Autor: Urbano, Pilar. 
   Roca: "Estamos legitimando la pérdida del derecho a la propiedad"  :   
 Silva (PSOE) mostró su desacuerdo y argumentó la validez constitucional del procedimiento empleado. 
 ABC.    03/03/1983.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Roca: «Estamos legitimando la pérdida del derecho a la propiedad»

Silva (PSOE) mostró su desacuerdo y argumentó la validez constitucional del procedimiento empleado

Madrid. Pilar Urbano

Más que a un debate profundo, económico y jurídico sobre el «caso Rumasa», el Congreso de los Diputados ha asistido en estas dos sesiones a una periférica «pasada de Rumasa» y al «paseíllo» por la Cámara de un asunto financiero gran-dimensión, resuelto con la contundencia, peso pesado, de los 202 escaños del Gobierno, y por la vía expeditiva y tremendista de la expropiación por decreto-ley. Se ha contemplado el inquietante mecanismo de una medida-mazazo contra la libertad económica, inexorable e irreversible; si no en su forma, sí en sus efectos.

Como decía Fraga, al término del debate: «Ya está todo dicho. Y lo que es más grave: ya está todo hecho.

Y ahí quedan la incertidumbre y la inseguridad ciudadana.» Un minuto después, en los pasillos del Congreso, Miguel Roca reforzaba esta misma impresión: «Con esta medida del Gobierno el país queda inquieto y desasosegado. Yo he invitado al presidente González a subir a la tribuna y lanzar un persuasivo mensaje de confianza a la opinión pública y de tranquilidad a los agentes económicos del país. Pero esa ocasión se ha rehusado. Se ha perdido.»

Roca, la agudeza catalana

Con lúcida sensatez, con agudeza sensitiva, el representante catalán centró su intervención en lo que, de verdad, se debatía: «Aquí el fondo de la cuestión no es Rumasa, sino la legalidad que ha de caracterizar las medidas de un Gobierno en un Estado de Derecho. Ustedes no nos han convocado en esta Cámara para estudiar la situación económica de un poderoso grupo bancario e industrial, porque nosotros no somos una auditoría... Aquí tendríamos que haber expuesto nuestros respectivos conceptos del "interés general"... Pero la verdad es que aquí, ahora, no estarnos definiendo los límites del derecho de propiedad.

Más bien estamos legitimando la perdida de ese derecho de propiedad.» De modo que estas dos sesiones parlamentarias, sobre el fondo telonero del «caso Rumasa», vienen a ser ni más ni menos que el precedente plenario y mayoritariamente aprobado de un expropio fulminante. ¿Que el Tribunal Constitucional puede revocarla? En todo caso, convalidada en proyecto de ley, la medida consigue sus efectos. Pero, insisto en tesis mantenida desde el primer momento en que saltó este asunto, ni la «utilidad general» ni el «interés social» han quedado palmariamente demostrados. Y en ningún caso avalada la prudencia económica y política del Gobierno, que excluyó la adopción de otras medidas cautelares entre la gama que la Ley ofrece. Quizá, como denunciaba el señor Roca, «ya no estamos en la expropiación-sanción de la dictadura..., pero estarnos ante algo más peligroso: la expropiación-intuición, la expropiación por si acaso». Sólo anteayer, martes, el Gobierno empezó a poder ofrecer datos (retención indebida de impuestos y sociedades paralelas no declaradas) que le presumen razones para intervenir expropiando... Pero esos datos no los tenía el ministro Boyer el viernes, 18, cuando puso en marcha toda esta mecánica.

«Ahora, después, resulta que acaso sus sospechas e intuiciones fueran ciertas..., pero ¿y de no haber sido así? Esta forma de proceder, sin certeza firme previa, lo que genera es desconfianza e inseguridad en el sistema financiero y empresarial del país.»

Tres «tests» para Boyer

Para probar el «estado de confianza económica» restablecido con la medida expropiatora, el ministro Boyer aportó tres «tests» evidentemente endebles: telegramas de unos obreros sevillanos que solicitan ser «expropiados forzosamente» (¡cielos! ICuantísimas empresas, cuantísimos trabajadores enganchados precariamente de una economía en crisis desearían hoy el pase automático a las nóminas seguras del funcionariado del Estado!) Recortes de Prensa económica extranjera, donde se estiman «necesarias estas medidas» (¿y el ministro de Hacienda ha de acudir al respaldo del periodismo foráneo, obviamente más en babia del asunto que puedan estarlo sus propios inspectores, en plena tarea de investigar las cintas de la procesadora de Rumasa?) Y, por último, los movimientos bursátiles de los últimos días. (El sabe mejor que nadie, por experto, que la engañosa sensibilidad de la Bolsa puede ser provocada; y muchas veces, políticamente, lo es.) ¿Indicios de saludable confianza? Tal vez. ¿Prueba suficiente? No. Tres «tests», pues, que si pueden aceptarse como síntomas, no componen, en ningún caso, cuadro de síndrome. El síndrome feliz de seguridad financiera y aquietamiento de temores bancarios que el titular de Hacienda quiso ofrecer ayer al país.

Sobre los hombros de todos

La víspera el señor Boyer había declarado enfáticamente que «tarde o temprano el tema de Rumasa caería sobre los hombros del Gobierno», y ayer el diputado centrista Bravo Laguna le recordaba: «No caerá sólo sobre los hombros del Gobierno ¡ojalá no fuera más que eso! Caerá sobre todos los contribuyentes españoles.» Se refería a los costes estatales de la expropiación, saneamiento y reflote del grupo, para la reprivatización anunciada. Y aquí habría que detener unos interrogantes a los que, si no se producen «obstrucciones de fuentes» en la tarea informativa de quien firma estas líneas, trataré de encontrar solvente respuesta en pocos días... aunque el tema, por espectacular y dimensional, está llamado a ser «notica de seguimiento» por largo tiempo. ¿Por qué «expropiación» y por qué Rumasa? ¿Qué meditada operación política y económica hay en el trasfondo de esta medida? Como pronosticaba Alfonso Guerra: «Ni se ha "entrao", ni se va a entrar en el fondo.» Fue eso... una «pasada» de Rumasa por la izquierda, y una legitimación de cómo a golpe de «BOE» el ciudadano puede perder en una noche la clave de sus libertades: la libertad de propiedad. Así de grave.

 

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