Autor: Sánchez, José Antonio. 
 Cayó Rumasa. 
 Desconcierto y alarma entre los empleados del "holding"     
 
 Diario 16.    25/02/1983.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

Diario 16/25 febrero-83

CAYO RUMASA

La expropiación de las sociedades del Grupo Rumasa por el Gobierno sorprendió a los ejecutivos y a todos los empleados del Grupo. El mutismo de los crispados e incrédulos directivos fue absoluto.

Mientras, los empleados y clientes de las entidades bancadas pedían explicaciones con honda preocupación, que también llegó a otras empresas, como Galerías Preciados. A la tensión normal que se vivía en las oficinas centrales se sumó la amenaza de bomba recibida a las 9,45 de la mañana de ayer, que creó el pánico entre los 400 empleados que ocupaban las oficinas. Por otro lado, los empleados ya no podrán acceder a las instalaciones de la sede central.

DESCONCIERTO Y ALARMA ENTRE LOS EMPLEADOS DEL «HOLDING»

José A. SÁNCHEZ

Menuda sorpresa se llevaron los ejecutivos de la empresa Rumasa cuando poco antes de las doce de la noche oyeron a Eduardo Sotillos comunicar al país que las sociedades del «holding» eran expropiadas por decisión del Consejo de Ministros.

Poco después de conocerse la noticia, la sede central del grupo de la abeja situada en e! paseo de Recoletos, 41, de Madrid, se convertía en el punto de mira de cientos de miles de españoles que, al igual que ocurriera dos años antes con el trágico intento de golpe de Estado, seguían a través de las ondas el desarrollo de los acontecimientos.

Un numeroso grupo de ejecutivos fue llegando a las oficinas a primera hora de la madrugada. La sorpresa incorporada fue la presencia de las Fuerzas de la Seguridad que les impedían el acceso a sus oficinas. Tan sólo lo pudieron hacer aquellos que acreditaron pertenecer a la empresa. Todo habla ocurrido demasiado deprisa. Nadie lo esperaba y quizá por ello la mezcla de incredulidad y crispación expresada en sus rostros eran la mejor prueba. Ninguno quiso hablar. Primero porque no sabían nada y después de la reunión que mantuvieron con su presidente Ruiz Mateos, porque así debieron recomendárselo.

Eso si, los calificativos despectivos no faltaron para quienes habían tomado tal decisión. En cualquier caso todos aquellos ejecutivos del grupo que abordamos tuvieron la misma respuesta «tenemos que esperar las razones que da el Gobierno, aunque de todas formas es una p... ».

Empleados

Numerosos periodistas se amontonaron en las puertas de la sede central en espera de recoger nuevas informaciones. Tampoco faltaron a la cita numerosos clientes de los bancos de Rumasa, que preocupados por el futuro de sus ahorros esperaban explicaciones. Y por supuesto hicieron acto de presencia varios fascistas que trataron de crear tensiones y rentabilizar el suceso.

Los comentarios de algunos ejecutivos en el interior del local eran de «golpe económico» y «ley de guerra», pero lo cierto es que el mutismo fue general. Los empleados de Rumasa quisieron hacer creer que su presidente no se encontraba en las oficinas y sin embargo fue uno de los primeros en acudir a su despacho de la planta quinta, donde permaneció hasta altas horas de la madrugada.

El tiempo pasó vertiginosamente y pronto acudieron e cumplir con su jornada laboral tos empleados del Banco de Jerez y de Bankinsur, situados junto a la sede central en el paseo de Recoletos. Preocupación y desconcierto eran las dos palabras que mejor definiría la situación de estos trabajadores: «¿Qué pasará con nuestros puestos de trabajo y nuestros ahorros que están en estos bancos?». Eran las preguntas que se hacían. Todos querían explicaciones y nadie podía dárselas. Esperaban impacientes la intervención del ministro de Hacienda y Economía, Miguel Boyer, para conocer la realidad de la situación.

Paulatinamente los trabajadores fueron abandonando las sucursales de los bancos que mantenían en sus puertas el cartel de cerrado. Pero la preocupación también llegó al resto de las empres del «holding». Asi los dependientes de Galerías Preciados mostraban, sí cabe, mayor desconcierto que sus compañeros bancarios. «¿Nosotros también pasamos a depender del Estado?». Nadie les dijo nada y ellos aguantaron tras sus puestos durante toda la jornada.

Bomba

Pero, por si la tensión no fuera suficiente, a las 9,45 de la mañana los trabajadores de la sede central fueron desalojados tras una supuesta llamada de ETA avisando de la colocación de dos kilos de goma-2.

Todo quedo en la amenaza y los empleados que se amontonaban en torno a los transistores retornaban a sus puestos. El grupo de ejecutivos que en ese momento se encontraba reunido con representantes del patrimonio desalojaron igualmente las instalaciones pero su actitud continuó igual respondiendo con el silencio a cuantas preguntas les eran formuladas.

Tan sólo Juan Peíró, director comercial del Banco Atlántico, declaró que la situación de su banco era espléndida y que estaban esperando las disposiciones que tome el Gobierno: «Nos encontramos sumidos en una gran preocupación por lo que puedan estar sufriendo nuestros depositantes, accionistas y empleados.»

De todas formas, no faltaran las tensiones a lo largo de la mañana de ayer en las inmediaciones del cuartel general de Rumasa, que en algunos casos alcanzó brotes de violencia, que las Fuerzas de Seguridad impidieron en todo momento.

Papeles

Según denunciaron a Diario 16 algunos trabajadores del Banco del Norte el director de la sucursal principal de esta entidad bancaria, Juan José Fernández Mínguez, podría haber estado durante toda la noche haciendo desaparecer documentos y papeles importantes y comprometidos.

Según esta denuncia el comité de empresa lo comunicó al mediodía de ayer al Banco de España tras la celebración de una asamblea en la que apoyaron la decisión del Gobierno y criticaron duramente el silencio de su presidente, José María Ruiz Mateos. : Mientras a última hora de la mañana de ayer los directivos del grupo de la abeja seguían reunidos en las oficinas, las personas concentradas ante la sede central mantenían enfrentamientos por la diferencia de pareceres sobre su futuro.

Los trabajadores, que rea/izaron una asamblea, guardaron silencio, a la salida, al igual que los directivos, a pesar de que ya había terminado la intervención del ministro de Hacienda y Economía. Por otro lado los empleados de la central de Rumasa no podían acceder ya a las instalaciones hasta nuevas instrucciones del Gobierno.

 

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