Santiago y ¡hola! España     
 
 Diario 16.    11/12/1976.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 40. 

Santiago y ¡hola! España

MADRID, 11 (D16). — El comunista más importante y querido-odiado del país, Santiago Carrillo, dijo simplemente "hola" cuando, después de cuarenta años, se enfrentó en un piso de Madrid a casi un centenar de personas, casi todas periodistas, en su primera aparición pública en España, desde la guerra civil.

El piso, muy cerca de varios edificios oficiales, estaba sin muebles, y a pesar de ser al mediodía, con las

ventanas cerradas.

Con traje gris, camisa a rayas, corbata bien anudada, cabello perfectamente alisado —un peine asomaba en el bolsillo superior de su chaqueta— y gemelos relucientes, el secretario general del Partido Comunista de España (PCE) se colocaba de pie frente a la Prensa para demostrar que vive en el interior "desde el 7 de febrero".

Carrillo se presentó en el piso situado en una zona clásica del Madrid antiguo, entre el Palacio de las Cortes y el edificio de Sindicatos, después de que todos los invitados estuvieran presentes.

Para llegar al piso, los periodistas habían sido citados en muy distintas cafeterías. Tras ser identificados por militantes del Partido eran introducidos en coches y paseados por Madrid para asegurarse que nadie les seguía. En la tranquila calle en donde iba a celebrarse el encuentro entre el mítico Carrillo y los periodistas, miembros del PCE vigilaban atentamente. Apenas se notaba nada.

A las diez de la mañana, los primeros periodistas llegaban al lugar de la cita. Carrillo apareció a las doce y conversó, algunas veces duro, muchas en tono Irónico, con los presentes, durante dos horas. Hasta que Carrillo no salió del piso, nadie pudo hacerlo. Medidas de seguridad.

Con su staff

Rodeado de los secretarios generales de los Partidos Comunistas del País Vasco (Ormazábal), catalán (López Raimundo) y gallego (Santiago Alvarez) y de varios miembros del Comité Ejecutivo (Pilar Bravo, Manuel Azcárate, Jaime Ballesteros, Víctor Diez Cardiel y Ramón Tamames), Carrillo hizo su entrada en la relativamente pequeña habitación, recién pintada de blanco, a las doce del mediodía.

Tras el saludo, Carrillo leyó una declaración de tres folios, en la que se anunciaba que el PCE lamenta el veto impuesto hasta ahora para que los países del Este y Méjico puedan establecer relaciones diplomáticas con España, en aras de la convivencia y reconciliación en la vida nacional.

La declaración Inicial, transmitida íntegramente por algunas agencias de Prensa nacionales, comenzaba refiriéndose al referéndum, y reiterando las tesis del PCE en favor de la abstención.

"Si aceptamos el "trágala" de la parodia referendataria, ¿quién garantiza a los españoles que las elecciones no van a ser otro trámite, otra parodia?", diría.

El secretario del PCE regazó de manera terminante que su partido acepte presentarse a las elecciones bajo ningún camuflaje.

"Nos presentaremos solos, con nuestra bandera", dijo, aunque no descartó completamente la posibilidad de Ir a una alianza electoral.

No quiso "marcarse faroles" hablando de porcentajes electorales, pero afirmó que, en la primera quincena de enero, los comunistas habrán hecho públicas sus candidaturas, tanto al Congreso como al Senado, y designado los quince mil interventores del partido en las mesas electorales.

"Con ello, si se comete la insensatez de colocarnos en la situación de una oposición extraparlamentaria, papel en el que actuaríamos con todas las consecuencias, el pueblo, los trabajadores, las fuerzas de la cultura, los empresarios y la opinión pública internacional constatarán que la responsabilidad no recae sobre el PCE."

El papel del Ejército

Carrillo, moderador casi siempre, adoptó un tono algo más duro en pocas ocasiones. Rechazó que el PCE esté afiliado a ninguna Internacional, así como la afirmación de que es el Ejército quien se opone a la legalización de los comunistas. "Es demasiado cómodo cargar sobre las amplias espaldas de las Fuerzas Armadas una responsabilidad que corresponde exclusivamente a los dirigentes políticos y a las instituciones", puntualizo.

