Autor: Narvión, Pilar (CASANDRA). 
   Ruptura votada, Generalitat y modas políticas     
 
 Pueblo.    03/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

FERNANDO Alvarez de Miranda ha explicado

asi el paso de algunos grupos de la democracia cristiana de la posición «ruptura» a la posición «reforma».

"Creo que la "ruptura pactada" ha sido sustituida por la "ruptura votada". La ley de la Reforma Política no ha tenido todo el empuje que el período democrático constituyente necesita, pero es evidente que el signo que antes tenía ha cambiado radicalmente. Aprobada la ley para la Reforma Política, las Leyes Fundamentales no son va las mismas. Se ha operado un cambio cualitativo.

Ha quebrado todo un sistema autoritario, otorgándose la primacía de toda la legitimidad democrática y el reconocimiento de la soberanía popular. Este hecho es trascendental. De ahí cabe inferir que esa ruptura ya está hecha y que, por tanto, no se debe insistir sobre ella.» Si todos los políticos españoles tuviesen el sentido de la realidad de don Fernando Alvarez de Miranda, nos evitaríamos temas, de posición que más parecen testarudas manías de «mantenella y no enmendalla» que actitudes prácticas de verdaderos hombres políticos.

UL. Adolfo Suárez y su equipo se han convertido en maestros en el arte de cortar la hierba bajo los pies de sus oponentes y de no perder la iniciativa.

Uno de sus muchachos, Samaranch, acaba de segar en flor muchas reivindicaciones flojas reincorporando a la Diputación de Barcelona uno de sus nombres, viejo de siglos, el de Generalitat. que apareció en la historia de Cataluña —de todos los catalanes- - en el siglo XIII y que estaba en vigor en el siglo XIV cuando se edificó el Paláu de la Generalitat, al que Samaranch, simplemente, acaba de volver a poner su nombre en la puerta, imagino que con el fin de que no secuestren también el nombre de «generalitat» como vienen secuestrando muchos el de democracia, que no parece sino que lo hayan patentado para su uso, como si la democracia, como su propio nombre indica, no fuese asunto de todos.

Resulta bastante ingenua la afirmación de muchos, especialmente de los jóvenes, de que «son de su tiempo». ¿Qué quiere decir ser de su tiempo? Generalmente, para la mayoría, seguir las modas del día, y no hay nada más cambiante que la moda. Los supuestos «pasados de moda» son muchas veces simplemente gentes muy seguras de si a lo Creta Garbo, que aún no ha abandonado sus sombreros de ala ancha a lo Ninotschka— muy convencidas de su gusto y de sus convicciones, que visten clásico —por dentro y por fuera— y siguen empleando en 1977 las mismas corbatas —clásicas— los mismos

zapatos —clásicos—, la misma chaqueta y la misma camisa —clásicas como sus ideas morales, políticas o estéticas— de hace veinte años. Lo fundamental no cambia como la moda, que se va de la mini a la maxi, de la vaquero a la filibustera, de un curso al siguiente. Los ingleses, que son maestros en esto de la ropa clásica —y de las ideas clásicas—, renden a los turistas todos los saldos que les sobran de ambas; pero ahí los tiene usted en la pelad madura con la gabardina que se compraron a los veinte años, que ha adquirido por el uso la personalidad del dueño, y se ha convertido como en una segunda piel.

Naturalmente que esas gabardinas, esos chaquetones, esos suéteres no están a la última moda, como no está a la última moda ni el partido conservador ni el laborista, que son algo más importante que una moda política: son dos clásicos, clásicos como los sombreros de flores de la reina madre, la gorra de Holmes o las chaquetas apretadas de Harold Wilson. Ser de su tiempo —no de esta semana— es precisamente eso: no pasarse de moda, a la manera de los conservadores, que pasan de las manos de Churchill a las de la señora Zhatcher sin que se vengan abajo las estructuras políticas de las islas Británicas.

Pilar NARVION

 

< Volver