poder puede brindar a la galería, porque la ética política admite todo eso; pero el gobernante no puede hacer otro brindis que al Estado de Derecho. Lo que sirve el gobernante es la Ley.

No hay una sola libertad que prospere sin el mantenimiento de la autoridad. El Gobierno presidido por Azaña en los comienzos de la República no era dudoso en cuanto a su estructura liberal y democrática, pero tenía más firmeza y menos complejos que el primer Gobierno de Juan Carlos I. Espero que no se me invite a probarlo. Está en las hemerotecas y en el ´Diario de Sesiones*. Azaña no tenía que probar que era liberal, y manejó la Ley de Defensa de la República con decisión. No solamente en Casas Viejas, sino cerrando un centenar de periódicos en una tajada. No trato de entrar en un juicio de valor de esos actos, sino solamente en la idea de responsabilidad de un gobernante. Nuestra situación viene a consistir en que como se viene del franquismo entonces hay que ser más liberales que los que lo inventaron, para quedar bien. Estamos llenos de complejos ridículos. Por eso la gran preocupación es la Reforma, y que no pase de este año, para estabilizar al país en todos los órdenes.

No es momento para arbitrarismos. El Gobierno, la Comisión Mixta, .las Cortes y el país dirán lo que proceda; pero al escritor político no se le puede impedir algo así como una invitación a la meditación, dirigida a los responsables de este momento histórico. La democracia, en su verdadero sentido, consiste en que el pueblo es soberano para componer el Poder y el control del Poder. Después, los métodos son variados. Una democracia moderna —no una democracia española— exige averiguar las formas de Poder y de representación que se corresponden con la sociedad económica, social y cultural que tenemos delante. Intentar hacer democracias antiguas para sociedades nuevas seria un gran anacronismo, y se tiene la sospecha, por lo que se dice, y por lo que se escribe, que se puede ir por ese camino. Se advierte políticamente más espiritismo que novedad.

Estamos a tiempo de no producir un gran desencanto, y cargar de razones a los partidarios de la ruptura y de volver a empezar. La reforma política y la reforma sindical son dos artefactos que nos pueden estallar en las manos. Algunos grandes hallazgos democráticos que no lucieron lo que debían en el viejo Régimen —por la sombra del poder personal—, ahora pueden ser espléndidos. Me refiero a la implicación, y sus consecuencias, de los obreros en los órganos- de decisión; en los Parlamentos, principalmente. A una Cámara política de control del Poder en las grandes líneas, sin que la gobierne el Ejecutivo.

Y el Congreso Sindical como "mesa redonda* del capital y del trabajo, para hacer el pacto social y la planificación. Lo importante es dotar a todo esto de centros nerviosos y de torrente circulatorio. Acercar más al pueblo a estas pagodas políticas.

Seria un tremendo error hacer ahora una mezcla de corporativismo y de liberalismo cuando todo eso eran soluciones de hace un siglo. Alguien tiene que decirnos alguna vez, antes de que sea tarde, qué idea se tiene en la Reforma sobre el Poder político en todos sus órdenes; y cómo se piensa conformar la representación. Cuando se nos diga esto, retírense entonces los comisionados n escribir la Reforma. Solamente las ideologías en la calle, servidas por distintos tiranos —decía Danton delante de la guillotina— es la manera más sublime de traernos aquí.»

Emilio ROMERO

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