Autor: RUY LÓPEZ. 
   Septiembre 1976-septiembre 1977: ¿el fin de la reforma?     
 
 El País.    20/09/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Septiembre 1976-septiembre 1977: ¿El fin de la reforma?

La última crisis politica —cuyas consecuencias no son aún del lodo claras— ha venido a poner de

manifiesta la fragilidad de la presente situación española.

Se ha producido en las condiciones más improbables: con el presidente del Gobierno y el líder de la oposición fuera de nuestras fronteras, con buena parte de la fuerza de trabajo de vacaciones, sin estudiantes en la Universidad en resumen, sin una especial incidencia de los factores que suelen traer por mal camino a la clase política. Bastaron unos incidentes con la Fuerza Pública (cuya resolución ha servido de piedra de toque para ver la importancia real de nuestro flamante Parlamento democrático) y mías declinaciones, junto con algún, editorial, para generar una corriente de aprensiones y rumoras dignos de las crisis ministeriales del ¿pasado? régimen.

Lo que ha ocurrido no tiene mucho que ver con la fuerza del Gobierno o de la oposición: no se trata sólo de respectivas potencias numéricas en el Parlamento o en la calle. La crisis va incluso más allá de los partidos políticos, que asisten a ella como espectadores. Lo que no se mantiene ya es la base misma de la evolución política: no se mantiene el proyecto de reforma rnic´ado por Suarez en septiembre del año pasado.

Ruy López

Se ha explicado múltiples veces en qué consistía esta reforma. Bajo el general Franco, todo el poder del Estado (que, por cierto, no era ni mucho, ni suficiente) se concentraba en manos de lo que pudorosamente se llamaba "el poder ejecutivo". El poder vería de arriba, y no respondía ante nadie, ni ´tenía límites precisos a la hora de la verdad, como mostró el famoso decreto-ley Anti-terrorismo. Fuera de un reducido núcleo de personas —asistidas, eso si, por una impredecible administración— e} resto del pais, pueblo, prensa, partidos ilegales y ´ Cortes" franquistas eran meros Espectadores y ovacionadores eventuales. El poder se generaba en las alturas desde el 18 de julio de 1936.

La reforma no venía a cambiar sustancialmente este estado de cosas: solo su apariencia. El peder del general Franco pasó de hecho a Don Juan Carlos de Borbón: la caída de Arias Navarro "Vino a mostrar la fuerza de la Corona, contra las previsiones de muchos, Las concesiones libérate (mayor libertad de prensa, legalización de partidos, indultos) vinieron a probar, no la debilidad del poder, como algunos pretenden, hablando de "presión de las masas", sino, por el contrario, su fuerza, La Corona y el Gobierno podían no sólo domeñar el bunker, sino atraer a su juego a los partidos políticos de izquierda.

Esto se hizo evidente en los primeros meses de este año. Dos partidos que pedían el cielo —gobierno provisional, ruptura democrática, amnistía total, referéndum sobre forma de Gobierno— no vacilaron en presentarse a toda prisa a unas elecciones convocadas sin una serie de requisitos: de gobernadores civiles neutrales, ni televisión imparcial, ni legalización de todos los partidos, ni amnistía. Todos sabían que las elecciones las iba a ganar el Gobierno pero los partidos transigiera. Incluso los radicales de izquierda se presentaron a las elecciones, como pudieron, echando por la borda la lucha armada" o !a ´ dictadura del proletariado". Los escaños eran los escaños.

La reforma, - pues consistía en ´ que el poder se perpetuase a sí mismo, pero con un Parlamento al lado en el que la oposición estuviese representada, aunque sin acceso a ningún nivel de gobierno, suarez propuso el plan -claramente y los partidos estuvieron de acuerdo. Pero ni unos ni otros —ni los observadores políticos— pudieron prever que el arreglarlo iba a hacer agua tan rápidamente.

En efecto, el arreglo presumía que el pueblo español y sus problemas se verían satisfechos con el acto formal del voto. Una campaña de veinte días, unas elecciones, y hasta los próximos comicios. Pero, como se ha mostrado, era una ilusión: tras el 15 de junio, los españoles siguieron movilizándose, y la crisis económica siguió apretando. Pronto se hizo claro., y esa es la causa de nuestros males, que la presencia de la oposición en las Cortes de convidado de piedra no satisfacía ni desmovilizaba a nadie. Las manifestaciones del País Vasco muestran que nadie está dispuesto a dar carta blanca indefinida a los representantes en Cortes, ni a aplaudir indefinidamente al Gobierno a cambio de unas elecciones de vez en cuando.

Poder y reforma

La crisis, pues, afecta a todos. La presentación de Suárez a las elecciones, el estado de la Unión del Centro y la conducta del poder está haciendo perder prestigzo a la derecha: la transigencia e irresolución de los partidos de la oposición está haciendo perder prestigio a la izquierda. A casi tres meses de las elecciones (que se nos presentaron como la salvación) todo sigue prácticamente igual que antes, y la economía peor. Y lo más grave es que nadie acaba de creer que la situación posfrasquista esté consolidada: el fantasma de Pinochet sigue invocándose en público y en privado. Pero no hay que olvidar que tan malo es un golpe cruento a la chilena, como un golpe a lo Videla, en que a nadie le importe mucho quién viene ´y quién va, cuando todos parecen lo mismo.

Esta es la raíz última de la crisis: parece que el país no acepta ya el pacto informal poder - partidos, base de la reforma. Lo que se pide es que, definitivamente, el poder venga de abajo. Si .el Gobierno no pone los medios y la oposición la voluntad, si no se cancélala reforma para pasar a la democracia. nos habremos quedado a mitad de camino: y todos —Gobierno y oposión— serán los responsables y los perjudicados.

 

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