Autor: Saiz, José Ramón. 
 A los tres meses del referéndum. 
 La reforma ha vencido a la ruptura     
 
 Pueblo.    04/03/1977.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 26. 

LA

REFORMA HA

A LOS TRES MESES DEL REFERENDUM

LA aproximación de las elecciones hace que el lema cobre una vigencia y actualidad de primera Línea. El país, desde hace más de cuarenta años, no participa en ningún acontecimiento de este tipo, y el ciudadano —a cien días de la cita electoral— tiene ante sí un panorama borroso e incoherente.

La cifra de partidos sigue estando por encima de los ciento cincuenta. Estos no se unen para formar auténticas opciones políticas, y el elector, el hombre de la calle, sigue preocupado, sencillamente porque no entiende lo que ocurre a su alrededor, y menos que en su país existan todos esos partidos, que la mayoría son simplemente grupitos que habitualmente forman una comisión ejecutiva y apenas queda nadie para representar a la base.

En principio habrá, que señalar que no ha sido tan fácil llegar al mismo pórtico de las elecciones. La larga lista de hechos reprobables en las primeras semanas de 1977, precisamente el año de las elecciones, nos ha hecho caer a todos en la cuenta de que todavía no está superado —aunque mal esté recordarlo— el tiempo de transición y que no va a ser fácil, en el camino que resta, pasar sin traumas de un régimen autoritario a un estado democrático.

De alguna manera, sin embargo, se han dado en los últimos meses importantes pasos que la derecha continuista calificaría de rupturista: el anuncio de una próxima amnistía, la autorización de la «ikurriña», tolerancia abierta para el Partido Comunista; en fin, una serié de pasos firmes que consolidan la reforma y de los que las elecciones tienen que ser su primera culminación con el objetivo de elaborar una constitución que conceda estábilidad política al país.

LLENAR EL VACIO

Esa es la palabra: estabilidad, paz social, moderación en los cambios... ¿Quién está en condiciones de garantizar estos deseos del país?

Vamos a estudiar la respuesta: a poco más de los tres meses que faltan para la cita con las urnas, la despolitización real del país sigue siendo mayoritaria; la participación en la poli-tica de hombres capacitados y con nueva imagen para el país, escasa. Algunas encuestas señalan, por ejemplo, que sólo el 2 por 100 de los catedráticos de este país se han volcado a la participación en las tareas políticas. Igual ocurre con los abogados y otras profesiones importantes.

Esto, unido a la falta de líderes —grandes líderes— en los partidos políticos u opciones electorales, obliga a pensar que unas elecciones sin los hombres claves del país podrían propiciar un vacío político peligroso para el tiempo constituyente que está próximo a abrirse. El compañero Blanco Vila, en las páginas de Ya», lo explica de otra forma: «Sucede que, por primera vez en tantos años, el Gobierno del presidente Suárez ha extraño. Lo extraño sería la entrega incondiciona1 del poder en manos de quienes todavía no han acreeditado merecerlo.»

Señalariamos aún dos cuestiones más: moralmente, los españoles ya han elegido a Suárez en el referéndum. Entendemos por

El éxito del ejecutivo está, por otra parte, en que su actitud, claramente reformista, ha coincidido con la ruptura en la exigencia común de que sea el pueblo el verdadero sujeto del cambio y al fundamentar el mismo el cambio en la voluntad popular. Pero se diferencia —y ello ha sido apreciado por una mayoría— en que no quiere correr riesgos innecesarios y prefiere, como hemos comprobado en la etapa reformista, que los cambios se realicen porque el pueblo, informado racionalmente, lo demande. La respuesta de estos hechos nos confirma que aquí, en España, no ha existido esa crisis del Estado mismo que algunos vaticinaron. Por eso, si el Gobierno dijo reforma en vez de continuidad o ruptura, ahora tiene el deber moral de decir entre derecha e izquierda el centro. Sin más

Sólo la acción del presidente uniría a enorme centro en una acción concreta

ello que el presidente y su Gobierno, moralmente, no pueden autoexcluirse de las próximas elecciones, porque contrariar la voluntad de la población (corroborado por sondeos no oficiales, que colocan al presidente en una cota de popularidad difícil de igualar) añadiría importante ventaja a los políticos que sostienen Alianza Popular y la oposición de una izquerda radical. Puesta en manos de éstos la reforma constitucional, supon dría una evidente incógnita para la estabilidad política de los primeros pasos de la nueva democracia.