Calmosamente, Carrillo fue respondiendo a las preguntas que se le plantearon sobre casi todos los temas de política nacional e internacional. Tan sólo se pudo registrar un error en sus exposiciones, cuando confundió el periódico belga "Le Soir" con un diario francés. Se permitió algunas Ironías, como cuando dijo que el porcentaje de abstenciones será "el que el Gobierno quiera", añadiendo que las computadoras registrarán los datos que el señor Martin Villa, ministro de la Gobernación, quiera facilitarles.

Pacto constitucional

Aprobó el compromiso constitucional sugerido por Felipe González en el reciente Congreso del PSOE. Pero rechazó el pacto social, espalando que si se excluye a los trabajadores del Juego político, las consecuencias serán "muy, muy graves".

Rechazó una política de alineamiento internacional para España: el PCE aceptaría la voluntad de la mayoría, pero votaría en contra, tanto del ingreso en la OTAN como de un hipotético ingreso en el Pacto de Varsovia.

"Si hay un Gobierno que acepta las presiones de no importa qué país en una cuestión de política interna tan importante como la legalización del PCE, ese Gobierno es indigno de llamarse Gobierno de España",

dijo, preguntando sobre las injerencias norteamericanas tratando de impedir que el PCE sea legalizado.

Añadió que, en cualquier caso, la nueva Administración U.S.A. parece más abierta hacia eventuales Gobiernos eurocomunistas que la Administración Ford, donde estaba "Enrique Kissinger".

Carrillo, diputado

En la única intervención de otro miembro del PCE, Santiago Alvarez bromeó señalando que "Santiago Carrillo se presentará a diputado por varias circunscripciones, para asegurar que salga elegido".

Pero Carrillo reconoció más tarde que el PCE no podría alcanzar la mayoría en las elecciones ni aun cuando las elecciones fuesen totalmente libres.

SI la mayoría del pueblo se pronunciase por una Monarquía constitucional, el PCE la aceptaría. Incluso estaría dispuesto a participar "en un Gobierno de coalición bajo la Jefatura del Rey, que garantizara la legalidad de las elecciones.

Reiteró en varias ocasiones que no tenia ningun interés en que le detengan. -´Pueden matarme —respondió a un periodista—, como pueden matarle a usted en una manifestación. El Gobierno podría protegerme perfectamente. Si no me protege, le pido que me autorice a defenderme. En ese caso es posible que alguno de los que vengan a matarme caiga antes que yo."

Carrillo dijo después estar escribiendo un libro sobre el Estado y los problemas de la vía eurocomunista al Poder. Hablando ante una ventana con la persiana cerrada, con la luz de dos bombillas y los focos de los proyectores, rodeado de los dirigentes del PCE, Carrillo rechazó que su partido vaya a ser "el convidado de piedra" en la comisión negociadora de la oposición con el Gobierno. "Si, de una forma u otra, no participamos directamente en la negociación con el Gobierno, abandonaremos la comisión", dijo.

A una pregunta sobre política económica, aseguró que "el Juego de la economía de mercado va a subsistir durante mucho tiempo".

No hay oro de Moscú

"No dependemos en absoluto de Moscú", respondió a otra pregunta. Su primera aparición pública, en la legalidad, la quiere hacer en su tierra natal, Gijón. Mientras, evitará en lo posible, los mítines y su presencia ante multitudes. -He venido a trabajar por el partido", dijo.

También indicó que, durante los meses que lleva viviendo en España, ha tenido algunos encuentros "graciosos", que no quiso especificar.

Tengo experiencia

"Soy uno de los políticos con más experiencia en este país —dijo—, sin falsas modestias." Negó que existan disenciones en el PCE y que, por tanto, nadie haya pensado en sustituirle.

Con la afirmación de que "el franquismo entró en barrena antes de morir Franco", para subrayar que, en el fondo, los nostálgicos del franquismo tuvieron suerte" de que Franco muriera antes de la descomposición total de su régimen, terminó la conferencia de Prensa. Carrillo se despidió en privado de algunos de sus amigos con un leve "hasta pronto"

 

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