Autor: Iglesias Selgas, Carlos. 
   El futuro de la reforma política     
 
 Pueblo.    09/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

EL FUTURO DE LA

REFORMA POLÍTICA

LAS elecciones que próximamente van a ser convocadas, en orden a que el pueblo español decida quiénes han de representarle en el Congreso dé Diputados y el Senado, pueden desembocar en unas Cortes de carácter constituyente, aunque, por razones explicables, hasta ahora se esté eludiendo tal denominación, al menos desde la vertiente gubernamental.

• Es cierto que la ley de Reforma Política sólo entraña en sí misma pocos y muy concretos cambios constitucionales. Pero creemos que el edificio de las Leyes Fundamentales, ya cuarteado por la ley de Reforma Política, difícilmente podrá soportar la incorporación de dos Cámaras provistas por sufragio universal en la forma en que va a llevarse a efecto. Aun en el caso -de que las nuevas Cortes tuvieran una amplia mayoría, el franquismo sociológico, coyuntura que está dentro de lo posible, pensamos que serán necesarios reajustes en profundidad en el sistema institucional.

• Las Cortes nuevas han de tener, lógicamente, dos misiones inmediatas, ambas de carácter constituyente, si entendemos el calificativo en sentido amplio. La primera es completar la legitimidad del Gobierno, con la legitimidad democrática, que sólo puedan unas Cortes de sufragio universal. Pensamos que este cambio se producirá en cualquier caso,"pues parece natural que los que obtengan la mayoría deseen que la composición del Gobierno se adecué a la de las Cortes. Una alternativa distinta implicaría

inevitablemente al Rey en la vida política, y podría comprometer a la larga a la Monarquía.

• Esta legitimación democrática podrá permitir al Gobierno abordar con autoridad los grandes problemas económico-sociales con que se enfrenta el país, es decir, hacer todo lo materialmente posible para frenar la inflación, reducir el paro, restablecer la confianza empresarial y abordar las reformas estructurales más necesarias para salir del «impasse» en que nos encontramos. Resulta indudable que en el orden económico no podemos continuar en la forma actual, ya que en las circunstancias presentes el Gobierno sólo puede plantearan este terreno acciones limitadas.

La segunda misión será elaborar la nueva Constitución de la Monarquía española; que habrá de ser suficientemente amplia y flexible para que dentro de la misma puedan tener cabida todos los sectores y grupos políticos que acepten la legalidad y, al menos como hecho, la forma monárquica de gobierno.

A La nueva Constitución deberá surgir en los aspectos sustanciales como producto de ese consenso a que, en los últimos meses, está llegando el conjunto del país, y que todavía no ha terminado de cuajar. El Gobierno, hábilmente dirigido por el presidente Suárez, ha alcanzado, con más o menos dificultades, ciertos puntos de coincidencia con la oposición. Sin embargo, lo importante no es la coincidencia con los que, por actitudes pasadas, se consideran exponentes del país, sino con los que realmente consigan los votos.

¿A qué principios inspiradores responderá la nueva Constitución? Todo habrá de depender de lo que el pueblo decida. A nuestro juicio sería deseable una Constitución que recoja y dé expresión a los puntos de contacto que se hagan patentes durante el período electoral. Deberá evitarse que unos u otros se consideren ajenos a ella, pero parece inevitable que tenga un carácter y una significación diversa, según se atribuyan el éxito en las elecciones los conservadores, el centro o la oposición, por hacer referencia a las corrientes que en este momento resultan más acusadas.

• El carácter constituyente que pueden tener las nuevas Cortes no conduce necesariamente a su inmediata disolución en el momento en que se apruebe la nueva Constitución. Contamos a este respecto con un precedente de valor en lo que hicieron los republicanos en las Cortes constituyentes de. 1931, que, aun convocadas con este carácter —lo que; no es nuestro caso—, prolongaron su mandato durante dos años, con el eufemismo de elaborar las leyes que desarrollaba la Constitución.

La decisión, un tanto inconsecuente, de destituir de la Presidencia de la República, en la primavera de 1936, a don-Níceto Alcalá Zamora, llevó, implícita la creencia de que las Cortes constituyentes hubieran debido terminar el periodo de mandato de unas ordinarias.

La actitud que respecto a las elecciones adopten los miembros del Gobierno ha de guardar intima conexión con el futuro de la reforma política. Carecería de sentido que los que con ´habilidad y entereza han hecho posible la reforma constitucional queden privados de intervención efectiva, en esta importante fase de la vida política española.

El hecho adquiere enorme trascendencia, pues incluso puede ocurrir que si la corriente conservadora obtuviera mayoría absoluta, quizá desistiera de continuar la línea reformista y de colaboración con la oposición. Sólo si las nuevas Cortes tienen una significación reformista, podrá confirmarse el carácter constituyente de las mismas. Confiamos, sin embargo, que quienes han conseguido que los sectores conservadores acepten la democracia —prestando con ello un gran servicio al país y a la Monarquía—, si obtienen la mayoría absoluta, continúen las reformas. Una orientación de otro cariz supondría un grave retroceso perjudicial para el país y que no esperamos de su patriotismo.

Según parece desprenderse de las informaciones del momento, sólo si el presidente Suárez participa en las elecciones y tiene éxito cabe pensar que continúe en profundidad el proceso de reforma constitucional, y qué esté se realice con la colaboración, seguramente no tan íntima, de los que hoy constituyen las formaciones de la oposición. Brindemos este párrafo a los que —herederos de los que aprobaron el decreto de 8 de mayo de 1931, que aplazaba la decisión de las incompatilidades para las nuevas Cortes— hoy hacen bandera de estas incompatibilidades. Sin duda alguna, del resultado de las elecciones puede depender el futuro de la reforma política.

Carlos IGLESIAS SELGA

 

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