No es el caso del presidente, cuyas intenciones conoce casi todo el país, y a quien los españoles, en

una llamada democracia invertida. Es lógico y natural después de una larga etapa de oscuridad en el campo de las libertades políticas. Por eso, si el Gobierno —mejor, el Presidente— decide ir a las elecciones (aunque es casi seguro que él no se presentará), es necesario que forme un partido, o que tenga ya un partido, y competir, de esta forma, con las opciones ya existentes para participar, sin exclusiones, en unas elecciones con sufragio universal y libres para comprobar quién tiene la fuerza y formar un Gobierno en verdad democrático.

A un partido del Gobierno el conservadurismo activo no le votaría. Este par-

unas elecciones de las que sería el principal atractivo y. posiblemente, el objetivo de los votos.

El Gobierno es, sin duda, el término medio entre el continuismo y la ruptura. Entre una opción que se llama Alianza Pupular y la otra de la izquierda, que hace renacer en estos días Coordinación Democrática (que es algo así como un Frente Popular disfrazado), existe un centro que tiene que jugar y ser apoyado fuertemente. No se puede dejar al país que corra alegremente el peligro de los frentes (que en estos momentos, por los recuerdos que evocan, serian «impopulares»), sino que hay que conseguir una fuerte opción moderada, los frentes.

Existe un vacío peligroso que, a falta de grandes líderes en los diferentes partidos, alguien tiene que llenar. ¿Tal vez el presidente al frente de su Gobierno?

Estabilidad, paz social, moderación... ¿Quién está en condiciones de garantizar estos deseos del país?

Lo deseable sería lograr un centro amplio, que permitiera gobernar con libertad de movimientos, sin sobresaltos ni tampoco retrasos

UNA REFLEXIÓN

Siete elecciones en diez meses. Europa ha desfilado en poco menos de un año ante las urnas, junto al gran duelo estadounidense del pasado mes de noviembre. El hecho de que millones de personas han pasado por las cabinas del voto en el mundo libre nos obliga a señalar una conclusión primordial. Tras Portugal, en abril: Italia, en junio; Suecia, en septiembre; las municipales de Bélgica, en octubre; la

quienes no están en el conservadurismo ni en la ra-dicalización, y el centro-izquierda (terreno que trata de ganar la izquierda histórica) contrapesará la excesiva movilidad de un socialismo marxista radicalizado. En una palabra, el ancho campo centrista estará ganado por el reformismo y el revisionismo no rupturista, y ambas fuerzas, conjuntamente, movilizarán el cambio y aspirarán a un nuevo «contraste social».

El centro, de conseguir el Poder (hablamos de esta opción porque es la primera en las encuestas y

sondeos habra de fijar

El protagonismo de Adolfo Suárez se considera preciso ante la evidente dispersión de los partidos

tintas. Asistimos, tras tres años de guerra civil, treinta y siete de régimen autoritario y uno de reforma, a unas elecciones libres. Viene estas elecciones tras el empeño histórico de la Monarquía de Don Juan Carlos de cambiar las estructuras a fin de que sobrevivan las instituciones básicas para una convivencia democrática. Es más, esa renovación, que es la vía señalada por el Gobierno y que no puede ser ignorada, es el camino hacia una progresiva asimilación de la democracia que acaba conduciendo a los pueblos a la moderación.

Para el futuro inmediato, es de prever un fuerte, pero no completo, retroceso de la extrema derecha y una casi ignorancia, en las urnas, de los partidos de signo marxista- leninista. Mientras, el centro-centro conseguirá los votos de

 

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