La legalización de la concordia     
 
 ABC.    19/11/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC. VIERNES 19 DE NOVIEMBRE DE 1976. PAG. S.

LA LEGALIZACIÓN DE LA CONCORDIA

Ayer se ha producido en España un fenómeno político absolutamente nuevo del que será muy difícil encontrar antecedentes históricos. Las Cortes emanadas del régimen político vencedor en una cruenta confragiación civil (la más cruenta en la historia europea contemporánea) ha tendido voluntariamente un puente a los que un día fueron sus enemigos.

Hemos dicho un puente. El término es exacto, pero tal vez incompleto. Fueron las manos, las manos tendidas para laborar juntos en la configuración del futuro de la patria común, las que unos españoles responsables tendieron a otros españoles. Este es el verdadero sentido, el profundo sentido, el entrañable sentido de la sesión pública de ayer en las Cortes Españolas.

!Qué tremenda responsabilidad la de quienes iniciaron la legalización de la concordia! ¿Será ésta posible? ¿Será técnicamente viable? ¿Abrirá real y verdaderamente un camino a la conciliación de todos los españoles o será un «haraquiri» inútil, desprovisto de sentido, sin eco en la parte contraria v, por tanto, sin eficacia ?

¡Qué gran responsabilidad también si aquellos que ven una mano tendida no la aprovechan para tender su mano!

Es evidente que en un proceso histórico como el que estamos viviendo la iniciativa debía partir de aquellos de quiénes ha partido. Es evidente también que los recipiendiarios de esta mano tendida y abierta tienen frente a la historia una responsabilidad nacional gravísima: la de aceptar la mano que se les tiende.

Tres grandes protagonistas ha tenido esta insólita peripecia. Primero, el Rey. Desde su primera declaración, Don Juan Carlos anunció que no quería ser el jefe de una facción; que no deseaba encabezar desde la más alta magistratura del Estado un grupo por muy noble que fuera de compatriotas. El quería ser el Rey de todos los españoles. Trascendentes palabras ante las que no cabían trampas ni subterfugios: ...¡de todos los españoles!

Una invitación como ésta, una convocatoria como ésta no podía partir de ningún partido político; de ninguna ideología temporal; de ningún grupo dominante o dominado de las coyunturas precedentes. Esta convocatoria sólo podía partir de quien llevaba en sus venas la Historia entera de España: El Rey. No lo olvidemos. No lo olviden tampoco aquellos que, interpretando el sentido de la consigna, la han obedecido, o se disponen a aceptarla.

Segundo, el Gobierno. Este Gobierno que se ha dado en llamar «de la transición» —cuya labor administrativa y económica no es objeto de este comentario— ha entendido el mandato real. Tal vez por ser su única obsesión este mandato, na dejado de mano, en parte, otros que haceres urgentes como los económicos.

Y por seguir este mandato intentó, para llevarlo a cabo, unos procedimientos que fueron considerados por gran parte de las Cortes como abiertamente contradictorios con el principio que se trataba de establecer: la democracia. Estuvo a punto el Gobierno de convertirse en autócrata pana imponer su criterio. Conociendo su propia misión histórica, olvidó, menospreció, en algunos momentos, que procedía, al igual que los procuradores, de una fuente política común. Una fuente que había sometido siempre la idea de ¿servicio» a la del lucimiento personal o la ambición. En consecuencia, que los hombres integrados en las Cortes eran tan responsables con su misión histórica como el propio Gobierno. Si alguna tacha hay que objetar al Gobierno es haber olvidado esto.

. Tercero, las Cortes. Con 425 votos a favor de la ley de Reforma Política, con 59 votos en contra y con 13 abstenciones, los hombres pertenecientes a las mismas (pues eran «hombres» y, por lo tanto, sujetos a pasiones, a recuerdos, a experiencias pasadas) votaron a favor del proyecto de ley de Reforma Política presentado por el Gobierno. Y lo votaron, mucho más atentos a la conciliación de todos los españoles pedida por el Rey, que a sus particulares criterios respecto a la eficacia o ineficacia de la gobernabilidad de un país. Tema del que nos ocuparemos en días sucesivos.

Para la historia del mañana, hay que reconocer que (dentro del apartado que nos ocupamos) el gran protagonista fue la unión de asociaciones políticas unidas bajo el común denominador de «Alianza Popular», así como multitud de procuradores independientes que se adscribían a los argumentos —inteligentemente, patrióticamente, civilizadamente— esgrimidos por don Cruz Martínez Esteruelas.

No hubiera podido el Gobierno, en modo alguno, llevar adelante su proyecto sin contar con la homogeneidad de este grupo político. Para la pequeña historia o tal vez la gran historia de

«la legalización de la concordia» éste es un hecho cierto. Un hecho cierto con el que habrán de contar mañana los «hermanos disidentes». Que han sido contemplados en el proyecto de ley de Reforma Política auspiciado por el Rey no como disidentes, sino como hermanos.

 

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